Las previsiones muestran que el mundo no está en vías de lograr el objetivo del hambre cero para 2030 y, pese a que se han realizado ciertos progresos, tampoco lleva camino de lograr las metas mundiales sobre nutrición. Es probable que la seguridad alimentaria y el estado nutricional de los grupos de población más vulnerables se deterioren aún más debido a las repercusiones socioeconómicas y sanitarias de la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), según el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2020.

En la última edición de El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, que se publicó a mediados de 2020, se estima que casi 690 millones de personas pasaban hambre en 2019 (un aumento de 10 millones de personas desde 2018 y de casi 60 millones en cinco años). Los altos costos y la escasa asequibilidad impiden también a miles de millones de personas lograr una alimentación saludable o nutritiva. La cantidad de personas que sufren hambre es mayor en Asia, pero está creciendo con más rapidez en África. Según las previsiones del informe, la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) podría provocar, a finales de 2020, un aumento de 130 millones en el número de personas afectadas por el hambre crónica en todo el mundo.

La pandemia de la COVID-19 intensifica las causas de vulnerabilidad y las deficiencias de los sistemas alimentarios mundiales, entendidos como todas las actividades y procesos que afectan a la producción, la distribución y el consumo de alimentos.

Cambios en los mercados mundiales de alimentos

A mediados de la década de los 2000 pudimos observar la rapidez con que puede cambiar el mercado mundial de alimentos. Previamente, las dos décadas anteriores al año 2000 fueron testigos de una serie de fenómenos paralelos: el aumento paulatino de la demanda mundial de alimentos, el crecimiento de la población global, unas cosechas récord, mejoras en los salarios y la diversificación de las dietas. Gracias a ello, los precios de los alimentos fueron bajando. Sin embargo, a partir de 2004 el aumento de la producción no pudo mantenerse al mismo nivel en el que crecía la demanda, por lo que los precios de la mayoría de los cereales comenzaron a subir. Al año siguiente, cuando las reservas de alimentos ya se encontraban seriamente diezmadas, las pésimas cosechas de 2005 empeoraron más cabe la situación. Al año siguiente la producción mundial de cereales se redujo en un 2,1% y en 2007, la rápida subida de los precios del petróleo provocó el aumento del precio de los fertilizantes y de otros gastos de producción de alimentos.

En vista de que los precios de los alimentos aumentaban hasta niveles sin precedentes, muchos países buscaron fórmulas para protegerse de una potencial escasez de alimentos o de una subida repentina de sus precios. Como resultado, varios países impusieron restricciones a la exportación, mientras que algunos de los principales estados importadores comenzaron a comprar cereales a cualquier precio con tal de mantener sus existencias. However, Y por si todo esto fuera poco, la crisis económica mundial de 2008 y 2009 minó la seguridad alimentaria de muchos países.

Las dietas saludables ayudarían

En el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2020 se argumenta que, cuando se tienen en cuenta consideraciones relativas a la sostenibilidad, el paso a dietas saludables en todo el mundo ayudaría a controlar el aumento del hambre, al tiempo que propiciaría enormes ahorros. Se calcula que este giro permitiría compensar casi por completo los costos sanitarios asociados a una alimentación poco saludable, que se estima que alcanzarán 1,3 billones de USD al año en 2030; mientras que el costo social de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con el sector de la alimentación, estimado en 1,7 billones de USD, podría reducirse hasta en tres cuartas partes.

En el informe se recomienda llevar a cabo una transformación de los sistemas alimentarios con miras a reducir el costo de los alimentos nutritivos y aumentar la asequibilidad de las dietas saludables. Si bien las soluciones específicas variarán de un país a otro, e incluso dentro de ellos, las respuestas generales consisten en intervenciones a lo largo de toda la cadena de suministro de alimentos, en el entorno alimentario y en la economía política que conforma las políticas comerciales, de gasto público y de inversión. En el estudio se exhorta a los gobiernos a incorporar la nutrición en sus enfoques de la agricultura; esforzarse por reducir los factores que aumentan los costos en la producción, el almacenamiento, el transporte, la distribución y la comercialización de alimentos, por ejemplo mediante la reducción de las ineficiencias y de la pérdida y el desperdicio de alimentos; prestar apoyo a los pequeños productores locales para que cultiven y vendan alimentos más nutritivos y garantizar su acceso a los mercados; dar prioridad a la nutrición de los niños como la categoría con mayores necesidades; fomentar un cambio de comportamiento a través de la educación y la comunicación; e integrar la nutrición en los sistemas de protección social y las estrategias de inversión a escala nacional.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio y los alimentos

