A medida que se acelera la propagación del coronavirus, la ONU trabaja para asegurar que las necesidades de los más vulnerables se tengan en cuenta en la respuesta a la emergencia.

Los más vulnerables —las mujeres y los niños, las personas con discapacidad, las personas marginadas y desplazadas— pagan el precio más elevado y, además, son quienes tienen un mayor riesgo de sufrir devastadoras pérdidas por la COVID-19, comunicó el Secretario General António Guterres en su reciente llamamiento a un alto al fuego mundial. Además, reiteró que el virus es un enemigo común al que no le importa la etnia o la nacionalidad, la facción o la fe. "Ataca a todos, sin tregua".

Micheal Burgos, director del programa Family with Children Shelters (en español “centros de acogida para familias con hijos”), responsable de cuatro centros de acogida en Queens y Brooklyn, está entre las personas que trabajan para proteger a uno de esos grupos vulnerables, los sintecho. En una entrevista con el equipo del Departamento de Comunicación Global, informó que las personas que viven en estos centros muestran signos de ansiedad, estrés y miedo por la COVID-19, puesto que Nueva York se ha convertido en un nuevo epicentro de la pandemia.

“Tenemos grupos de padres solteros con hijos y matrimonios con hijos”, afirmó, a lo que añadió que algunos no tienen papeles. Algunos están preocupados por necesidades inmediatas como la comida y por dónde vivirán. Otros lo están por la salud de sus familias, agregó.

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Su agencia está tratando de aplicar un enfoque centrado en la familia, abordando todas las preocupaciones y necesidades de cada miembro de la unidad familiar, en contraposición a un enfoque más despersonalizado de grupo.

“El personal tiene en cuenta que todo aquel que vive en un centro para personas sin hogar ha sufrido traumas”, decía mientras explicaba que la COVID-19 se suma a esos traumas anteriores. Informó de que una explicación clara sobre qué es el virus es crucial para minimizar los traumas. Asimismo, es fundametal transmitir unas instrucciones claras sobre cómo combatirlo, aconsejó.

A pesar de todas las intervenciones terapéuticas que está implantando su programa, la situación económica y financiera pesa mucho sobre ellos. Muchos han tenido que dejar su trabajo porque sus hijos en edad escolar ahora tienen que aprender en casa. La inseguridad financiera es aterradora para las familias, lo que les causa aún más trauma, explicó.

Las condiciones en las que viven, en un centro repleto de gente, hacen que sean muy vulnerables a la transmisión de la COVID-19. Burgos anunció que aquellas familias que padecieran síntomas tendrían que ir a un centro de acogida especial para pasar la cuarentena. “Esto les crearía ansiedad a los demás, por lo que se requiere una confidencialidad extrema para reducir el miedo y el pánico de otras familias”, dijo, y añadió que está intentando transmitirles esperanza compartiendo palabras alentadoras. El virus no discrimina y, por ello, nuestra respuesta tampoco debería hacerlo.

La COVID-19 no discrimina y, por ello, nuestra respuesta tampoco debería hacerlo.

Leilani Farha, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a una vivienda digna, instó a los gobiernos a adoptar medidas urgentes para que nadie pierda su hogar y a asegurar el acceso a una vivienda digna a aquellos que no la tienen. “Rara vez ha supuesto la vivienda una cuestión de vida o muerte como ahora”, explicó.

Hay dos sectores de la población que corren un gran riesgo: aquellos que viven en refugios de emergencia, en la calle o en refugios improvisados y las personas que pueden perder su empleo y enfrentarse a dificultades económicas que podrían acabar en retrasos en el pago de sus hipotecas y alquileres o en desalojos, informó.

Habló de las buenas prácticas que estaban teniendo lugar en algunos estados, como la suspensión de los desahucios por retrasos en el pago de alquileres, aplazamientos de los pagos de hipotecas para los afectados por el virus; extensión de las moratorias a los desalojos forzosos de infraviviendas y el aumento del acceso a los espacios sanitarios y de refugio de emergencia para las personas sin hogar.

 

Personas con discapacidades

En Ginebra, Catalina Devandas, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con discapacidad, advirtió que se ha hecho poco para proporcionar a este sector de la población la orientación y el apoyo necesarios para su protección durante la actual pandemia, a pesar de que muchos pertenecen al grupo de riesgo. "Las personas con discapacidad sienten que las han dejado atrás", dijo la experta en derechos humanos de la ONU.  "Las medidas de contención tales como el distanciamiento social y el autoaislamiento pueden resultar imposibles para quienes dependen del apoyo de otros para comer, vestirse y bañarse".

"Este apoyo es básico para sobrevivir. Los estados deben adoptar medidas de protección social adicionales para garantizar que sigan recibiéndolo de manera segura durante toda la crisis", subrayó, y añadió que el acceso a la ayuda financiera adicional también es vital para reducir el riesgo de que las personas con discapacidad y sus familias sufran una mayor vulnerabilidad o pobreza. “Muchas personas con discapacidad dependen de servicios que se han suspendido y puede que no tengan suficiente dinero para acumular comida y medicinas o para permitirse el coste extra de los envíos a domicilio”, añadió.

El jueves, durante una sesión de preguntas y respuestas de la agencia de salud de las Naciones Unidas en su cuenta de Twitter, Lindsay Lee, una oficial técnica de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que va en silla de ruedas, explicó que el acceso a la atención médica ya es difícil para algunas personas con discapacidades, incluso en lugares de rentas altas. Otras barreras incluyen los obstáculos físicos, las leyes discriminatorias y el estigma. “Estas cosas, si el gobierno y las comunidades no tienen cuidado, se pueden exacerbar en situaciones de crisis”, explicó. “Pero si la comunidad está dispuesta a cumplir con su parte, este tipo de riesgos, sin duda, pueden mitigarse”. 

