Como Representante Especial del Secretario General de la ONU para el programa Energía Sostenible para Todos, Damilola Ogunbiyi defiende apasionadamente la eliminación de la pobreza energética. Con experiencia previa en la dirección de la Agencia de Electrificación Rural de Nigeria, sabe de primera mano que mientras la gente no disponga de energía adecuada y limpia, el mundo no hará realidad las ambiciones climáticas o de desarrollo sostenible, y se perderán vidas y medios de subsistencia. El progreso exige un compromiso colectivo, así como planes, herramientas y financiación claros, y el próximo diálogo de alto nivel sobre la energía ofrece la oportunidad de movilizar la acción necesaria.

 

¿Qué es la pobreza energética?

La pobreza energética es no tener suficiente energía para mejorar en tu vida. O no tener energía en absoluto. Casi 800 millones de personas en todo el mundo no tienen electricidad, y unos 2600 millones, un tercio de la población mundial, no tienen acceso a combustibles limpios para cocinar. En tiempos de COVID-19, estas personas simplemente no pueden quedarse en casa. No tienen medios para sobrevivir sin la energía suficiente para vivir cómodamente en sus hogares y prosperar en sus negocios.

Tenemos que sacar a todo el mundo de la pobreza energética, en línea con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 7 sobre el acceso a una energía asequible, limpia y sostenible. La pandemia provocada por el COVID-19 ha hecho que 150 millones de personas vuelvan a estar en una situación de pobreza extrema, en la cual es más probable que no tengan energía. O quizás puede que tuviesen una cantidad mínima y que ahora no tengan ninguna. En África, tan solo entre el 24 y el 25 % de los centros de atención primaria tienen electricidad, lo que supone un gran problema para la distribución de vacunas.

En septiembre, la Asamblea General celebrará un Diálogo de Alto Nivel sobre Energía por primera vez en 40 años. El objetivo de este diálogo es explicar lo importante que es la energía para el clima y el desarrollo sostenible. Buscamos innovaciones y nuevas ideas, ya que no estamos en el buen camino para lograr sacar a la gente de la pobreza energética.

¿Cuál es la relación con la acción climática?

Si no alcanzamos el ODS 7 para 2030, no podremos conseguir que las emisiones de gases de efecto invernadero sean nulas para 2050. Será científica y matemáticamente imposible. Tal y como va la trayectoria ahora, en 2030 habrá 650 millones de personas que seguirán sin electricidad. Cuando pensamos en las conversaciones sobre el clima que tendrán lugar en Glasgow a finales de año y en las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN) en el marco del Acuerdo de París, la energía tiene que ser un elemento central.

África tiene mil millones de habitantes. Si se excluye a Sudáfrica, los habitantes del África subsahariana son responsables de alrededor del 0,55 % de las emisiones mundiales. Su transición energética y su crecimiento económico deben producirse con bajas emisiones de carbono, pero también tenemos que establecer exactamente cuáles son los planes de transición energética. No tienen energía suficiente como para poder empezar. Mil millones de personas en África se reparten una capacidad de producción de energía de 81 gigavatios, que es lo que produce Alemania cada día.

Debe de realizarse un esfuerzo global para comprender las necesidades de los países muy pobres y vulnerables y cómo abordarlas. Porque lo que no queremos es tener que volver a realizar en 10 o 20 la transición de sus sistemas energéticos. Esto ya se lleva décadas realizando en el hemisferio norte. En cambio, debemos empezar prácticamente desde cero en muchos países en desarrollo. Sabemos que la energía limpia es el mejor recurso para el producto interior bruto (PIB). Sabemos que crea más puestos de trabajo que los combustibles fósiles tradicionales. Los países en desarrollo, con las herramientas adecuadas, pueden convertirse en ejemplos de lo que se puede hacer con un objetivo realmente claro del cambio climático vinculado a la energía, en lugar de lo que ocurre ahora, momento en el cual muchos de estos países son esencialmente víctimas del cambio climático.

Dado que ha trabajado en la electrificación rural en Nigeria, ¿cuáles considera que son algunas de las prioridades para poder llevar la energía a las zonas rurales?

