El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) describe el círculo polar ártico como el "barómetro" del cambio climático mundial. Los 160.000 esquimales que viven en el Norte del Canadá, Groenlandia, Alaska y Chukotka (Rusia) han sido testigos del cambio que ha sufrido su entorno natural como resultado del calentamiento de la Tierra durante casi 20 años.


Es importante que conozcan el significado y los efectos del cambio climático para nosotros, puesto que lo que estamos experimentando actualmente sucederá en el Sur dentro de pocos años. Vivo en Inuvik, muy por encima del círculo ártico, en el delta del río Mackenzie, en los territorios noroccidentales del Canadá. En Inuvik, sede septentrional del desarrollo del petróleo y el gas de la región del mar de Beaufort, viven alrededor de 4.000 personas. La globalización ha alcanzado al círculo polar ártico, que ha salido de su aislamiento. El Sur está ansioso por hacerse con nuestro petróleo, nuestro gas y nuestros minerales. Actualmente, muchas zonas del Ártico son objeto de rápidas misiones de exploración. El Estudio Geológico de los Estados Unidos cree que un 25% del petróleo y el gas que queda en el mundo se encuentra aquí. El Norte del Canadá es la tercera región del mundo en producción de diamantes; en esta zona se han encontrado grandes reservas de metales básicos y preciosos, así como de carbón. En los últimos 40 ó 50 años, Inuit se ha visto obligado a adaptarse a los cambios sociales, económicos y culturales. Pero, a medida que nos adaptamos a la globalización, nos vamos dando cuenta de que, probablemente, el principal motor de los cambios socioeconómicos y culturales de los próximos años será la moderación del clima.


En 1999, el Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible, con sede en Winnipeg, y la comunidad de Sachs Harbour (con unas 125 personas), en la isla de Banks de la región del mar de Beaufort, documentaron los cambios ambientales registrados a escala local y regional. En un vídeo que mostraron a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático con ocasión de la Conferencia de las Partes de 2000, los cazadores y las personas mayores hablaron con serena autoridad sobre: cuestiones comunes y cambios acumulativos; el deshielo del casco polar, que se traduce en la disminución de las playas y la erosión de los lagos; el aumento de las precipitaciones de nieve; la mayor duración de las épocas en las que el mar no se encuentra congelado; la aparición o invasión de nuevas especies de pájaros, peces e insectos (lechuzas, ánades, ánades rabudos y salmones) en las proximidades de la comunidad; una reducción de la población de lemmings (que constituyen el alimento básico de las focas árticas y una especie fundamental); así como de la tendencia general al calentamiento.


Estos cambios no son exclusivos de mi región. También han sido observados por los esquimales de Groenlandia y Alaska, los saami del Norte de Noruega, los aleutianos de las Islas Aleutianas, los atabascanos y gwich'in de América del Norte, los nenets, los chukchi y muchas otras poblaciones indígenas del Norte de Rusia. Nuestro mundo se enfrenta a cambios cada vez más importantes. Los conocimientos tradicionales acerca de cómo funciona el mundo que pasaban de generación en generación ya no son tan precisos como lo eran anteriormente. El cambio climático ya no es un lejano problema teórico que deberán resolver las generaciones futuras. Se está produciendo ya en el Ártico, que está luchando por adaptarse a sus efectos. Las comunidades se enfrentan a la desaparición de los enclaves históricos, la erosión de los cementerios y a graves trastornos y reubicaciones. Los esquimales son tan adaptables como los demás, pero sólo hasta cierto punto.


Nuestras observaciones contribuyeron a persuadir a los ocho Estados Árticos de la necesidad de lanzar una Evaluación del Impacto del Clima en el Ártico (ACIA) en 2000, en la que participaron más de 300 científicos de 15 países, que contaron con la ayuda de las poblaciones indígenas de la región. Esta evaluación, publicada en 2005, constituyó la pieza fundamental en la Conferencia de las Partes de 2005, que se celebró en Montreal. La evaluación influyó poderosamente en los tres sumarios dirigidos a los encargados de la formulación de políticas, publicados en 2007 por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y que trataban sobre la ciencia física de la mitigación del cambio climático, así como sus efectos sobre el Ártico y las vulnerabilidades de esta región frente a este fenómeno.


