17 octubre 2011

Se están produciendo cambios acelerados en la región de Asia y el Pacífico, incluidas sus zonas rurales, al constituirse en motor impulsor del crecimiento de la economía mundial. En 2010, los países en desarrollo de la región crecieron a la impresionante tasa de 8,8%, frente al 2,7% de crecimiento de las economías del mundo desarrollado. Se espera que el crecimiento de los países desarrollados se mantenga alrededor del 2,5% durante gran parte del presente decenio, por tanto, se está conformando un nuevo paradigma de desarrollo. El modelo de desarrollo "hecho en Asia, consumido en Occidente" que sirvió tan bien a este último en el pasado, está dando paso a un crecimiento económico más inclusivo y sostenible, y por ello sus fuentes se encuentran cada vez más en la región. La innovación digital, que ha surgido como contribuyente fundamental a este cambio de paradigma, es muy prometedora y permite esperar el empoderamiento de todos los pueblos para que puedan hacer una contribución más significativa a la nueva sociedad del conocimiento.

Hay tres aspectos de esta revolución digital que encierran grandes esperanzas para el futuro: las promesas del milagro de la telefonía móvil, la revolución de la banda ancha y los medios de comunicación sociales.

EL MILAGRO DE LA TELEFONÍA MÓVIL

En menos de cinco años el número de abonados a la telefonía móvil en la región ha crecido en más del doble, de alrededor de 1.080 millones a 2.530 millones. En Asia Oriental, por ejemplo, el 83% de las personas que viven en zonas rurales tienen un teléfono móvil. Paralelamente aumentó el número de fabricantes y operadores autóctonos, que ya pueden considerarse rivales de los de Occidente. El modelo comercial que aplican se basa en tomar como objetivo la base de consumidores de la región, de un bajo nivel de gastos pero de enorme tamaño. El resultado es que por primera vez contamos con una telefonía móvil asequible y verdaderamente inclusiva que llega a todos: pobres y ricos, habitantes de zonas rurales y de zonas urbanas, mujeres y hombres, jóvenes y personas de edad.

LA REVOLUCIÓN DE LA BANDA ANCHA

Con la introducción de la banda ancha de alta velocidad, la Internet ha dejado de ser un servicio de información para convertirse en una infraestructura decisiva de computadoras y personas conectadas, transformando así todos los aspectos de nuestras vidas y nuestras economías. También en este caso nuestra región ha mostrado destreza para la innovación. Las aplicaciones locales que utilizan cada vez más dispositivos móviles en lugar de computadoras personales están haciendo importantes contribuciones al desarrollo a medida que los servicios electrónicos evolucionan y pasan a ser, por ejemplo, servicios móviles de salud, bancarios y de educación. Sobre todo entre los habitantes pobres de zonas rurales geográficamente aisladas, cada día se observan evidencias de que va desapareciendo irreversiblemente el yugo de la pobreza predestinada; no cabe duda de que nos encontramos en medio de una segunda revolución de la tecnología de las comunicaciones como nunca se había visto desde principios del decenio de 1990, cuando comenzamos a enviar cautelosamente mensajes electrónicos. Esto ha encontrado eco en la Comisión sobre la Banda Ancha para el Desarrollo Digital, de las Naciones Unidas, que en su declaración a los dirigentes mundiales asistentes a la Cumbre sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio1, celebrada en 2010, indicó que la banda ancha representará un memorable cambio económico y social que marcará una diferencia en la forma de abordar los innumerables desafíos que encaramos, como los costos de la atención de la salud, las disparidades en el campo de la educación y los efectos del cambio climático, por solo mencionar algunos.

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIALES

La conexión a través de redes sociales se ha arraigado como una nueva forma de comunicación. Está cambiando las oportunidades de expresión, la naturaleza del intercambio de contenidos y todo el panorama de los medios de comunicación. Ya los consumidores no solo consiguen lo que quieren y donde y cuando lo quieren, sino que además se están empoderando como productores de contenido puesto que hacen aportes a una corriente continua de textos, datos y vídeos. Así, la comunicación a través de redes sociales por Internet se ha convertido en un elemento central del poder de comunicación de los individuos y de sus valores plurales. Esta situación repercute ampliamente en la dinámica de grupo, la formación de ideologías de grupo y las estructuras sociales e institucionales.