Es totalmente inaceptable que 1,6 millones de personas en el mundo mueran cada año a causa de los humos procedentes de la quema de combustibles como el carbón vegetal utilizado para cocinar los alimentos. Para sobrevivir, necesitan cocinas limpias y electricidad o soluciones energéticas más limpias. Esto tiene que ser una prioridad porque la falta de energía limpia no solo perjudica al medio ambiente, sino que también mata a mujeres y niños. Mucha gente piensa que el mayor contaminante del mundo en desarrollo es la industria. Pero en realidad no lo es. Se trata del uso de la tierra, la tala de árboles y la quema de carbón vegetal.

Es fundamental conocer las comunidades y comprender cuánta energía necesitan para prosperar. Para muchas mujeres de las zonas rurales de Nigeria, sus hogares son también sus negocios. Por lo tanto no basta con darles una linterna solar. Debemos comprender lo que hacen. ¿Necesitan instalaciones de secado para sus ñames o sus mandiocas? En África, si se le da a una mujer energía limpia sostenible, es probable que gane un 59 % más de lo que ganaba antes, una diferencia enorme. Lo que queremos es que se conviertan en autosuficientes, con una energía adecuada y sostenible, para que no haya este ciclo continuo de ayuda y ayuda y ayuda, porque las ayudas sin medios no funcionan.

¿De dónde provendrá la financiación de las energías limpias?

Todos los países tienen que unirse para solucionar este problema. En cuanto a la inversión en sistemas energéticos en los países en desarrollo, necesitamos unos 40 000 millones de dólares al año de aquí a 2030, pero África apenas recibe 4000 millones y Asia unos 10 000 millones. Eso demuestra la magnitud del problema.

Si destinamos dinero al desarrollo sostenible y a la recuperación tras el COVID-19, ¿dónde queda el elemento energético? Es la forma más rápida de conseguir un mayor crecimiento económico. Las personas pueden decir que no les importa el clima. Pero la economía de la energía funciona, y ese es el lenguaje que utilizamos cuando hablamos con los gobiernos, dado que a menudo se preocupan por los puestos de trabajo y el PIB antes de poder tener una conversación sobre el clima. No importa cómo lo digamos, siempre que lo hagamos en beneficio de las personas y el planeta.

¿Qué espera del Diálogo de Alto Nivel sobre la Energía?

Es poner la energía en una plataforma diferente a la de antes. Lo que queremos lograr son Pactos Energéticos. A diferencia de muchos pactos y declaraciones del pasado, estos se centran exclusivamente en la energía, alineados con las emisiones cero netas, el Acuerdo de París y las NDC nacionales. Llevan las NDC a otro nivel. Si un país dice que va a disminuir la utilización del carbón, esa declaración quedará reflejada en el NDC. Lo que pedimos de los Pactos es que detallen exactamente cómo lo van a hacer y controlar, cada año.

Esto es para todos los países, y también se trata de países que quieren apoyar a otros países. El Reino Unido podría decidir establecer un pacto para suministrar energía a 10 millones de personas en Asia. ¿Cómo tienen pensado hacerlo? Es una forma de mostrar que se están tomando acciones tangibles. Puede tratarse de suministrar energía a más personas o de la eficiencia energética o de abandonar la utilización del carbón. Hay muchas formas de avanzar. Pero tiene que ser un esfuerzo global, porque todavía no estamos en buen camino, cuando apenas faltan 10 años para alcanzar los ODS. Necesitamos acuerdos firmes que obliguen a los gobiernos a rendir cuentas. El sector privado también puede firmar los Pactos, al igual que la sociedad civil y las grandes iniciativas. Se trata de aumentar la ambición y mostrar a la gente que, colectivamente, es una gran oportunidad.

¿Qué papel desempeña el sector privado?

Los gobiernos no deberían tener que hacerlo todo. El sector privado debe ejecutar proyectos, bien sea de energías renovables a gran escala para llegar a la red o bien de soluciones energéticas descentralizadas. En lo que deberían centrarse los gobiernos es en crear un entorno en el cual pueda florecer el sector privado. Eso significa contar con las políticas, la normativa y las subvenciones necesarias, y ser capaces de atraer al sector privado adecuado. Eso depende, en parte, de que se dispongan de datos suficientes en cada país. Puede parecer muy básico, pero algunos países no pueden decir exactamente dónde se encuentra su población sin acceso a la electricidad. Este tipo de información granular es fundamental para ver cuál es la forma más rentable de proporcionar energía limpia a su comunidad o país.

