Objetivos de Desarrollo Sostenible: 17 objetivos para transformar el mundo

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible constituyen un llamamiento universal a la acción para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y mejorar las vidas y las perspectivas de las personas en todo el mundo.

En septiembre de 2015, todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas adoptaron los Objetivos como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en la cual se establece un plan para alcanzar los Objetivos y las metas asociadas en 15 años. Nunca antes líderes mundiales se habían comprometido a llevar a cabo una acción común en el marco de una agenda política tan amplia y universal.

Los 17 Objetivos están interconectados, atañen a todos los países y tienen que llevarse a cabo por todas las partes interesadas: gobiernos, sector privado, sociedad civil, el sistema de las Naciones Unidas, etc. mediante una asociación colaborativa.

Este año marca el inicio de una década de acción cuyo fin es alcanzar los Objetivos para 2030. Se trata de un periodo crítico para avanzar hacia una visión común y acelerar las respuestas a los desafíos más graves del mundo, desde erradicar la pobreza y el hambre hasta invertir el cambio climático. No obstante, en solo un breve periodo de tiempo, la propagación repentina del nuevo coronavirus convirtió una emergencia sanitaria pública en una de las peores crisis internacionales de nuestra generación, y cambió el mundo tal como lo conocíamos.

Esta exposición ilustra los Objetivos de Desarrollo Sostenible a través de imágenes de todo el mundo y retrata lo que los 17 Objetivos significan para los habitantes de nuestro planeta.

Esta exposición ha sido elaborada por el Departamento de Comunicación Global de las Naciones Unidas.



Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo

Más de 700 millones de personas aún viven en situación de extrema pobreza con menos de 1,90 dólares al día. Tienen dificultades para satisfacer las necesidades más básicas, como la sanidad, la educación y el acceso al agua y saneamiento. La mayoría de estas personas, más de 400 millones, vive en el África subsahariana. Se estima que otros 71 millones de personas de todo el mundo caerán en la pobreza extrema por causa de la COVID-19, lo que supone el primer aumento de la pobreza global desde 1998.

La pobreza también afecta a los países desarrollados. En la actualidad, 30 millones de niños crecen en la pobreza en los países más ricos del mundo.

La erradicación de la pobreza en todas sus formas sigue siendo uno de los mayores desafíos a que se enfrenta la humanidad. Aunque el número de personas viviendo en la pobreza extrema se redujo en más de la mitad entre 1990 y 2015, pasando de 1.900 millones a 731 millones, demasiada gente sigue teniendo dificultades para cubrir las necesidades humanas más básicas.

Rocinha, comunidad de bajos ingresos de Río de Janeiro, Brasil (1986). Foto ONU/Claudio Edinger

Niños jugando en el vertedero de Stung Meanchey, en Phnom Penh, Camboya, hogar de miles de personas que se ganan la vida vendiendo residuos desechables (2008). Foto ONU/Kibae Park

Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible

Más de 750 millones de personas padecen hambre en todo el mundo, la gran mayoría en países en desarrollo. Se espera que esta cifra aumente en más de 100 millones en 2020 por causa de la COVID-19. El hambre y la desnutrición representan obstáculos para el desarrollo sostenible, pues la gente que las padece es menos productiva, más propensa a la enfermedad y menos susceptible de mejorar sus medios de subsistencia.

Para alimentar a los 750 millones de personas que padecen hambre hoy en día y a los 2.000 millones adicionales que se espera que la sufran de aquí a 2050, es necesario un profundo cambio del sistema alimentario y agrícola global.

Con el fin de terminar con todas las formas de hambre y desnutrición en 2030 y asegurar que todo el mundo, especialmente los niños, tenga acceso a comida suficiente y nutritiva durante todo el año es necesario fomentar prácticas de agricultura sostenible, como el apoyo a los pequeños agricultores y la igualdad de acceso a la tierra, la tecnología y los mercados.

También es necesaria la cooperación internacional para realizar inversiones en infraestructura y tecnología que mejoren la productividad agrícola.

