Nunca antes la acción humanitaria había llegado a tantas personas en tantos lugares. Actualmente hay en el mundo un número sin precedente de agentes dedicados a prestar ayuda para salvar vidas y proteger a personas necesitadas, desde los gobiernos, que son los principales responsables de prestar asistencia a sus pueblos, hasta organizaciones internacionales y nacionales, redes, empresas y fundaciones privadas.

Sin embargo, pese a la extraordinaria labor que se realiza para salvar vidas y proteger a las personas afectadas por crisis, el sistema humanitario se ve sometido a una fuerte presión para atender el mayor nivel de necesidades registrado desde la Segunda Guerra Mundial. Casi 60 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares debido a conflictos y violencia, y alrededor de 218 millones de personas son afectadas por desastres todos los años.

Las crisis humanitarias tienen un costo de millones de dólares para la economía mundial. Detienen e incluso revierten las ganancias alcanzadas en materia de desarrollo. Cada año aumentan las necesidades, al igual que los costos. Los llamamientos organizados por las Naciones Unidas han ascendido de 3.400 millones de dólares en 2003 a 20.000 millones de dólares in 2016. Al mismo tiempo, aumenta la disparidad entre la escala de las necesidades y los recursos disponibles para satisfacerlas. Se necesita con toda urgencia la acción mundial para invertir esta tendencia.

De ahí que el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon haya convocado una Cumbre Humanitaria Mundial, la primera en los 70 años de historia de la Organización. La Cumbre se celebrará en Estambul los días 23 y 24 de mayo de 2016.

Una consulta mundial

Un aspecto central de la Cumbre Humanitaria Mundial  es la cuestión de cómo atender las necesidades del número creciente de personas afectadas por las crisis o vulnerables en esas situaciones, y a la vez preparar las condiciones para encarar un futuro más riesgoso e incierto. Al convocar la Cumbre, el Secretario General pidió a la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH) que emprendiera un proceso de consultas a nivel mundial para informar la búsqueda de soluciones. En asociación con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la OCAH estableció la secretaría de la Cumbre Humanitaria Mundial para que se encargara de las consultas.

Entre junio de 2014 y octubre de 2015, la secretaría de la Cumbre llevó a cabo las más amplias consultas sobre acción humanitaria jamás realizadas. A fin de garantizar que la búsqueda de soluciones se basara en la experiencia de todas las partes interesadas y se enriqueciera con ella, el proceso incluyó las opiniones de personas afectadas, gobiernos, agentes de la sociedad civil, organizaciones humanitarias y el sector privado y otros asociados.

Las consultas abarcaron en total a más de 23.000 personas de 153 países. Los resultados obtenidos en cada región del mundo se reunieron en ocho consultas regionales celebradas en Abidján, Ammán, Auckland, Budapest, Dushanbé, Ciudad de Guatemala, Pretoria y Tokio. También se celebraron a escala mundial consultas temáticas, como las de Berlín, Bonn, Doha, Lausana, Nueva York y Singapur. El poder de la comunicación digital permitió que se escucharan miles de voces más mediante el envío de más de 5.500 comentarios en línea de un lado a otro del globo. El proceso culminó con una consulta mundial que tuvo lugar en Ginebra, en octubre de 2014, y congregó a más de 1.000 participantes de todo el mundo para examinar los resultados obtenidos.

Los resultados de las consultas se presentaron en el informe titulado Recuperar la humanidad: llamamiento a la acción mundial, que se publicó en septiembre de 2015. En ese informe se resumen miles de conversaciones y contribuciones que constituyen valiosas verificaciones en el terreno para las nuevas recomendaciones. En las consultas se exhortó reiteradamente a centrar la acción humanitaria en las personas afectadas por crisis. Se recabó la visión de un mundo en el que se recupere la humanidad y en el que ninguna persona enfrentada a una crisis muera si puede ser salvada, ni padezca hambre o sea víctima del conflicto por falta de voluntad política o de recursos para ayudarla. Se exhortó en el informe a emprender acciones colectivas decisivas para hacer valer nuestra responsabilidad compartida de salvar vidas y permitir que las personas vivan con dignidad.

El desafío de prestar la ayuda en un mundo en rápida evolución

Las consultas pusieron de relieve los numerosos cambios que ha sufrido el panorama humanitario desde la aprobación en 1991 de la histórica resolución 46/182 de la Asamblea General, por la que se estableció el sistema humanitario internacional. En el siglo XXI, los factores que dan lugar a necesidades de asistencia humanitaria convergen de modo tal que afectan a un número cada vez mayor de personas y aumentan su vulnerabilidad ante las crisis.