Si se consideran estos avances en conjunto, hoy resulta más real que nunca la promesa de que las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) dotaran a las personas de medios para transformar la información en mejor comprensión y conocimientos.

Al mismo tiempo es necesario que, junto con todos los interesados, reconozcamos plenamente que un acceso ilimitado a la información, las ideas, los conocimientos y las aplicaciones plantea inmensos desafíos. A la vez que aumentan las promesas, también aumentan los peligros y ello da lugar a una interacción que nunca es estática. En este sentido, tres cuestiones se destacan en nuestra región.

PRIMERA CUESTIÓN: EL PELIGRO DE QUE AUMENTEN LAS BRECHAS EN LA NACIENTE SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO DENTRO DE LA REGIÓN

Durante el decenio pasado la brecha digital no se redujo; se amplió. En nuestra región ello no ocurre solamente con las diferencias que tradicionalmente separan al Norte y el Sur Globales, sino que las brechas más amplias son intrarregionales; es decir, entre los países de Asia y el Pacífico más avanzados en tecnologías de la información -Australia, el Japón, Nueva Zelandia, la República de Corea y Singapur- y sus países en desarrollo. Asimismo, respecto de los países en desarrollo existen amplias disparidades entre Asia Oriental y Asia Meridional. Ciertamente, esto refleja en gran medida el cambio de paradigma regional en el que algunos países se abren paso como líderes mundiales en innovación, dinamismo y crecimiento. Ahora bien, más inquietante es el hecho de que cuatro de cada cinco personas de los países en desarrollo (muchas de ellas residentes en zonas rurales) no tienen acceso a Internet y esa brecha ha aumentado precisamente en tecnologías (Internet móvil de banda ancha) que son los instrumentos más poderosos para lograr la transformación en una economía de conocimientos.

SEGUNDA CUESTIÓN: EL PELIGRO DE UNA MAYOR MARGINACIÓN DE LOS POBRES

Las personas más pobres corren el riesgo de quedar aún más rezagadas. En la región hay más de 950 millones de personas que viven con menos de 1,25 dólares diarios, muchas de ellas dedicadas a la agricultura de subsistencia. De hecho, 2.400 millones de personas, o sea, alrededor del 58% de la población, viven en zonas rurales a las que, en muchos países, todavía no llegan las redes móviles de tercera generación (3G). Por otra parte, a pesar de las promesas de la telefonía móvil, es peligroso limitarse a suministrar dispositivos a las zonas rurales y esperar que todo marche bien. Para que se materialicen las promesas de esa tecnología, es necesario dotar a los más pobres de nuevas capacidades, no solo para adquirir información, sino también para transformarla en opciones, en una mejor comprensión de las ventajas comparadas y en nuevos medios de sustento.

TERCERA CUESTIÓN: EL PELIGRO DE QUE FRACASEN LAS POLÍTICAS, INCLUIDA LA DE PROTEGER A LOS VULNERABLES

En relación con lo anterior, cabe considerar el peligro de que la formulación de la política siga imbuida de perspectivas tecnodeterministas y no reconozca ni aborde las complejas interrelaciones que surgen cuando la innovación tecnológica ofrece mayores oportunidades solo para algunos grupos de personas. Hoy día la sociedad de la información está organizada en torno a sistemas creativos de adopción de decisiones, en los que la iniciativa está pasando a manos de personas que tienen un conocimiento detallado de lo que se necesita o se desea. Las jerarquías tradicionales ya no garantizan la aplicación de determinados resultados que se logran mediante una adopción de decisiones centralizada. En lugar de ello, los cambios evolucionan en un contexto de valores compartidos gracias a la tecnología de la información que permanecen fluidos, puesto que la creatividad de las personas puede siempre dar lugar a nuevos cambios. A medida que se trazan y se vuelven a trazar nuevas líneas, los que más ganan son aquellos que tienen más capacidad -y recursos- para aprovechar los sistemas de conocimiento cambiantes. En este proceso se están estableciendo líneas de demarcación que pueden acentuar un desarrollo exclusivo y no inclusivo, agrandar las disparidades socioeconómicas al excluir aún más a los pobres y vulnerables de los sectores productivos, y profundizar la incongruencia de que existan élites conectadas a escala mundial y poblaciones locales desconectadas.

Otro peligro que se avizora es la posibilidad de que las políticas dejen de incorporar, preparar y proteger al número cada vez mayor de personas vulnerables de nuestra sociedad. Durante los próximos 40 años, la tendencia demográfica más importante en las economías de la región de Asia y el Pacífico será el envejecimiento de la población. Para 2025 el coeficiente de dependencia de las personas de edad habrá aumentado de 10 en 2009 a 27 en 2025. Alrededor de 1.200 millones de personas serán mayores de 60 años y habrá un grupo de edad "muy avanzada" que representará a unos 200 millones de personas. Las enfermedades crónicas y alguna forma de discapacidad, incluida la demencia, afectarán a un nutrido segmento de la población. Dado que los más jóvenes trabajan en zonas urbanas, las mayores cohortes de personas de edad avanzada con discapacidad se encuentran en las zonas rurales, y muchas de ellas son mujeres y pobres, lo que las hace especialmente vulnerables a una triple discriminación.

Aunque existen muchos ejemplos de las formas en que las TIC pueden mejorar la calidad de vida de una sociedad que envejece, como productos inteligentes para el hogar que facilitan una vida independiente, la conexión a redes sociales para superar el aislamiento y los servicios de salud móviles que facilitan la vida en el hogar, hasta ahora la respuesta entre las personas de edad ha sido lenta. Esto se debe en parte a una clara falta de conocimiento en la industria sobre las necesidades de las personas de edad, y, por consiguiente, a escasas señales de que los fabricantes estén diseñando productos de tecnologías de la información para satisfacerlas. Además, la aplicación de mejoras de la política y la legislación ha tenido lugar con relativa lentitud.

Por otra parte, un incentivo de la industria es la precoz acogida de las nuevas tecnologías por los más jóvenes y los adultos jóvenes. Datos disponibles en los países desarrollados sugieren que alrededor de la tercera parte de los niños ya utilizan la Internet a los seis o siete años de edad, y que sus principales actividades recreativas son las comunicaciones por medio de juegos, charlas, mensajes instantáneos y sitios de redes sociales. Esto ha planteado muchas nuevas cuestiones, entre ellas la exposición de los niños a nuevas formas de vulnerabilidad, para las que no hay soluciones sencillas en una sociedad sin fronteras y siempre conectada.

RESPUESTAS NORMATIVAS Y FUNCIÓN DE LA CESPAP

Es evidente que queda mucho por hacer en la esfera normativa para poder afirmar genuinamente que las TIC han mejorado de forma inequívoca el desarrollo humano. Una complacencia arraigada en la noción de que lo mejor es dejar el cambio a merced de las innovaciones que dicte el mercado, sin directrices de política activas, significará casi seguramente que las poblaciones de Asia y el Pacífico, dotadas de muchos recursos pero así y todo pobres, no podrán aprovechar las promesas del siglo XXI. La clave radica en hallar modelos en los que la creatividad individual se fusione con las aspiraciones, la flexibilidad y la seguridad colectivas.

La protección social ocupa un lugar prominente en el programa regional. Como señalé al referirme al tema del 67º período de sesiones de la Comisión2, la protección social no es un gasto, es una inversión y una decisión económica inteligente. En lugar de enfocar la protección social mediante intervenciones en respuesta a determinados sucesos o síntomas, los países de Asia y el Pacífico están avanzando gradualmente hacia soluciones generales de alcance universal como fundamentos indispensables de su visión del desarrollo inclusivo.

Queda mucho por hacer en lo que respecta a utilizar la protección social para enfrentar las causas subyacentes de la pobreza y la desigualdad, y, en este sentido, esa protección puede utilizarse para potenciar el empoderamiento transformador de los instrumentos de las TIC. A ese efecto se precisa de un nuevo pacto social sobre las telecomunicaciones entre el gobierno y los intereses comerciales para aprovechar la conectividad de banda ancha y abrir nuevas sendas hacia el desarrollo inclusivo y sostenible. Mediante una labor en conjunto, el gobierno y la industria pueden reorientar el futuro de las sociedades de Asia y el Pacífico, y las oportunidades pueden ser enormes para los primeros en acometer esta empresa. También se necesitan inversiones en una autopista de la información para la región, utilizando la cooperación entre los países para aprovechar las conexiones por aire, mar y tierra con el fin de acelerar las transferencias de información. A nivel nacional, el caso de la República de Corea, uno de los países de la región que ha hecho extraordinarios avances en las tecnologías de la información, proporciona algunas lecciones de política importantes sobre cómo construir una sociedad del conocimiento para todos. Su red móvil 3G, construida en 2003, abarca al 99% de su población y al 80% de su territorio. Es interesante observar que el Gobierno pidió a Korea Telecom (KT), la mayor compañía de telecomunicaciones del país, que, como parte de las obligaciones universales de servicio que por ley competen a las principales compañías, construyera redes en zonas en que existían 50 o más hogares. Aunque la KT invirtió recursos propios en la red de fibra óptica en 2006, se hizo evidente que no sería posible seguir avanzando en la reducción de la brecha digital sin contar con financiación pública. Se estableció un sistema de financiación privado/público por el que el gobierno central, los gobiernos locales y compañías privadas contribuían a la financiación en una relación de 1:1:2, respectivamente. En 2008 todas las zonas rurales tenían acceso a Internet de alta velocidad a razón de 2 megabits por segundo, y las zonas rurales pudieron disfrutar de las mismas tasas fijas que los usuarios urbanos gracias a una explícita política gubernamental sobre igual trato geográfico. Además, dado que se necesitan velocidades de 50 megabits por segundo o más para intercambiar materiales de mucho contenido vinculados con servicios como televisión por Internet, cibersalud y cibereducación, en 2010 el Gobierno comenzó a desplegar una infraestructura de fibra óptica mejorada que proporcionará a todos los abonados de las zonas rurales acceso a velocidades ultrarápidas. Actualmente el 56,1% de los hogares de las zonas rurales (frente a un promedio nacional de 81,6%) tienen acceso a la banda ancha de 50 megabits por segundo.

El Nuevo Pacto Social abordará también cuestiones éticas, y en este sentido, una iniciativa que se podría seguir estudiando y ampliando es la de los Principios sobre Redes Sociales más Seguras, de la Unión Europea, a la que se han incorporado voluntariamente 20 sitios de redes sociales activos en Europa. Cuando establecemos nuestros marcos normativos regionales, enfrentamos desafíos que tienen un alcance mundial, y el trabajo en conjunto con asociaciones que trasciendan nuestra región nos puede hacer más fuertes.

En la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico (CESPAP), nuestra labor relacionada con la sociedad de la información se rige por el criterio de que las TIC son instrumentos que pueden tanto empoderar a los ciudadanos para que sean agentes principales del cambio, como captar la participación de los gobiernos en calidad de asociados de la población, prestando apoyo mediante directrices normativas. Examinamos las cuestiones desde amplias perspectivas socioeconómicas, y analizamos las opciones de política y las compensaciones. Movilizamos a los principales interesados, incluidos los encargados de adoptar decisiones que pueden lograr el compromiso político requerido.

También recabamos respuestas más amplias dentro del sistema de las Naciones Unidas, valiéndonos del Mecanismo de Coordinación Regional de los organismos de las Naciones Unidas con base en Bangkok, el cual presido. Por ejemplo, en mayo de 2011, en ocasión de celebrarse el 67º período de sesiones de la Comisión, la CESPAP, junto con la Unión Internacional de Telecomunicaciones y el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones del Gobierno de Tailandia, celebraron durante tres días actos especiales con el tema "Mejor vida para las comunidades rurales con las TIC", a los que contribuyeron todos los organismos de las Naciones Unidas radicados en Bangkok.

Por último, la sociedad de la información de hoy puede adaptarse mejor de modo que la sociedad del conocimiento de mañana no solo estimule la innovación, sino que incluya también las contribuciones productivas de los grupos pobres y vulnerables. Es necesario que demos cumplimiento a nuestras responsabilidades si aspiramos a que se materialicen las promesas. Ya no se trata de asegurar que se preste atención a un nuevo ámbito cada vez más importante para el desarrollo, sino de asegurar que se preste suficiente atención a una esfera que ya está haciendo una contribución significativa al desarrollo inclusivo y sostenible.

Notas

1 Un imperativo directriz en 2010: Avanzar hacia un futuro construido en banda ancha. Un informe de la Comisión de la Banda Ancha.

2 CESPAP, La promesa de la protección: protección social y desarrollo en Asia y el Pacífico, 2011.

 

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