Durante casi una década al frente de las Naciones Unidas, he visto cómo nuestro mundo ha sido puesto a prueba una y otra vez: crisis climáticas, aumento de la pobreza, conflictos violentos y reducción del espacio cívico.
Pero también he sido testigo de cómo muchas soluciones han arraigado. Todas ellas tenían un denominador común: las mujeres.