Niñas haciendo cola en un centro de alimentación en Mogadishu, Somalia. Tras años de sequía, seis millones de personas en el país necesitan asistencia alimentaria (2017). Foto ONU/Tobin Jones

Campos de arroz pertenecientes a las tribus locales de las colinas en Sapa, Vietnam (2011). Foto ONU/Kibae Park

Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades

A pesar de los grandes avances de los últimos años en la mejora de la salud de las personas, aún persisten desigualdades en el acceso a la atención sanitaria. La pandemia de COVID-19 está entorpeciendo aún más estos progresos. Más de cinco millones de niños mueren antes de su quinto aniversario cada año. 16.000 niños mueren cada día de enfermedades evitables, como la rubeola y la tuberculosis. Cientos de mujeres mueren a diario durante el embarazo o por complicaciones relacionadas con el parto.

Estas muertes se pueden evitar mediante la prevención y el tratamiento, la educación, las campañas de vacunación y la salud sexual y reproductiva.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) constituyen un valiente compromiso con la erradicación de las epidemias de sida, tuberculosis, malaria y otras enfermedades transmisibles de aquí a 2030. El objetivo es conseguir una cobertura sanitaria mundial y garantizar el acceso a medicinas y vacunas seguras y asequibles para todo el mundo.

Una niña recibiendo una dosis de la vacuna antipoliomielítica oral en Hargeisa, Somalilandia (Somalia, 2013). UNICEF/Adriane Ohanesian

Una mujer y su hijo visitando una clínica familiar en la provincia de Khovd, Mongolia. Las agencias de las Naciones Unidas trabajan en estrecha colaboración con los hospitales locales de Mongolia para vacunar a los niños y garantizarles la atención sanitaria (2009). Foto ONU/Eskinder Debebe

Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos

Se han hecho grandes progresos en la consecución de la meta de una educación primaria universal, con un 91 por ciento de escolarizaciones en 2015. No obstante, en 2018, 258 millones de niños y jóvenes de entre 6 y 17 años seguían sin acudir a la escuela, y más de la mitad de los niños y adolescentes no satisfacen las competencias mínimas de lectura y matemáticas. En 2020, debido al cierre de las escuelas por la COVID-19, se estima que un 90 % de los alumnos no iba a la escuela, con la consecuencia de que al menos 500 millones de ellos no tuvieron acceso a opciones de aprendizaje a distancia.

Además de la gratuidad de la educación primaria y secundaria para todos los niños y niñas de aquí a 2030, el objetivo es conseguir un acceso igualitario a una formación profesional asequible, eliminar las desigualdades de género y de riqueza, y lograr el acceso universal a una educación superior de calidad.

La educación es la clave para permitirá lograr muchos otros Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Cuando la gente recibe una educación de calidad, es capaz de salir del círculo de la pobreza.

La educación ayuda a reducir las desigualdades y conseguir la igualdad de género. También permite a los pueblos de todo el mundo vivir de manera más saludable y sostenible. La educación también resulta crucial para fomentar la tolerancia entre la gente y contribuye a construir sociedades más pacíficas.

Alumnos en clase en una escuela pública en Taliko, un barrio de Bamako, Mali (2013). Foto ONU/Marco Dormino

Alumnos de una escuela primaria Piramerd, en Badawa, Erbil, en la región de Kurdistán (Iraq). La escuela, que abarca desde el 1.º hasta el 9.º curso, es una de las instituciones educativas en las que UNICEF lleva a cabo proyectos para mejorar la infraestructura y los estándares académicos (2011). Foto ONU/Bikem Ekberzade

Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas

Las mujeres y las niñas representan la mitad de la población mundial y, por tanto, la mitad de su potencial. No obstante, la desigualdad persiste en todas partes y frena el progreso social.

De media, las mujeres trabajadoras siguen ganando un 23 % menos que los hombres a nivel global. Igualmente, las mujeres dedican en promedio unas tres veces más de tiempo que los hombres a tareas domésticas y cuidados no remunerados.

La violencia y la explotación sexuales, el reparto desigual de los cuidados y de las tareas domésticas no remuneradas, así como la discriminación en la función pública siguen representado grandes barreras. Todas estas áreas de desigualdad se han visto agravadas por la pandemia de COVID-19: se han multiplicado los casos de violencia sexual, las mujeres han tenido que asumir más tareas relacionadas con los cuidados debido al cierre de las escuelas y el 70 % de los trabajadores sanitarios y sociales a nivel global son mujeres.

Desde 2014, 143 países habían garantizado la igualdad entre hombres y mujeres en sus constituciones, pero 52 aún no han dado este paso.

La igualdad de género no es solo un derecho humano fundamental, sino también la base necesaria para un mundo pacífico, próspero y sostenible.