En África, ha sido fantástico ver cómo hemos pasado de cinco desarrolladores de energía en el continente a 100, y que la mayoría de ellos son africanos. Hay que impulsar el desarrollo de la capacidad local y la capacidad de préstamo cuando sea necesario. Pero, sobre todo, hay que crear un mercado. El sector privado no participará si no hay mercado. Y no les podemos culpar.

¿Cuál es la función de las subvenciones energéticas?

Depende del país. En un país como el mío, Nigeria, las subvenciones deberían centrarse en la energía descentralizada. Si conectas a un cliente mediante una solución solar híbrida o una solución solar independiente, recibes una subvención, pero solo después de haber realizado la conexión. En el caso de las grandes economías que intentan canalizar una tecnología como el hidrógeno ecológico, podrían ofrecerse subvenciones basadas en la tecnología. Por lo tanto, tiene que haber un lugar para las subvenciones, pero la forma de utilizarlas depende de la geografía, las políticas de un país, etc. Si cancelásemos las subvenciones energéticas, mil millones de personas sufrirían por esa decisión. Lo importante es cómo utilizar estas subvenciones y asegurarse de que tengan una conexión con el Acuerdo de París y una fecha de finalización.

¿Cómo definiría una transición justa?

Una transición justa es un periodo en el que se pasa de un combustible sucio a otro limpio, dejando claro que una transición justa para África puede ser completamente diferente a la de los países ricos. En África, no hay suficiente energía y se está descarbonizando el 0,55 % (de las emisiones). En realidad, ¿qué se está descarbonizando? ¿Qué significa eso en un país subsahariano promedio? En la ciudad de Lagos, pongamos que tengo una tía que toma un autobús altamente contaminante para ir al trabajo todos los días, recorriendo un trayecto que dura tres horas. Ha estado ahorrando todo lo posible para comprar un pequeño coche que funciona con gasolina, sin embargo, ahora les decimos a los países africanos que no compren coches de gasolina. Les decimos que deben adquirir modelos Tesla, aunque no sabemos cómo van a financiarlos.

El problema en esta situación es el siguiente: ¿cuál es la oferta de energía limpia? Esta es la cuestión que tenemos que abordar para que la transición energética justa pueda avanzar más rápidamente y la gente nos apoye. Ahora mismo, personas de muchos lugares no pueden ver más allá del petróleo y el gas. No se trata solamente del sector de la energía, sino del transporte y de cómo ganan su dinero. Para muchos países, son los ingresos procedentes de los combustibles fósiles los que les mantienen a flote. ¿Cuáles son las alternativas? ¿Cómo pueden alcanzar sus objetivos de crecimiento económico? ¿Cómo pueden asegurarse de que sus habitantes estén sanos con los sistemas de energía adecuados?

Para mí, una transición justa es sentarse con los gobiernos y comprender sus problemas, ayudarles a planificar cómo llegar a una trayectoria de cero emisiones netas, y articular, con datos, con matemáticas, con ciencia, cuál debería ser la última fecha posible que tienen para dejar de usar todos los combustibles de su arsenal. ¿Cuándo pueden pasarse a las energías renovables y qué tipo de sistemas de apoyo tienen?

¿Y qué sucede con el empleo?

Las energías renovables ofrecen 3,5 veces más puestos de trabajo que su equivalente en combustibles fósiles. Sin embargo, hay que crear sistemas y proyectos para desarrollar estos trabajos. Hay que asegurarse de que, si se le dice a la gente de una comunidad dependiente del carbón que todo el país se está pasando a las renovables, se les puede proporcionar formación lo antes posible. Lo que no se puede hacer es despedir a uno o dos millones de personas. Hay que pensar en la legislación laboral y cambiar todo tipo de cuestiones en una conversación sobre la transición justa.

Se ha criticado mucho a los planes de recuperación creados durante la pandemia del COVID-19 por no ser lo suficientemente firmes en cuanto al abandono de los combustibles fósiles. ¿Fue una oportunidad perdida?

Debemos diseccionar un poco la palabra "combustibles fósiles". Estar realizando una transición del carbón al gas y a las energías renovables es diferente a decir que todos los combustibles fósiles son malos. Se podría haber dedicado mucho más presupuesto a la pobreza energética, algo que realmente espero que suceda. Las energías renovables son el camino más limpio, pero no creo que nadie deba dictar los próximos pasos. No se puede poner todo el dinero en manos del mundo desarrollado y esperar que el mundo en desarrollo dé un salto adelante, de alguna manera. No tiene ningún sentido.