En el año 2000, los líderes mundiales se reunieron en las Naciones Unidas para configurar un amplio plan de lucha contra la pobreza. De este encuentro nacieron ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que se mantuvieron hasta 2015 como el marco principal de desarrollo para el mundo. El gran apoyo internacional que se dio a los ODM generó el movimiento de lucha contra la pobreza más exitoso de la historia. Por ejemplo, el Objetivo 1 - que tenía como meta reducir a la mitad el porcentaje de personas que viven en condiciones de extrema pobreza- se alcanzó en 2010, años antes de la fecha límite de 2015. Pero esto solo es la mitad del trabajo, pues aún quedan muchos millones de personas en el mundo que pasan hambre cada día. Para afrontar este nuevo reto la comunidad internacional, liderada por la ONU, se comprometió a definir y alcanzar una nuevo paquete de metas en 2030: los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La alimentación y los Objetivos de Desarrollo Sostenible

La alimentación se encuentra también en el corazón de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la agenda de desarrollo de la ONU para el siglo XXI. La finalidad del ODS 2 es "Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible". Lograr este objetivo en 2030 requerirá un cambio profundo del sistema alimentario y agrícola mundial. Estos son algunos de los componentes de esta meta:

  • poner fin al hambre y asegurar el acceso de todas las personas a una alimentación sana y nutritiva;
  • poner fin a las formas de malnutrición;
  • duplicar la productividad agrícola y los ingresos de los productores de alimentos en pequeña escala;
  • asegurar la sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos;
  • aumentar las inversiones en la investigación agrícola;
  • corregir y prevenir las restricciones y distorsiones comerciales en los mercados agropecuarios mundiales;
  • adoptar medidas para asegurar el buen funcionamiento de los mercados de productos básicos alimentarios.

El hambre y la nutrición en números

Reto del Hambre Cero

El Secretario General de las Naciones Unidas lanzó el Reto del Hambre Cero durante la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20) en 2012. El Reto del Hambre Cero se puso en marcha para inspirar un movimiento global que lograra un mundo sin hambre en una generación. Esta iniciativa busca:

  • poner fin al retraso en el crecimiento en niños y niñas menores de dos años;
  • lograr que el 100% de las personas tenga acceso a una alimentación adecuada, durante todo el año;
  • conseguir que todos los sistemas alimentarios sean sostenibles;
  • aumentar un 100% la productividad y el ingreso de los pequeños agricultores;
  • acabar con las pérdidas después de la cosecha y el despilfarro de alimentos.

Agencias de las Naciones Unidas que trabajan por la seguridad alimentaria

Programa Mundial de Alimentos (PMA)

El Programa Mundial de Alimentos (PMA), tiene como objetivo brindar asistencia alimentaria a más de 80 millones de personas en 80 países y responder a emergencias alimentarias. Además, el PMA también ayuda a prevenir el hambre en el futuro. Lo consigue mediante programas que emplean la comida para crear activos, difundir conocimientos y fomentar comunidades más fuertes y dinámicas, lo que las ayuda a conseguir una mayor seguridad alimentaria.

Banco Mundial

La inversión en agricultura y en desarrollo rural para potenciar la producción de alimentos y la nutrición es una prioridad para el Grupo Banco Mundial. El Grupo trabaja con asociados para mejorar la seguridad alimentaria y construir un sistema alimentario que cubra las necesidades de todos, en todo el mundo, todos los días. Algunas de sus actividades son:

  • el impulso de técnicas agrícolas "climáticamente inteligentes" y la restauración de tierras de cultivo degradadas;
  • el cultivo de cosechas más resistentes y nutritivas;
  • y la mejora del almacenamiento y de las cadenas de abastecimiento para reducir la pérdida de alimentos.

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)

La finalidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). es alcanzar seguridad alimentaria para todos y asegurar que todas las personas puedan acceder regularmente a una cantidad suficiente de alimentos de calidad que les permita llevar una vida activa y saludable. Los tres objetivos principales de esta organización son:

  • erradicar el hambre, la inseguridad alimentaria y de la malnutrición;
  • la eliminación de la pobreza y el avance hacia el progreso económico y social para todos;
  • y la gestión del uso sostenible de los recursos naturales, como la tierra, el agua, el aire, el clima y los recursos genéticos, en beneficio de las generaciones de hoy y de mañana.

La FAO también publica el índice de precios de los alimentos, que es una medida de la variación mensual de los precios internacionales de una canasta de productos alimenticios.

Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA)

Por su parte, el FIDA se centra en la reducción de la pobreza en áreas rurales. Para ello trabaja con poblaciones rurales en países en desarrollo para eliminar la pobreza, el hambre y la malnutrición; aumentar su productividad y sus ingresos; y mejorar la calidad de sus vidas. Todos los programas financiados por el FIDA abordan de alguna manera la seguridad alimentaria y nutricional. El FIDA ha apoyado a cerca de 483 millones de personas en las cuatro últimas décadas.

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