Mujeres diputadas de la Cámara Baja afgana (Wolesi Jirga, o Casa del Pueblo) llegando a su ceremonia inaugural en Kabul, tras las segundas elecciones parlamentarias de Afganistán desde 2001. Las mujeres representan 69 de los 249 parlamentarios entrantes (2011). Foto ONU/Erik Kanalstein

Marcha de mujeres y niñas en El Fasher, Darfur septentrional, para celebrar el Día de la Mujer, bajo el lema "Acceso igualitario a la educación, la formación, la ciencia y la tecnología" (Sudán, 2011). Foto ONU/Olivier Chassot

Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos

El acceso al agua, al saneamiento y a la higiene es un derecho humano. Aún a día de hoy, millones de personas siguen enfrentándose a obstáculos diarios para acceder incluso al más básico de los servicios.

La escasez de agua afecta a más del 40 % de la población mundial y se prevé que aumente con el incremento de las temperaturas globales como resultado del cambio climático.

A nivel global, tres de cada diez personas no tienen acceso a servicios de agua potable gestionados de manera segura. Igualmente, seis de cada diez personas no tienen acceso a instalaciones de saneamiento gestionadas de manera segura, lo que deja una estimación de 3.000 millones de personas sin instalaciones básicas de lavado de manos en casa, una necesidad esencial para evitar infecciones y contener la propagación de la COVID-19.

Entre las acciones necesarias para asegurar un acceso universal a un agua potable segura y asequible para todo el mundo de aquí a 2030 se encuentras las inversiones en infraestructuras e instalaciones de saneamiento, la protección y la restauración de ecosistemas relacionados con el agua y la educación en materia de higiene.

En el campo de desplazados internos de Abu Shouk, una niña empuja un bidón de agua con la misma capacidad que las cuatro garrafas que lleva su compañera. Los bidones, distribuidos por miles por la Operación Híbrida de la Unión Africana y las Naciones Unidas en Darfur, ayudan a aliviar la pesada carga diaria de recoger agua (Sudán, 2011). Foto ONU/Albert González Farran

Un niño bebe agua en el campo de desplazados internos de Maslakh, en Herat (Afganistán, 2002). Foto ONU/Eskinder Debebe

Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos

Nuestra vida diaria depende de una energía segura y asequible. Del mismo modo, el consumo de energía es el principal factor responsable del cambio climático, pues representa aproximadamente el 60 % de las emisiones mundiales totales de gases de efecto invernadero.

De 2000 a 2018, la proporción de la población global con acceso a electricidad aumentó de un 78 % a un 90 %. En los países menos desarrollados, esta proporción se ha duplicado con creces en el mismo periodo. No obstante, sigue habiendo unos 789 millones de personas en el mundo sin acceso a la electricidad.

Para garantizar un acceso universal a una electricidad asequible de aquí a 2030 es necesario invertir en fuentes de energía limpia, como la solar, la eólica y la térmica. El desarrollo de las infraestructuras y la renovación de la tecnología para ofrecer una energía limpia en todos los países en desarrollo es un objetivo esencial que puede tanto fomentar el crecimiento como contribuir al medio ambiente.

La central solar de Shams, ubicada en Madinat Zayed (Emiratos Árabes Unidos), es una de las centrales de energía solar concentrada más grandes del mundo (2014). Foto ONU/Eskinder Debebe

El invernadero Gourmet Mokai en Taupo (Nueva Zelanda) se calienta mediante electricidad generada por energía geotérmica (2014). Foto ONU/Evan Schneider

Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos

A nivel global, la productividad del trabajo ha aumentado y los índices de desempleo se han reducido. No obstante, es necesario seguir progresando para mejorar las oportunidades laborales, especialmente para los jóvenes, con el fin de reducir el trabajo informal y las desigualdades del mercado laboral (en particular, en lo relativo a la brecha salarial entre hombres y mujeres), fomentar entornos de trabajo seguros y mejorar el acceso a servicios financieros, y asegurar así un crecimiento económico sostenido e inclusivo.

La tasa de desempleo global en 2019 fue del 5 %, frente al 6,4 % del año 2000. Sin embargo, la COVID-19 podría provocar que se perdieran 400 millones de puestos de trabajo en 2020, según las medidas políticas adoptadas.

La pandemia tendrá un impacto particularmente negativo sobre los trabajadores de la economía informal, sector en el que se estima que 1.600 millones de personas podrían verse afectadas.

