Este mes se cumplen ochenta años desde que el Boletín Semanal de las Naciones Unidas, predecesor de la Crónica ONU, comenzó su larga trayectoria informando sobre lo que entonces era una organización mundial incipiente: las Naciones Unidas. Para conmemorar este aniversario, revisamos la primera edición del Boletín, que se publicó el 3 de agosto de 1946, para analizar qué nos puede revelar sobre la labor de la Organización en la actualidad y en los años venideros.
En una época de profundos cambios, nuestra primera edición surgió junto con innumerables novedades. Entre otros elementos, incluía la “Introducción” al primer informe anual del Secretario General sobre la labor de las Naciones Unidas, que constaba de 66 páginas, a pesar de que solo abarcaba los primeros meses posteriores a la primera parte de la primera sesión de la Asamblea General, realizada en Londres en enero y febrero de 1946. La introducción fue escrita por Trygve Lie, el primer Secretario General de las Naciones Unidas, quien ofreció una visión lúcida de los avances y los problemas encontrados en la creación de la administración, la programación y las políticas de la nueva Organización. Abordaba cuestiones relacionadas con el Consejo de Seguridad, el Consejo Económico y Social y la Secretaría, así como la transferencia de los activos de la Sociedad de Naciones y los acuerdos entre las grandes potencias.
Pero el Sr. Lie también expresó inquietudes claras sobre la percepción pública: “¿Ha logrado la ONU captar la imaginación y canalizar el entusiasmo de los pueblos del mundo? Personalmente, no creo que lo haya hecho en la medida esperada”. Consideraba que esto podría explicarse en parte por la lentitud de los procedimientos de la ONU, derivada de una excesiva atención a cuestiones de procedimiento y organización. Para las instituciones burocráticas de todo el mundo, un exceso de niveles administrativos conduce a la ineficiencia, y el sistema de las Naciones Unidas no ha sido la excepción. Sin embargo, las relaciones internacionales son un asunto diplomático complejo, y el Secretario General advirtió sobre el ritmo de trabajo: “Sin duda, es mejor emplear el tiempo necesario para la correcta resolución de controversias, cuando un acuerdo apresurado solo podría acarrear problemas futuros”.
El Sr. Lie también lamentó la “falta de perspectiva histórica al analizar el mundo actual” y consideró que se podía hacer mucho para “educar” y “concientizar” a la opinión pública sobre la importancia de la labor, a menudo discreta pero fundamental, de las Naciones Unidas, y para corregir ciertos malentendidos generalizados sobre la Carta de las Naciones Unidas y las funciones y limitaciones de la Organización. Asimismo, enfatizó la importancia de la información pública y la perspectiva en la introducción al número inaugural del Boletín Semanal de las Naciones Unidas, señalando que “…es natural que el público recurra a la Secretaría en busca de información fidedigna sobre los problemas que abordan las Naciones Unidas y sobre las medidas que se están adoptando al respecto”. Sin duda, reconoció el papel fundamental del contenido sobre las Naciones Unidas producido por la propia Organización, concretamente a través de la nueva revista que un día se conocería como la Crónica ONU .

¿En qué punto nos encontramos?, preguntó finalmente el Secretario General, reflexionando sobre el camino que tenemos por delante y evocando recuerdos de las secuelas de la Primera Guerra Mundial (1914-1918):
Podemos encontrar cierto aliento e inspiración para la solución de nuestras dificultades al recordar que, en algunos aspectos importantes, la situación internacional en 1919 y 1920 era más grave que la actual. Y la mera existencia de las Naciones Unidas es hoy un factor de valor incalculable. Si alguien lo duda, basta con preguntarse cuál sería el estado de las relaciones entre los pueblos y las perspectivas de paz mundial si las Naciones Unidas no existieran. No hay motivo para el desaliento, y mucho menos para el pesimismo.
Ochenta años después, resulta imposible saber qué opinaría Trygve Lie sobre la situación internacional actual en relación con la evolución y la capacidad de las Naciones Unidas. Sin embargo, reflexionar sobre ello es un ejercicio interesante, especialmente ahora que las reformas de la Iniciativa UN80 se están implementando, con el objetivo de hacer que la Organización sea más ágil y eficaz y reafirmar la relevancia de las Naciones Unidas en un mundo en constante cambio.
En 1946, al igual que hoy, el Secretario General reconoció las vulnerabilidades de las Naciones Unidas, así como lo que se requiere para su éxito: “Por sí sola [la Organización] no puede hacer nada. Es un mecanismo a través del cual las naciones pueden cooperar. Puede utilizarse y desarrollarse a la luz de sus actividades y experiencia, para beneficio incalculable de la humanidad, o puede desecharse y destruirse… La elección es entre la vida y la muerte”.
¿Entonces, en qué situación nos encontramos ? En la búsqueda del progreso social, mejores niveles de vida en un entorno de mayor libertad y justicia internacional, la labor iniciada en 1946 continúa con dedicación y, dado el potencial ilimitado del desarrollo humano, jamás cesará. Asimismo, persiste el trabajo tenaz por mantener la paz y la seguridad, que se basa en la acción colectiva de los Estados y en el uso de los buenos oficios ofrecidos por las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales. El fin de los conflictos armados puede ser esquivo, pero la realidad es que no ha habido más guerras mundiales desde que aquellas palabras del Secretario General Lie aparecieron en nuestra primera edición; habiendo vivido dos de estas guerras, esto sin duda le habría brindado cierta satisfacción.
A continuación, se presenta, sin editar, otro texto que apareció en la primera edición de esta revista, insertado en la introducción del informe del Secretario General Lie, analizada anteriormente. Si bien es breve, este artículo ofrece un relato cronológico del enfoque metódico empleado por las Naciones Unidas para abordar la tarea principal durante su primer año de funcionamiento: la reconstrucción intercontinental tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Asimismo, permite vislumbrar el mundo que dejamos atrás con el surgimiento del sistema multilateral moderno, un mundo que podría regresar si se permitiera nuevamente que los conflictos salgan del control.
La Crónica ONU celebra 80 años de difusión del conocimiento sobre la labor de la ONU, reafirmando la convicción de que la Organización sigue trabajando por un mundo mejor para toda la humanidad, tanto en tiempos de progreso como de adversidad. Hay cosas que nunca cambian, y la misión de las Naciones Unidas es una de ellas.
“La ONU planea la reconstrucción”

Del Boletín Semanal de las Naciones Unidas, predecesor de la Crónica ONU, 3 de agosto de 1946 (Volumen I, n.º 1), pág. 11.
El 29 de julio, en Londres, se reunió por primera vez la Subcomisión Provisional para la Reconstrucción Económica de las Zonas Devastadas. Este es el último avance en el esfuerzo por elaborar un programa internacional de reconstrucción, que comenzó con la primera sesión de la Asamblea General en Londres.
El 2 de febrero de 1946, la Asamblea General aprobó una resolución en la que se constataba que la guerra había provocado una destrucción sin precedentes en vastas zonas; que las naciones amantes de la paz que habían sufrido tales daños representaban casi la mitad de la humanidad; que la economía mundial se vería seriamente afectada por la exclusión de grandes regiones del flujo normal del comercio; que los niveles de vida y de salud se habían visto peligrosamente perjudicados, se había perdido capacidad productiva y, en algunos casos, las actividades económicas normales habían quedado totalmente destruidas.
La resolución señalaba que esta destrucción no podría subsanarse, ni la maltrecha economía mundial recuperarse, a menos que se invirtieran grandes cantidades de nuevos bienes de capital en las zonas devastadas. En la mayoría de los casos, sería imposible reconstruir con la eficiencia y rapidez necesarias si los países afectados se ven limitados por sus recursos y posibilidades internas.
Por consiguiente, la resolución solicitaba al Consejo Económico y Social que examinara con urgencia la cuestión de la reconstrucción de las zonas devastadas por la guerra.
El Consejo Económico y Social, siguiendo el consejo de su Comisión de Economía y Empleo, nombró la actual Subcomisión, compuesta por 20 miembros.
La tarea inmediata de la Subcomisión consiste en proporcionar al Consejo, en su tercer período de sesiones, un estudio preliminar sobre la devastación causada por la guerra en Europa, África y Asia, y formular recomendaciones al Consejo sobre las medidas que deben adoptar las Naciones Unidas para aliviar la difícil situación de los países devastados y facilitar su recuperación.
La Subcomisión está autorizada a realizar investigaciones en las zonas devastadas, con el consentimiento de los países interesados.
Dado que la tarea de investigación se divide naturalmente en dos áreas distintas —Europa y África, por un lado, y Asia, por otro—, se encomendó al Secretario General de las Naciones Unidas la designación de dos Grupos de Trabajo entre el personal de la Subcomisión. Tras designar el primero, decidió que era necesario un debate preliminar entre los miembros de la Subcomisión en pleno sobre el alcance y los métodos de investigación propuestos para Asia antes de designar el segundo Grupo.
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