El cambio climático, el crecimiento económico y la desigualdad, la inestabilidad de los precios de los alimentos y la escasez de recursos tienen repercusiones globales que trascienden las fronteras nacionales. Los cambios demográficos, en particular la urbanización rápida y no planificada, colocan a un número creciente de personas en riesgo de sufrir los efectos de desastres naturales. Las guerras civiles de envergadura, que dan lugar a más del 80% de las necesidades humanitarias, han aumentado de 4 en 2007 a 11 en 2014.

Para hacer frente al aumento de estos desafíos y demandas, en las consultas se subrayó la necesidad de que el sistema humanitario incorporara agentes nuevos y tecnologías nuevas a su labor. En particular, se puso de relieve la función de primera línea que desempeñan los agentes locales, entre ellos los gobiernos, las organizaciones regionales, las organizaciones no gubernamentales, los grupos de la sociedad civil, las redes de voluntarios, las organizaciones confesionales, el sector privado y las propias comunidades afectadas. Se exhortó a que los diversos agentes que atienden las necesidades de personas afectadas en todo el mundo fueran incluidos en mayor medida en la preparación para crisis humanitarias y en las fases de planificación, respuesta y recuperación. Gracias a los avances de la tecnología, las propias personas afectadas por crisis, que cuentan con más medios de comunicación y están más conectadas, exigen respuestas. Es preciso que el futuro de la acción humanitaria incluya las experiencias y perspectivas de toda esta gama de actores para poder adaptarse verdaderamente a los desafíos que plantea el siglo XXI.

Hacia una nueva agenda para la humanidad

En febrero de 2016, el Secretario General de las Naciones Unidas dio a conocer su informe a la Cumbre Humanitaria Mundial  titulado Una humanidad: nuestra responsabilidad compartida. En ese informe se toman en cuenta los resultados de las extensas consultas, así como los de otros procesos fundamentales, entre ellos la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible;  los grupos de alto nivel sobre las operaciones de paz y la financiación de las actividades humanitarias; el examen de 2015 de la estructura de las Naciones Unidas para la consolidación de la paz; el examen de la resolución 1325 (2000) del Consejo de Seguridad relativa a las mujeres y la paz y la seguridad; el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030; y el Acuerdo de París de 2015 sobre el cambio climático.  

En dicho informe, el Secretario General subraya que es necesario dar prioridad a la humanidad en la adopción de decisiones, es decir, al derecho de las personas a vivir con seguridad y dignidad y con perspectivas de florecer, y presenta una Agenda para la Humanidad en la que se exponen las medidas clave y los cambios estratégicos necesarios para hacerla realidad. Asimismo, exhorta a los Estados Miembros, a las Naciones Unidas, a las organizaciones humanitarias y a otros interesados pertinentes a que respalden cinco responsabilidades básicas: i) liderazgo político para prevenir y poner fin a los conflictos; ii) defender las normas que protegen a la humanidad; iii) no dejar a nadie atrás; iv) cambiar la vida de la gente, desde proporcionar ayuda hasta poner fin a la necesidad; y v) invertir en el capital humano. Consideradas en conjunto, las cinco responsabilidades básicas de la Agenda para la Humanidad encierran el potencial para cambiar las vidas y poner en marcha un vuelco importante de la forma en que la comunidad mundial hace frente a los sufrimientos de las personas mediante la preparación y la respuesta para casos de desastre. Se pide a los líderes que comiencen a aplicar la Agenda de inmediato una vez concluida la Cumbre, y que logren avances en un plazo de tres años.

Estambul: Un punto de inflexión

El proceso de consulta mundial ha dado lugar a un llamado sin precedentes en favor del cambio que ha encontrado eco en los más altos niveles de dirección de las Naciones Unidas. Miles de voces han exhortado a que la primera Cumbre Humanitaria Mundial que se celebra sea un punto de inflexión de la manera en que el mundo se prepara para las crisis, las previene y responde a esas situaciones.

A partir de nuestra humanidad compartida y de la fortaleza que puede hallarse en la diversidad, Estambul ofrece el momento oportuno para que los dirigentes mundiales de gobiernos, organizaciones humanitarias, empresas y la sociedad civil se comprometan con las cinco responsabilidades básicas a fin de que la Agenda para la Humanidad constituya un marco para la acción, el cambio y la rendición de cuentas mutua.

La Cumbre Humanitaria Mundial debe ser el punto de partida para superar toda división en nombre de nuestra humanidad compartida, y producir un cambio real en las vidas de millones de mujeres, hombre y niños. Miles de personas de todo el mundo han pedido a los dirigentes que impulsen este cambio. Abrigo la esperanza de que el encuentro de Estambul sea recordado como el momento en que el mundo se reunió solidariamente para poner en marcha esta transformación. Se trata de una deuda que tenemos con los millones de personas afectadas por las crisis.