Hace diez años, casi nadie hablaba del cambio climático en la parte del mundo en la que vivo; hoy en día, se escuchan en todo el mundo historias sobre el cambio climático en las que se habla de osos polares, focas y esquimales. Los científicos y políticos comienzan a leer el mensaje del barómetro del Ártico: se aproxima una tormenta. Una conclusión fundamental de las casi 1.000 páginas de la Evaluación es el deshielo y la desaparición del antiquísimo hielo marino estival prevista para mediados o finales de siglo. En ese momento, el Océano Ártico se parecerá a los Grandes Lagos de América del Norte, que se congelan (en cierta medida) en invierno y se deshielan en verano. Desde que se llevó a cabo la ACIA, la ciencia sugiere que este fenómeno podría darse en 2040 o incluso antes.


Permítanme centrarme en dos de las muchas consecuencias expuestas en la ACIA en relación con un verano ártico sin hielo marino. En primer lugar, los mamíferos marinos, incluidos los osos polares, las focas y las morsas, así como las especies de aves marinas que han hecho del hielo marino su hábitat, se enfrentan a una potencial "extinción". La cultura y la relación de los esquimales depende de manera crucial del ecosistema ártico: lo que sucede a sus especies afecta directamente a nuestra fortaleza. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático tiene la finalidad de prevenir el cambio climático "peligroso" para "garantizar que la producción alimentaria no se vea amenazada". Pues bien, la amenaza ya es una realidad en el Ártico. El Consejo Ártico trabaja actualmente en diferentes escenarios sobre las condiciones del hielo previstas para 2020 y 2050.


En segundo lugar, mejorarán los accesos (sobre todo por mar) a los minerales e hidrocarburos árticos, muchos de los cuales están situados a cierta distancia de las costas. Se prevé un importante incremento del volumen de transportes de carga a través de los pasos nororientales o noroccidentales, o incluso a través del propio Océano Ártico. En resumen, el cambio climático fomentará y acelerará el desarrollo industrial en una región única, altamente frágil y vulnerable. No es exagerado imaginar los envíos a través del Ártico, uniendo Europa y Asia con las costas orientales y occidentales de América del Norte, ahorrando miles de kilómetros con respecto a las rutas marítimas habituales y ejerciendo un impacto aún mayor sobre nuestra región.


El círculo polar ártico podría muy bien convertirse en una región de considerable importancia geopolítica y estratégica. Algunos autores han predicho que se producirán masivos movimientos de población como resultado del cambio climático. Esto podría ser plausible en las regiones tropicales y templadas, pero se antoja muy improbable en el Ártico. Pero, ¿qué les ocurrirá a las poblaciones indígenas de la región en un futuro en el que el cambio climático mundial será la nota dominante? No existe una respuesta concluyente, pero sin duda será necesario acometer una adaptación a gran escala a pesar de los riesgos existentes. La cultura de los esquimales y de otras poblaciones indígenas del Ártico se basa en su relación con la tierra, el entorno y los animales. Una total adaptación a un futuro industrial equivaldría a una asimilación que las poblaciones indígenas de todo el mundo tratan de evitar.


Es probable que los métodos a través de los que se lleva a cabo la adaptación reflejen la relación que existe entre las poblaciones indígenas del Ártico y sus gobiernos nacionales. Pero, independientemente de lo que depare el futuro, los esquimales y todas las poblaciones indígenas del Ártico presionarán a la comunidad mundial para que se reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero, que constituyen la principal causa del impacto del cambio climático que estamos viviendo en el círculo polar ártico y que se prevé que tendrá lugar en otras zonas.