Una falta persistente de oportunidades de trabajo decente, la insuficiencia de las inversiones y un subconsumo contribuyen a la erosión del contrato social básico, según el cual todos debemos participar en el progreso. La creación de puestos de trabajo de calidad sigue siendo un reto importante para la mayor parte de las economías.

Empleados de la cooperativa Café Timor tamizan granos de café. Con 21.500 miembros, la cooperativa Café Timor es el mayor empleador de Timor-Leste durante la temporada del café. Contribuye así a la consecución de la prioridad del gobierno de promover el desarrollo rural (2009). Foto ONU/Martine Perret

Una diseñadora de ropa trabajando en su estudio en Beirut. En 1990, el Líbano salió de una guerra civil que duró 15 años y comenzó su lenta pero firme recuperación (2015). Foto ONU/Joe Saad

Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación

Ya se han hecho algunos progresos en la industria manufacturera.

El porcentaje mundial del valor añadido que representa la industria manufacturera en el producto interno bruto (PIB) aumentó del 15,2 % en 2005 al 16,5 % en 2018.

No obstante, la participación de la industria manufacturera en los países menos desarrollados sigue siendo baja, lo que plantea un serio reto para el objetivo de doblar la parte de esta industria en el PIB de aquí a 2030.

En 2018-2019, la industria manufacturera global redujo su crecimiento tanto en países desarrollados como en desarrollo, principalmente por la emergencia de barreras comerciales y arancelarias que obstaculizaron la inversión y el futuro crecimiento, y se desplomó en 2020 como resultado de la pandemia.

Aunque la cobertura mundial de Internet se ha expandido ampliamente, en 2019, el 46 % de la población global aún no lo utilizaba.

Las inversiones en infraestructuras, como transportes, irrigación, energía y tecnologías de la información y la comunicación, son cruciales para lograr el desarrollo sostenible y el empoderamiento de las comunidades en muchos países.

Estudiantes del centro de formación de Khan Younis, en Gaza, gestionado por el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente, montan un coche de tipo Fórmula 1 de piezas principalmente recicladas, para participar en el concurso Formula Student. La competición reta a estudiantes de todo el mundo a que diseñen, construyan y hagan correr un coche de carreras monoplaza desde cero (2011). Foto ONU/Shareef Sarhan

En REBUILD Globally, en Puerto Príncipe, trabajadores fabrican sandalias a partir de neumáticos reciclados. El programa de formación profesional y empleo está financiado parcialmente por una subvención de proyecto de efecto rápido de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH, 2012). Foto ONU/Victoria Hazou

Reducir la desigualdad en y entre los países

La desigualdad de ingresos está en auge, en particular dentro de los países. En 2017, el 10 % más rico ganaba al menos el 20 % de los ingresos globales totales. El 40 % más pobre ganaba menos del 25 % de los ingresos globales totales.

De media, y teniendo en cuenta el tamaño de la población, la desigualdad aumentó un 11 % en los países en desarrollo entre 1990 y 2010.

LLa desigualdad amenaza el desarrollo económico y social a largo plazo, perjudica a la reducción de la pobreza y destruye el sentido de satisfacción personal y la autoestima de la gente.

Para reducir las desigualdades, las políticas deberían ser universales y prestar una atención particular a las necesidades de las poblaciones desfavorecidas y marginadas, las cuales se van a ver afectadas desproporcionadamente por el impacto económico de la COVID-19.

Sebastián (a la derecha), de 9 años, y Mateo, de 4, pasean y charlan durante el recreo en el Colegio y Liceo Ceni, una escuela inclusiva en Montevideo, Uruguay (2013). UNICEF/Giacomo Pirozzi

Estudiantes jóvenes del pueblo indígena salasaca, de Ecuador, en la escuela en Ambato, una ciudad al sur de Quito, la capital (1985). Foto ONU/Milton Grant

Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean más inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles

La mitad de la población mundial vive en las ciudades. En 2050, 6.500 millones de personas, que representan dos tercios de la humanidad, vivirán en áreas urbanas.

En el mundo en desarrollo, el rápido crecimiento de las ciudades, junto con el incremento de la migración de zonas rurales a zonas urbanas, ha desembocado en un boom de las megápolis. En 1990, había diez megápolis con 10 millones de habitantes o más. En 2014, había 28 megápolis, que albergaban un total de 453 millones de personas. Esta rápida urbanización sobrepasa el desarrollo de la vivienda, las infraestructuras y los servicios, lo que ha generado un aumento del porcentaje de población urbana que vive en barriadas, un 24 % en 2018.

Para que las ciudades sean seguras y sostenibles, hay que garantizar el acceso a una vivienda segura y asequible, mejorar los asentamientos chabolistas, invertir en transporte público, crear espacios verdes y actualizar la planificación y la gestión urbanas de una forma tanto participativa como inclusiva.

El Global Cities Index de 2018 de WSP sitúa Bogotá (Colombia) en el puesto 24 mundial en sus esfuerzos por hacer frente a la presión que ejerce sobre sus infraestructuras la rápida urbanización y el crecimiento. La ciudad opera un sistema de transporte público en superficie de autobuses de gran capacidad que circulan por vías reservadas, cuenta con una gran red de carriles bici y cada domingo cierra 100 kilómetros de sus carreteras a los coches y limita su uso a los peatones y los ciclistas (2019). Foto ONU/Héctor Latorre

Vistas desde el ayuntamiento de Estocolmo a la Riddarfjärden, la bahía más oriental del lago Mälaren en el centro de la ciudad. A la izquierda, se ve el campanario de Riddarholmskyrkan (la iglesia de Riddarholmen), lugar de sepultura oficial de los monarcas suecos. Estocolmo se clasifica habitualmente en el top 5 del Índice de Ciudades sostenibles de Arcadis, así como en el subíndice de Personas, que tiene en cuenta diversos indicadores de calidad de vida, como buena sanidad y buena educación (2016). Foto ONU/Eskinder Debebe

Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles

Si la población mundial alcanzara la cifra de 9.800 millones en 2050, necesitaríamos el equivalente a tres planetas para conseguir los recursos naturales necesarias para mantener nuestros estilos de vida actuales.

En 2015, se extrajeron casi 12 toneladas de recursos por persona, con los desechos electrónicos como el sector de mayor crecimiento. Esto implica que la producción, el consumo y los recursos naturales se deben gestionar mejor y de manera diferente.

Es necesario reducir la huella ecológica mundial cambiando la forma en que los bienes y los recursos se producen y se consumen.

Los recursos naturales compartidos deben gestionarse de manera eficiente y los residuos tóxicos y los agentes contaminantes deben desecharse con cuidado.

Es necesario apoyar a los países en desarrollo para que puedan adoptar modelos de consumo más sostenibles de aquí a 2030.

La iniciativa del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de efectivo por trabajo colabora con la fábrica de reciclaje de Sant Fatra Kafoufey, en Puerto Príncipe, para convertir residuos de papel de las calles en briquetas. Las briquetas de papel son un combustible para cocinar alternativo al carbón a base de madera, o carbón vegetal, cuya producción contribuye a la deforestación (Haití, 2010). Foto ONU/Sophia Paris

Un jugador golpea un balón fabricado utilizando goma reciclada durante un partido de fútbol entre estudiantes de un instituto de Ginebra y un equipo de Representantes Permanentes ante la Oficina de Naciones Unidas en Ginebra, para celebrar el Día Internacional de la Paz. Los balones, donados por la Oficina de Naciones Unidas para el Deporte para el Desarrollo y la Paz, están diseñados para soportar las difíciles condiciones del suelo de los campos de refugiados (Suiza, 2010). Foto ONU/Jean-Marc Ferré

Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos

El cambio climático afecta a todos los países de todos los continentes. Las actividades humanas son las causantes y supone una amenaza para el futuro de nuestro planeta. Con el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, el cambio climático se está produciendo mucho más rápido de lo previsto y sus efectos se evidencian claramente en todo el mundo.

Este impacto se observa en el cambio de las condiciones climatológicas, el aumento del nivel del mar y la proliferación de fenómenos meteorológicos extremos. El año 2019 fue el segundo más caluroso registrado, con la consecuencia de que se produjeron grandes incendios forestales, huracanes, sequías, inundaciones y otros desastres climáticos. Si no se controla, el cambio climático invalidará gran parte de los avances realizados durante los últimos años en materia de desarrollo. También provocará migraciones en masa que se traducirán en inestabilidad y guerras.

Ya hay disponibles soluciones asequibles y escalables para permitir a los países dar el salto a economías más limpias, más resilientes y de bajo consumo de carbono.

