2 june 2026

A medida que el cambio climático se acelera, el océano influye cada vez más en la realidad física en la que opera la gobernanza climática. El contenido récord de calor oceánico, la intensificación de las olas de calor marinas y la aceleración del aumento del nivel del mar ya no son señales ambientales secundarias. Se están convirtiendo en factores centrales del riesgo climático, de los desafíos de implementación y de la inestabilidad sistémica en todas las regiones y sectores.

Al mismo tiempo, la gobernanza climática internacional está entrando en una nueva fase. Más allá de los objetivos de mitigación, se presta cada vez más atención a la capacidad de implementación, la resiliencia sistémica y la coherencia institucional en un contexto de cambio climático acelerado. En este panorama en evolución, el papel del océano emerge no solo como una cuestión sectorial, sino como un componente fundamental del propio sistema climático.

Los recientes acontecimientos en torno a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2025 (COP 30) ilustran esta transición. Las iniciativas relacionadas con los océanos adquirieron una visibilidad sin precedentes durante las negociaciones, incluyendo nuevos esfuerzos para fortalecer la implementación y la coordinación entre océanos y clima. Los debates sobre una posible “COP 31 Azul” reflejan un reconocimiento más amplio de que la dinámica oceánica es cada vez más relevante para el futuro de la gobernanza climática.

Sin embargo, este creciente impulso político también pone de relieve un desafío institucional. Muchos de los mecanismos que actualmente rigen la gobernanza climática se diseñaron para una realidad climática más estable, en la que la dinámica oceánica solía tratarse de forma independiente de los procesos de gobernanza fundamentales. Hoy en día, sin embargo, la aceleración de las interacciones océano-clima influye cada vez más en cómo se propagan los riesgos climáticos a través de los sistemas alimentarios, las regiones costeras, las infraestructuras, los ecosistemas y las economías.

Esto no implica necesariamente un fracaso de las instituciones existentes. Más bien, sugiere que los sistemas de gobernanza podrían necesitar evolucionar para integrar mejor las nuevas formas de complejidad climática.

Temas que antes se asociaban principalmente con la oceanografía están adquiriendo cada vez más relevancia para la implementación de medidas climáticas: ¿cómo deben incorporarse los indicadores oceánicos a los sistemas internacionales de información? ¿Cómo pueden los marcos de gobernanza conectar mejor la observación científica, la implementación y la toma de decisiones? ¿Y cómo se puede mantener la continuidad institucional a medida que se intensifican los impactos climáticos en sistemas interconectados?

Estas preguntas ya no se limitan a la política oceánica. Cada vez más, influyen en las condiciones operativas bajo las cuales funciona la gobernanza climática.

En el marco del debate sobre la relación océano-clima, están surgiendo diversas propuestas. Estas incluyen el desarrollo de indicadores oceánicos estandarizados, una mayor integración de la dinámica oceánica en el balance global del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático y en los procesos de presentación de informes, así como nuevos mecanismos de coordinación capaces de fortalecer la coherencia entre la ciencia oceánica y la implementación de medidas climáticas. Dichos debates no deben considerarse meros ajustes técnicos, sino parte de un proceso más amplio de adaptación institucional ante la aceleración del cambio planetario.

Por lo tanto, el desafío que tenemos por delante no es solo ambiental, sino también organizacional. A medida que la dinámica oceánica influye cada vez más en la trayectoria del riesgo climático, los sistemas de gobernanza podrían necesitar desarrollar nuevas formas de integración, continuidad y coordinación capaces de operar dentro de un sistema terrestre más interconectado.

El océano ha moderado físicamente el cambio climático durante mucho tiempo. Cada vez más, también puede influir en cómo evoluciona la gobernanza climática a nivel institucional.

 

Nota

Estas reflexiones se basan en ideas esbozadas por primera vez en una publicación de Nature Portfolio de mayo de 2026, que exploraba el creciente papel del océano en la gobernanza climática antes de la COP 31 (Antalya, Turquía, del 9 al 20 de noviembre de 2026).

Carlos García-Soto, “La gobernanza climática ignora el océano: una limitación estructural expuesta en la COP30”, npj Ocean Sustainability vol. 5, n. 23 (9 de mayo de 2026). Disponible en https://doi.org/ /s44183-026-00206-0

 

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