Cada año, el 30 de noviembre, las Naciones Unidas observan el Día de Conmemoración de Todas las Víctimas de la Guerra Química. Ese día, la comunidad internacional recuerda a las personas fallecidas y heridas por estas horribles armas y renueva sus esfuerzos colectivos para garantizar que nadie vuelva a sufrir sus efectos.
Este llamamiento es fundamental para la labor de las Naciones Unidas encaminada a eliminar las armas químicas. A través de la Oficina de las Naciones Unidas para Asuntos de Desarme (UNODA) y en estrecha colaboración con los Estados Miembros, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) y entidades de todo el sistema de las Naciones Unidas, la Organización continúa abogando por un mundo libre de armas químicas y promoviendo iniciativas para prevenir su reaparición.
Una larga historia y un compromiso global
La comunidad internacional lleva mucho tiempo intentando eliminar las armas químicas. Tras presenciar el devastador impacto de estas armas en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, los Estados negociaron en 1925 el Protocolo para la Prohibición del Empleo en la Guerra de Gases Asfixiantes, Tóxicos o Similares y de Métodos Bacteriológicos (conocido como el Protocolo de Ginebra), que prohibía el uso de armas químicas y biológicas en la guerra. Este fue un avance significativo, pero no suficiente para erradicar por completo dichas armas. Si bien el Protocolo prohibía su uso, no prohibía su desarrollo, producción ni almacenamiento. Por ello, muchos Estados continuaron desarrollando y almacenando armas químicas a lo largo del siglo XX.
En las décadas de 1980 y 1990, sucesos como el ataque químico en Halabja (Irak) y los ataques con agentes nerviosos en Japón perpetrados por un actor no estatal recordaron a la comunidad internacional que las armas químicas aún no han sido relegadas a la historia. Estos incidentes y otros similares impulsaron nuevos llamamientos a una acción internacional más contundente. Tras muchos años de negociaciones, la Convención sobre las Armas Químicas (CAQ) fue adoptada por la Conferencia de Desarme, celebrada en Ginebra en 1992, y abierta a la firma en 1993; entró en vigor en 1997.
La Convención sobre las Armas Químicas fue un logro histórico: fue el primer tratado multilateral que preveía la eliminación verificable de toda una categoría de armas de destrucción masiva al prohibir el desarrollo, la producción, la adquisición, el almacenamiento, la retención, la transferencia o el uso de armas químicas por los Estados Partes.
A lo largo de los años, 193 países se han unido a la CAQ, lo que se traduce en que aproximadamente el 98 por ciento de la población mundial vive bajo la protección de la Convención.
La CAQ también estableció a la OPAQ como órgano de aplicación de la Convención. Un componente esencial de la misión de la OPAQ desde su creación ha sido la destrucción de los arsenales declarados por los Estados Partes en la Convención. En 2023, tras 25 años de trabajo dedicado y diligente, la OPAQ verificó que todos los arsenales declarados de armas químicas en todo el mundo, que totalizaban 72.304 toneladas métricas, habían sido destruidos irreversiblemente. Este fue un logro histórico para el régimen de desarme y un paso importante hacia el objetivo de un mundo libre de armas químicas.
Cooperación ante los desafíos continuos
Sin embargo, a pesar del compromiso casi universal con la Convención sobre las Armas Químicas y los avances en la destrucción de los arsenales declarados, el mundo aún no está libre de la amenaza de las armas químicas, y crece la preocupación por su resurgimiento. Es impactante que también hayamos seguido presenciando el uso de armas químicas —en Malasia, la República Árabe Siria y el Reino Unido— y se han presentado denuncias de su uso en varios conflictos en curso. Aún más alarmante es el deplorable uso de estas armas contra la población civil.
Las Naciones Unidas, la OPAQ y los Estados Partes en la CAQ deben mantener su compromiso de prevenir el resurgimiento de las armas químicas, que podría surgir de diversas fuentes, como los programas estatales, el desvío de materiales pertinentes a actores no estatales o la readaptación de instalaciones químicas existentes para fines nefastos. Los avances científicos y tecnológicos, como la inteligencia artificial, también amenazan con reducir las barreras para la adquisición de dichas armas y podrían facilitar nuevas formas de adquirirlas, fabricarlas y distribuirlas.

Las Naciones Unidas se comprometen a abordar estos desafíos. La cooperación entre las Naciones Unidas y la OPAQ reviste especial importancia. El carácter mutuamente complementario de nuestra labor quedó demostrado en los esfuerzos por eliminar el programa sirio de armas químicas y las investigaciones sobre el uso de armas químicas en Siria. A través de la Misión de las Naciones Unidas para Investigar las Denuncias de Empleo de Armas Químicas en la República Árabe Siria (la “Investigación Sellström”), la Misión Conjunta de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas y las Naciones Unidas para la Eliminación del Programa de Armas Químicas de la República Árabe Siria, y el Mecanismo Conjunto de Investigación (MCI) de la OPAQ y las Naciones Unidas, ambas organizaciones han colaborado para identificar a los responsables del uso confirmado de armas químicas en Siria.
Aunque estos mecanismos han concluido, la UNODA sigue cooperando con la OPAQ en temas relacionadas con el programa de armas químicas de Siria, en particular los esfuerzos para aclarar el alcance y la extensión total del programa y, a su debido tiempo, eliminar por completo cualquier componente restante y, de ese modo, aplicar plenamente la resolución 2118 (2013) del Consejo de Seguridad. La UNODA también sigue apoyando los esfuerzos para garantizar la rendición de cuentas de los autores de cualquier uso de armas químicas. Con este fin, la UNODA ha cooperado con el Mecanismo Internacional, Imparcial e Independiente (MIII) para ayudar en la investigación y el enjuiciamiento de las personas responsables de los crímenes más graves de derecho internacional cometidos en la República Árabe Siria desde marzo de 2011 en relación con los materiales de los archivos del MCI y de la Investigación Sellström que pueden ayudar a la labor del MIII en casos de presunto uso de armas químicas en Siria.
La UNODA también apoya los esfuerzos para prevenir la proliferación de armas de destrucción masiva a actores no estatales a través de la Dependencia de Apoyo a la resolución 1540 (2004) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que coordina con la OPAQ los esfuerzos para crear conciencia sobre los controles de exportación pertinentes para las armas químicas.
Un futuro libre de armas químicas
En el texto de la Convención sobre las Armas Químicas, los Estados se comprometieron a estar “decididos, por el bien de toda la humanidad, a excluir completamente la posibilidad del uso de armas químicas”.
La UNODA seguirá apoyando todos los esfuerzos encaminados a lograr este objetivo, a defender la norma contra las armas químicas y a relegar definitivamente las armas químicas a la historia.
El Día de Conmemoración de Todas las Víctimas de la Guerra Química debe ser más que un momento de reflexión. Debe servir como un llamado a la acción para que los Estados renueven su compromiso de prevenir cualquier uso de estas horribles armas y exijan responsabilidades a quienes se atrevan a usarlas violando las normas globales y el derecho internacional. Solo garantizando un futuro libre de armas químicas honraremos verdaderamente a las víctimas del pasado.
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