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Un pequeño gesto que devuelve la esperanza a palestinos e israelíes

Narración

Son las siete y media de un domingo por la mañana y están vistiendo a Mohay, de cuatro años, para el viaje más importante de su corta vida.

«Os presento a Mohayi»

Es un activo y encantador niño mimado por sus padres Abu Arab e Im arab Kawazbe.

«Mohayi, Mohayi!»

Pero el pequeño Mohayi tiene dos retos graves que afrontar. El primero un defecto cardiaco que limita el oxígeno en su sangre.

El segundo que su familia vive en la ocupada Cisjordania en Palestina, donde la pobreza y décadas de conflicto con Israel han impactado todas las facetas de la vida, incluida la salud. Los hospitales, por ejemplo, no cuentan con equipos ni especialistas para tratarle.

Este domingo, la familia Kawazbe va a participar en un raro ejemplo de cooperación palestino-israelí. Su pediatra les puso en contacto con un programa israelí que opera del corazón a niños palestinos.

«Mohayi, Tel Aviv, Tel Aviv!»

El programa, llamado Salvemos el corazón de un niño, está situado justo a las afueras de Tel Aviv en el hospital de Wolfson. El grupo ayudó para que la familia recibiera permiso para entrar en Israel. Pese a ello, Abu Arab tiene que salir del auto en un puesto de seguridad a la puerta del hospital.

Tras unos diez minutos, la familia puede continuar. Abu Arabs saluda al recepcionista en hebreo.

«Gracias.»

«Creemos que debemos hacer todo lo que podamos para ayudar a la gente necesitada, especialmente a los niños.»

El israelí Lior Sasson es el cirujano jefe de Salvemos el corazón de un niño.

«No hay palabras ni dinero que puedan describir la satisfacción de marcar la diferencia. A veces, una diferencia entre naciones y pueblos.»

En un día de ansiedad como este, la familia Kawazbe es optimista por el hecho de que su hijo esté en manos de un doctor israelí.

«Sabía que son humanos y que tiene el conocimiento.»

«Y además tienen la tecnología.»

Con acento árabe, el doctor Sagi Assa hace todo lo que puede por explicar la condición de Mohayi, dibujando un boceto para ello.

«Esto es un corazón normal. Esta la parte derecha y la izquierda.»

Como la mayoría del personal de Salvemos el corazón de un niño, el Dr. Assa es israelí, pero el grupo ha empezado a emplear también médicos, enfermeras y personal de apoyo palestino.

La semana de la visita de Mohayi hay otros dos niños palestinos en la unidad coronaria, ambos de Gaza. Para estas familias, la enfermedad de sus hijos añade un nuevo un miedo a un año ya de por sí desgarrador. Según estadísticas de la ONU, 2200 palestinos fueron muertos durante la Guerra de 2014, de los cuales más de 500 eran niños, y alrededor de medio millón perdieron sus casas. Más de 70 israelíes murieron.

Richard Wright es director de la agencia de la ONU encargada de ayudar a los refugiados palestinos, ofreciéndoles entre otros servicios, cuidados de salud.

«Es una situación muy desafiante en la que hacemos todo lo posible para suministrar la mejor ayuda sanitaria.»

Los padres de Mohayi esperan con ansiedad en la planta superior a la sala de operaciones.

Cuando se acaba la operación, el equipo médico lleva el paciente a la planta baja. Abu Arab, ansiosa por ver a su hijo, corre tras la camilla.

El cardiólogo comparte los resultados de los análisis matutinos: la operación es un éxito. El corazón de Mohayi es fuerte. El salpica las buenas noticias con la frase árabe, Ojalá. Si Dios quiere.

Quizá sea un pequeño gesto, pero es uno que nos recuerda que no sólo el corazón enfermo de los niños israelíes es reparado en el hospital de Wolfson.

Este reportaje es una producción de Julie Cohen para las Naciones Unidas.

30 de julio de 2015

En un hospital de Israel, una organización no gubernamental, opera el corazón de los niños palestinos nacidos con malformaciones congénitas. Quizá se trata de un pequeño gesto de humanidad, pero es uno que devuelve la esperanza a ambos pueblos para vivir un día en paz.

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