El cambio climático es un desafío global que exige una cooperación internacional coordinada.

Dos personas replantan plántulas de manglar en Kampong Jawa, una zona de Banda Aceh que fue devastada por el tsunami de 2004. La conservación, la restauración y el uso sostenible de humedales costeros son esenciales en la batalla contra el cambio climático (Indonesia, 2012. Foto ONU/Irwandi M. Gade

Se limpian paneles solares en la central térmica solar integrada de ciclo combinado de Ain Beni Mathar (Marruecos). Esta innovadora central amplía el acceso a la electricidad a través de energía renovable asequible, reduciendo la dependencia que tiene el país del petróleo a la vez que crea empleo y reduce las emisiones de CO2 (2010). Banco Mundial/Dana Smillie

Conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para un desarrollo sostenible

Los océanos abarcan tres cuartas partes de la superficie de la Tierre, contienen el 97 % del agua terrestre y representan el 99 % del espacio vital del planeta en volumen.

Los océanos de todo el mundo son una fuente de recursos naturales esenciales, como alimentos, medicinas, biocombustibles y otros productos; contribuyen a la descomposición y eliminación de los residuos y la contaminación, y sus ecosistemas costeros actúan como defensa para reducir los daños provocados por las tormentas.

Los océanos de todo el mundo son una fuente de recursos naturales esenciales, como alimentos, medicinas, biocombustibles y otros productos; contribuyen a la descomposición y eliminación de los residuos y la contaminación, y sus ecosistemas costeros actúan como defensa para reducir los daños provocados por las tormentas.

Resulta clave gestionar cuidadosamente este recurso global esencial para un futuro sostenible.

Paisaje submarino en el arrecife de Beveridge (Niue, Pacífico Sur, 2016). PNUD/Vlad Sokhin

Un niño ayudando a liberar una tortuga en el mar en Watamu (Kenia, 2017). PNUMA/Cyril Villemain

Proteger, restablecer y fomentar un uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad

La vida vegetal aporta el 80 % de los alimentos que conforman la dieta humana, del mismo modo que la agricultura es un recurso económico importante y un medio de desarrollo esencial.

Los bosques cubren más del 30 % de la superficie de la Tierra, pero se pierden cada año 7 millones de hectáreas forestales, al mismo tiempo que la degradación persistente de las zonas secas ha llevado a la desertificación de cerca de 4.000 millones de hectáreas.

De las 8.300 razas de animales conocidas, el 8 % se ha extinguido y el 22 % está en peligro de extinción.

El tráfico de especies silvestres también altera los ecosistemas y contribuye a la propagación de enfermedades infecciosas, como la COVID-19.

Es necesario detener la deforestación y restablecer el uso de los ecosistemas terrestres para reducir la pérdida de hábitats naturales y biodiversidad que forman parte de nuestro patrimonio común.

Zona forestal del Amazonas en el Estado de Para (Brasil), rico en recursos minerales (1983). Foto ONU/George Love

Agricultores trabajando en un proyecto de "semillas de frutas" en la ecorregión de Altai-Sayan, en la provincia de Khov (Mongolia). Este proyecto, puesto en marcha con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, ofrece tierras convertidas para la producción de semillas de árboles frutales, de tal forma que ayuda a generar ingresos extra a los agricultores de Mongolia y a evitar la deforestación en la región (2009). Foto ONU/Eskinder Debebe

Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles

Todo el mundo debería vivir sin miedo a sufrir cualquier forma de violencia y sentirse seguro en su vida, sea cual sea su etnia, sus creencias o su orientación sexual.

Unos altos niveles de violencia armada y de inseguridad tienen un impacto destructivo en el desarrollo de un país.

La violencia sexual, el crimen, la explotación y la tortura prevalecen allá donde existen conflictos o no hay Estado de Derecho. Los países deben tomar medidas para proteger a aquellos que están más expuestos a riesgos.

Los gobiernos, la sociedad civil y las comunidades tienen que trabajar codo con codo para encontrar soluciones duraderas al conflicto y a la inseguridad. Resulta clave en este proceso fortalecer el estado de derecho y fomentar los derechos humanos, así como reducir el flujo de armas ilícitas, combatir la corrupción y garantizar una participación inclusiva en todo momento.

Una mujer y su hijo en una mesa electoral en Kidal (Mali), durante la segunda ronda de las elecciones presidenciales del país en 2013 (2013). Foto ONU/Blagoje Grujic

Estudiantes de la Universidad de Trípoli (Libia) asistiendo a un taller sobre derechos humanos organizado por la Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia (UNSMIL) para conmemorar el aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948 (2011). Foto ONU/Iason Foounten

Fortalecer los medios de implementación y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible es universal y representa un llamamiento a la acción a todos los países, tanto desarrollados como en desarrollo, para asegurar que nadie se queda atrás. Exige la colaboración entre gobiernos, el sector privado y la sociedad civil.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible solo se pueden lograr con un sólido compromiso con la colaboración y la cooperación globales.

Sigue habiendo retos significativos: la ayuda oficial al desarrollo se está reduciendo; los flujos de inversiones privadas no están bien alineados con el desarrollo sostenible; sigue existiendo una importante brecha digital y las tensiones comerciales persisten.

Para obtener buenos resultados, todo el mundo tiene que movilizar tanto recursos existentes como otros adicionales, y los países desarrollados tendrán que cumplir con sus compromisos oficiales de ayuda al desarrollo.

Los iconos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible proyectados en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, durante el debate general de alto nivel de la Asamblea General (2015). Foto ONU/Cia Pak

Nikolaj Coster-Waldau, Embajador de Buena Voluntad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, saludando a un joven participante en la "Global Goals World Cup" en Nairobi (Kenia, (2017). PNUD Kenia/James Ochweri

EL MOMENTO DEL CAMBIO ES AHORA


La COVID-19 ha dado un vuelco total a nuestras vidas. Ha cambiado nuestra forma de trabajar, nuestra forma de interactuar, nuestra forma de movernos. La pandemia puede marcar un punto de inflexión. Aprovechemos el momento y cambiemos el rumbo hacia un estilo de vida más sostenible.

"Actúa ahora" es la campaña de las Naciones Unidas destinada a la acción ciudadana contra el cambio climático y la sostenibilidad. Todos y cada uno de nosotros podemos ayudar a limitar el calentamiento global y a cuidar nuestro planeta. Cambiando nuestros hábitos y haciendo elecciones menos perjudiciales para el medio ambiente, tenemos el poder de hacer frente al cambio climático y construir un mundo más sostenible.

"Todo lo que hagamos durante esta crisis [COVID-19] y después debe ir fuertemente orientado a construir economías y sociedades más igualitarias, inclusivas y sostenibles que sean más resilientes frente a pandemias, cambios climáticos y muchos otros desafíos globales a que nos enfrentamos" –  António Guterrez, Secretario General de las Naciones Unidas

El momento del cambio es ahora. La COVID-19 ha dado un vuelco total a nuestras vidas. Ha cambiado nuestra forma de trabajar, nuestra forma de interactuar, nuestra forma de movernos. La pandemia puede marcar un punto de inflexión. Aprovechemos el momento y cambiemos el rumbo, hacia un estilo de vida más sostenible. Pequeños cambios en nuestro día a día pueden suponer un ahorro económico, una mejora de la salud y la reducción de la contaminación y sus efectos nocivos.

"Actúa ahora" es la campaña de las Naciones Unidas destinada a la acción ciudadana contra el cambio climático y la sostenibilidad. Todos y cada uno de nosotros podemos ayudar a limitar el calentamiento global y a cuidar nuestro planeta. Cambiando nuestros hábitos y haciendo elecciones menos perjudiciales para el medio ambiente, tenemos el poder de hacer frente al cambio climático y construir un mundo más sostenible.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible está marcada por los fines y los principios de la Carta de las Naciones Unidas y se basa en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Como tal, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda buscan conseguir no solo el desarrollo sostenible en tres dimensiones, la económica, la social y la medioambiental, sino también promover sociedades pacíficas, justas e inclusivas, donde se respeten los derechos humanos de todos.

Ofrecen un plan de acción para atacar los problemas determinantes de nuestro tiempo, como el cambio climático, que necesita acción urgente y transformadora que no deje a nadie de lado.

Las Naciones Unidas y sus agencias, fondos y programas trabajan con los Estados Miembros, la sociedad civil, el sector privado y otros colaboradores para acelerar el progreso hacia el logro de los Objetivos, dentro de un espíritu de solidaridad global, centrándose particularmente en las necesidades de los más pobres y vulnerables.