Hay algunos indicios de que las mujeres están prosperando más en las industrias de energías renovables que en las tradicionales.

Mi opinión es en cierto modo subjetiva porque formé a 600 mujeres jóvenes que están haciendo cosas increíbles en el ámbito de las energías renovables en este momento. Lo bueno de las energías renovables es que hay muchas cosas que se pueden hacer. Hay personal técnico y de planificación solar, ingenieros, puestos de recaudador de pagos y de integración informática. No es como antes, como es mi caso, en el que solamente teníamos una formación puramente de ingeniería en sistemas de energía. En el ámbito de las energías renovables se estudia una asignatura denominada STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) que realmente permite prosperar. También hay políticas que aplicar. Cuando estuve en Nigeria, si el equilibrio de género en una empresa energética no era de al menos un 40 % de mujeres, la empresa no podía acceder a subvenciones.

Tenemos que formar a las mujeres jóvenes para que puedan optar a empleo. No va a suceder solamente con las mujeres, el mundo no funciona así. Tenemos que desafiar las normas y crear nuevas oportunidades. No creo que haya suficientes países que entiendan el poder que tienen al insistir en que las empresas de energías renovables contraten a mujeres. Lo mismo ocurre con la raza. Hay muchas grandes empresas que operan en África y ninguna de ellas tiene un representante negro o africano. Hay ciertas cosas en las que debemos insistir.

Cuéntenos un poco más sobre las 600 jóvenes.

Fue increíble. Trabajamos en la construcción de sistemas solares híbridos para universidades, sistemas descentralizados más grandes, de 10 a 15 megavatios. Así que decidí proporcionarles formación durante su último año de universidad. Antes de hacerlo, consultamos con todas las empresas de energías renovables para acordar cuál era la formación que debíamos proporcionarles para que consiguieran trabajo más adelante. Muchas fueron contratadas por las empresas, algunas crearon empresas por su cuenta y dos ganaron premios.

El proceso tan solo me llevó seis meses y apenas dinero, y fue lo más gratificante que he hecho en mi vida, dar esa oportunidad a las jóvenes. Lo hice porque yo fui una vez una mujer joven, y si no hubiera tenido oportunidades, no estaría hablando con ustedes ahora. Creo que a veces, cuando trabajamos en estos cargos, nos olvidamos de la importancia de tener en cuenta a las personas para que tengan voz y asiento en la mesa, y que puedan tener una vida mejor en el futuro.

¿Por qué le apasiona tanto el acceso a la energía?

Cuando era mucho más joven, a los 20 años, tuve la oportunidad de suministrar energía a un hospital para bebés. A menudo, cuando se piensa en el acceso a la energía o en no tenerlo, se piensa en ello como algo incómodo, un inconveniente. Nunca me podría haber imaginado que tener energía puede suponer la diferencia entre que un bebé muera o sobreviva. Recuerdo que, cuando entré en el hospital para bebés, toda la gente estaba aplaudiendo. El médico se acercó a mí y me dijo que solo hacen falta siete segundos durante una operación importante para que una mujer o un bebé, o ambos, mueran. Me quedé helada. No existe ningún generador de energía que se pueda encender en siete segundos.

Cuando hablamos de energía sostenible, para mí hablamos de la diferencia entre que una madre o un bebé vivan o mueran. Cuando celebramos estos grandes foros, siempre me gusta dar voz a las personas con peores condiciones, porque las decisiones que tomamos siempre afectan a las personas más vulnerables. No nos afectan ni a ustedes ni a mí. Eso me impulsa a seguir adelante. Si hay algún trabajo en el que puedas salvar la vida de alguien, ese es el mejor trabajo que puedes hacer.

Cada vez que se tarda en tomar una decisión o se posterga la búsqueda de la solución perfecta, que no existe, la gente sufre y muere. Esa es la realidad. Por lo tanto, tenemos que trabajar más duro y con mayor rapidez. Tenemos las soluciones para garantizar que todo el mundo obtenga la energía adecuada de forma limpia. Solo nos queda ponerlas en práctica.

Entrevista disponible en inglés: