13 april 2026

Poderosas fuerzas están transformando nuestro mundo, y sus efectos se sienten en todas partes. La inteligencia artificial está revolucionando el trabajo y los entornos laborales. La demografía cambia rápidamente y el cambio climático se agrava, mientras que las crisis y los conflictos siguen causando un sufrimiento incalculable y desplazando a millones de personas en todo el planeta. Pocas veces ha sido tan urgente encontrar puntos en común para encontrar soluciones comunes.

La tecnología y la investigación han sido fundamentales para acelerar el desarrollo sostenible. Sin embargo, en algunos casos, el cambio tecnológico también ha profundizado las desigualdades y creado nuevas divisiones y desafíos.

Por eso, el quincuagésimo noveno período de sesiones de la Comisión de Población y Desarrollo de las Naciones Unidas (13–17 de abril de 2026), con su enfoque en la tecnología, la investigación y el desarrollo sostenible, llega en un momento tan importante.

La Comisión es el único foro de las Naciones Unidas dedicado a examinar los progresos realizados en virtud del Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD) de 1994, que afirmó que los derechos reproductivos son derechos humanos, fundamentales para la dignidad humana, la autonomía y la igualdad, y esenciales para el desarrollo sostenible.

Mientras expertos y representantes gubernamentales de todo el mundo se reúnen en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York para reflexionar sobre el impacto de las nuevas tecnologías en la salud y los derechos reproductivos, así como en los datos demográficos, los principios rectores de la CIPD, tan relevantes como siempre, deben ayudarnos a mantener la tecnología y la investigación centradas en las personas y plenamente alineadas con los derechos humanos.

Es fundamental esclarecer estas conexiones para la formulación de políticas basadas en la evidencia y para el futuro del desarrollo sostenible, especialmente en un contexto de cambios demográficos históricos. Algunas sociedades envejecen rápidamente, mientras que otras experimentan un crecimiento demográfico significativo. Un número récord de personas se desplaza por diversos motivos, desde conflictos hasta la búsqueda de mejores oportunidades económicas. Todas estas tendencias conllevan tanto posibilidades, por ejemplo beneficios económicos, como riesgos, incluyendo políticas que podrían restringir los derechos reproductivos o limitar la libertad de elección individual.

La tecnología y la investigación tienen un enorme potencial para mejorar la vida de las personas. Las innovaciones en el cuidado de la salud permiten detectar precozmente los cánceres reproductivos. Las nuevas opciones anticonceptivas, incluidos los inyectables autoadministrados, pueden mejorar la autonomía y la privacidad. La telemedicina y las plataformas de salud móvil brindan atención médica en situaciones de crisis y ofrecen servicios vitales a comunidades remotas. Al empoderar a las personas con estas tecnologías, les brindamos a ellas y a sus comunidades más opciones y fortalecemos su resiliencia, algo que es crucial en esta era de cambio e incertidumbre.

Cuando se utiliza de forma responsable, la tecnología también puede facilitar la adaptación al cambio demográfico. Por ejemplo, se está produciendo una revolución en los datos de población gracias a las imágenes satelitales y la inteligencia artificial (IA), que permiten recopilar datos más precisos y desagregados que reflejan plenamente la diversidad de la población. Estos datos pueden orientar las decisiones presupuestarias y políticas, ayudar a superar las desigualdades históricas y eliminar los obstáculos al desarrollo inclusivo.

Pero por muy prometedor que sea el progreso, no avanzaremos mucho si el acceso a la tecnología sigue siendo desigual. La capacidad de investigación se concentra en un número limitado de países, y dentro de las sociedades, factores como los ingresos, el género y la discapacidad determinan en gran medida quién tiene acceso a la tecnología y quién no. Estas disparidades amenazan cada vez más con dejar atrás a un gran número de personas. Como se subraya en el Pacto para el Futuro y el Pacto Digital Global, el mundo debe cerrar todas las brechas digitales para acelerar el desarrollo.

Además, la inclusión digital depende de la seguridad digital. La investigación sobre la violencia de género facilitada por la tecnología (VGFT) realizada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), que abarca desde el acoso en línea hasta el abuso basado en imágenes, la divulgación de información personal y otros abusos, ha puesto de manifiesto el efecto disuasorio de dicha violencia, que excluye a mujeres y niñas de los espacios públicos y digitales. Sin seguridad en línea, las mujeres no pueden participar plenamente en la economía y la sociedad digitales. Tanto a nivel nacional como internacional, necesitamos marcos jurídicos y regulatorios sólidos para prevenir y responder a la VGFT. Asimismo, necesitamos disposiciones para proteger el uso de datos, aplicar principios de seguridad desde el diseño a medida que la tecnología evoluciona e invertir en alfabetización digital para proteger a mujeres, niñas y jóvenes del abuso en línea.

Todos los países se enfrentan a interrogantes fundamentales sobre cómo adaptar sus economías, a la vez que gestionan las promesas y los desafíos de la automatización y los cambios en el mercado laboral. El UNFPA sigue destacando que invertir en los derechos y las opciones de las personas es la única manera de construir una verdadera resiliencia y adaptabilidad. Esto incluye inversiones en cobertura sanitaria universal, con la salud sexual y reproductiva como eje central, y en educación para desarrollar competencias digitales. Necesitamos políticas más ambiciosas para cerrar la brecha de género en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), donde las mujeres siguen estando subrepresentadas, especialmente en sectores de alto crecimiento como la inteligencia artificial y la computación en la nube.

Los temas que se debaten en la sesión de la Comisión de este año son de vital importancia para todos los países. La velocidad y el impacto de los cambios impulsados por la digitalización y la IA no tienen precedentes. El futuro depende de establecer los vínculos adecuados entre las personas, la tecnología y la investigación, así como de realizar las inversiones necesarias en un desarrollo inclusivo, y no hay tiempo que perder.

Al proporcionar una plataforma para intercambiar opiniones y proponer soluciones, la Comisión pone de relieve el valor real de la experticia en demografía, salud y derechos sexuales y reproductivos, y datos, fundamentada en principios acordados y adaptada a las necesidades de las comunidades y los países de todo el mundo. Esa es la promesa de la agenda de población y desarrollo, que, en la actual era de ansiedad demográfica e incertidumbre global, resulta más relevante que nunca para orientarnos en la toma de decisiones que defiendan los derechos individuales y sirvan al bien común.

 

Este artículo se ha publicado con la ayuda de traducción automática; se han hecho esfuerzos razonables para garantizar su precisión. Las Naciones Unidas no se responsabilizan de las traducciones incorrectas o inexactas ni de otros problemas que puedan derivarse de la traducción automática. Si surgen preguntas relacionadas con la exactitud de la información contenida en esta traducción, consulte la versión original del artículo en inglés.

 

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