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Mohamed trabaja para sobrevivir él y su familia

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Narración

Este es Mohammad Faisal Hossain de doce años. Vive en una barriada urbana en la capital de Bangladesh, Dhaka. Su madre, la hermana menor y el hermano dependen de él para obtener ingresos. Su padre les abandonó hace años.

En vez de ir a la escuela, su jornada se divide en 2 puestos de trabajo: por la mañana, reparte los periódicos en las calles y vende mermelada en las estaciones de tren y paradas de autobús local de Dhaka. Por la tarde, trabaja como ayudante en una pequeña empresa de transporte público, anunciando destinos y controlando los billetes a los pasajeros. Al final del día apenas ha ganado el equivalente a un dólar americano.

«Realmente odio este trabajo. No hay nada que disfrute de este trabajo - que es bastante peligroso. Podría morir algún día, mientras hago esto - no hay seguridad. También me dan ganas de ir a la escuela - Yo también quiero ir a la escuela como los demás niños. Pero, mi madre no puede asumir mis gastos de educación.»

Como muchos miles de niños desfavorecidos en Bangladesh, los privilegios y las alegrías de una infancia normal parecen inalcanzables. Aunque el país, cuya población urbana es de 41,7 millones de personas, ha realizado mejoras significativas en el acceso a la educación primaria, los niños que viven en barrios marginales urbanos son los más desfavorecidos.

Además, estos barrios pobres urbanos han crecido mucho más rápido que el índice general de la urbanización. Casi siempre, carecen incluso de los servicios más básicos como agua corriente, alcantarillado, letrinas y electricidad y el acceso a los servicios sociales básicos como ambulatorios y escuelas sigue siendo limitado.

Rokhsana, la madre de Mohamed, lo sabe muy bien

«Yo solía trabajar como sirvienta - al enfermar dejé mi trabajo. Con muchas dificultades me las arreglé para enviar a mi hijo a la escuela hasta el quinto grado. Ahora, simplemente no puedo permitirme el continuar con sus estudios. Su padre nos dejó hace unos años. No tengo más remedio que mandarlo a trabajar.»

Pero gracias a un nuevo programa de UNICEF, iniciativa que se ejecuta junto al gobierno de Bangladesh y cuyo objetivo son los pobres urbanos, la vida de Mohamed está a punto de cambiar. Ha sido seleccionado para recibir «dinero en efectivo» a través de los fondos de la iniciativa y ahora puede empezar a soñar con un futuro más brillante.

6 de junio de 2012

Mohamed tiene 12 años y tiene dos trabajos con los que apenas logra conseguir un dólar diario. Vive en uno de los barrios marginales de Dacca donde el acceso a la educación y los servicios básicos de salud es un privilegio. Su padre les abandonó hace años y su madre ahora necesita su salario para que puedan subsistir. Esta es la realidad de miles de niños en las zonas urbanas de los países en desarrollo. No estudian y tampoco pueden mejorar sus condiciones de vida. El Estado Mundial de la Infancia 2012 abordó la situación de los niños en las zonas urbanas. (Vídeo cedido por UNICEF)

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