Las medidas de contención tales como el distanciamiento social y el autoaislamiento pueden resultar imposibles para quienes dependen del apoyo de otros para comer, vestirse y bañarse.

A pesar de que tener una discapacidad no supone un mayor riesgo de infección del virus, muchas personas con discapacidades padecen otros problemas médicos que hacen que la enfermedad sea más peligrosa para ellos, según el programa sobre la discapacidad del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (DESA), en la Secretaría de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad (SCRPD). Más de 100 organizaciones que trabajan en la defensa de las personas discapacitadas y una coalición de expertos en derechos de los discapacitados y gestión de emergencias del país anfitrión hicieron hace poco un llamamiento urgente para que se actuara de inmediato, y se atendiera a las necesidades específicas de las personas con discapacidad para proteger su salud, seguridad, dignidad e independencia en la comunidad durante el brote de COVID-19 y las emergencias de salud relacionadas.

 

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Mujeres

Durante crisis como esta pandemia, las mujeres contribuyen de manera esencial como líderes y personal de respuesta de primera línea, sin embargo, sufren las peores consecuencias del brote en materia sanitaria, económica y social, explica la Entidad de la ONU para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer (ONU Mujeres).

Necesitamos estrategias de mitigación que se centren específicamente en las repercusiones sanitarias y económicas del brote de COVID-19 en las mujeres y que apoyen y fomenten su resiliencia.

"A nivel mundial, las mujeres constituyen el 70% de los trabajadores de primera línea en el sector sanitario y social como enfermeras, comadronas, limpiadoras y trabajadoras en lavanderías", afirmó la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, en un mensaje reciente. "Necesitamos estrategias de mitigación que se centren específicamente en las repercusiones sanitarias y económicas del brote de COVID-19 en las mujeres y que apoyen y fomenten su resiliencia".

Para asegurar el establecimiento de respuestas al virus que tengan en cuenta las cuestiones de género, ONU Mujeres publicó un listado para los gobiernos, los municipios, los parlamentos y otros responsables de la toma de decisiones.

 

Niños

Es probable que cientos de millones de niños de todo el mundo se enfrenten a amenazas de su seguridad y bienestar cada vez mayores, incluidos los malos tratos, la violencia de género, la explotación, la exclusión social y el estar lejos de sus cuidadores debido a las medidas adoptadas para contener la propagación de la pandemia, advirtió el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). La agencia insta a los gobiernos a asegurar la seguridad y el bienestar de los niños en medio de las cada vez mayores consecuencias socioeconómicas de la enfermedad. UNICEF, junto con sus asociados de la Alianza para la Protección de la Infancia en la Acción Humanitaria, ha publicado una serie de orientaciones para apoyar a las autoridades y organizaciones que participan en la respuesta.

En América Latina y el Caribe, más de 154 millones de niños, alrededor del 95% de los matriculados, no asisten temporalmente al colegio debido a la COVID-19, informó hoy UNICEF basándose en datos recogidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Esta situación aumenta el riesgo de abandono permanente, especialmente en el caso de los niños más vulnerables. "Se trata de una crisis educativa sin precedentes en la historia reciente de América Latina y el Caribe", dijo Bernt Aasen, Director Regional interino de UNICEF para América Latina y el Caribe. Esta semana, UNICEF y sus asociados lanzarán la campaña regional de divulgación #LearningAtHome (aprender en casa) a través de sus canales digitales para proporcionar a las familias y a los educadores herramientas educativas y de entretenimiento gratuitas, así como consejos y ejemplos de buenas prácticas de salud e higiene.

 

 

Personas mayores

La Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que el virus puede infectar a personas de todas las edades y que el riesgo de enfermar de manera grave aumenta gradualmente con la edad a partir de los 40 años, especialmente en el caso de las personas que ya sufren problemas de salud. Las personas que superan los 60 años, sobre todo, corren el mayor riesgo.

La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) resalta que en estos tiempos de distanciamiento social es más probable que los mayores estén aislados. El Programa de Inclusión Digital del Sector de Desarrollo de las Telecomunicaciones de la UIT (UIT-D) fomenta la accesibilidad a la tecnología de la información y las comunicaciones como medio para empoderar a todas las personas, independientemente de su género, edad, capacidad o ubicación. Apoya a los miembros de la UIT en sus esfuerzos por crear sociedades digitales más inclusivas en sus respectivos países y regiones, así como para garantizar el desarrollo socioeconómico y la participación plena y efectiva en la sociedad y la economía digital de todos sus ciudadanos.

 

Migrantes y refugiados

La Red de las Naciones Unidas sobre Migración ha hecho unas declaraciones en las que se destaca que "el COVID-19 no discrimina y, por ello, nuestra respuesta tampoco debería hacerlo". La Red instó a que todos, incluidos los migrantes sin importar su condición migratoria, participaran en los esfuerzos por mitigar y hacer retroceder los efectos de esta enfermedad.

 

 

Con ese fin, los migrantes deben considerarse tanto víctimas en potencia como parte integrante de toda respuesta eficaz en materia de salud pública. Es especialmente importante que las autoridades hagan todo lo posible por hacer frente a la xenofobia, incluso en los casos en que los migrantes y otras personas son objeto de discriminación o violencia debido al origen y la propagación de la pandemia.