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Rachida cuenta los abusos a las empleadas domésticas en Túnez

Narración

«Nunca pensé que saldría de prisión y sería libre otra vez. Nunca pensé que pasaría.»

Rachida Kouki, 28 años, pasó 18 meses en la cárcel por un crimen que, dice, no cometió. // Rachida nació aquí, una de las regiones más pobres de Túnez, en el norte de África. La pobreza de su familia la obligó a dejar la escuela a los 14 años y a emigrar a Túnez, la capital. Encontró empleo como trabajadora doméstica de una familia rica e influyente, familiares del entonces todopoderoso presidente, Ben Alí. Pero al igual que muchas trabajadoras domésticas, Rachida padeció abusos y fue explotada por sus patrones// que la mantuvieron encerrada en esta casa.

«Traté de huir, y ella llamó a la policía y me atraparon. // Me llevaron a la comisaría y comenzaron a apalearme.»

Golpeada con impunidad, aislada del mundo exterior, Rachida ya no soportaba vivir en esa casa.

«Me dije que la vida en la cárcel sería mejor que la vida en su casa.»

En un intento desesperado por pedir ayuda, Rachida prendió fuego a una alfombra en la casa, sabiendo que sería encarcelada, pero prefiriendo esa prisión a la vida que llevaba en aquella casa. Pero fue acusada de tratar de matar a la familia y fue arrestada inmediatamente. // Sin ninguna representación legal, Rachida fue acusada y sentenciada a cadena perpetua.

Rachida y su familia no son las únicas en sufrir injusticias. // Durante décadas, los tunecinos han vivido bajo el brutalmente represivo régimen del Presidente Ben-Alí: la corrupción estaba generalizada y muchos vivían en una gran pobreza. Los tunecinos se lanzaron a las calles para exigir el fin de la tiranía, desencadenando una ola de manifestaciones que comenzó en Túnez a fines de 2010 y se propagó en la región.

Y en enero de 2011, Ben Alí se vio forzado a huir, dejando la puerta abierta a la elección de un gobierno de transición y una nueva esperanza para mujeres como Rachida. // El abogado Hayet Jazar apeló al presidente interino para rectificar el error judicial.

El presidente de la República dio su indulto y Rachida fue puesta en libertad el 25 de julio de 2012.

Pero aunque Rachida es libre, la lucha de muchas mujeres no ha terminado.

Y para garantizar que los derechos de las mujeres estén plenamente protegidos, la Asociación Tunecina de Mujeres Demócratas, con dinero del Fondo de Naciones Unidas para la Democracia, ha establecido un centro de vigilancia para detectar justamente el tipo de discriminación que sufrió Rachida. Halima Jouini es miembro de esa asociación.

«Este centro de monitoreo es sumamente importante para nosotras, para que las mujeres tengamos las mismas oportunidades. // Porque sin las mismas oportunidades en la educación y el trabajo, y sin un salario y condiciones laborales dignas, no se puede decir que existe una auténtica libertad y que somos ciudadanas de pleno derecho.»

Y Rachida, que ahora es libre, también espera convertirse en una auténtica ciudadana en el nuevo Túnez.

«Quiero conseguir un empleo y trabajar. Quiero hacer cosas que antes no podía. // Quiero ayudar a mi familia a tener la mejor vida posible.»

Este reportaje fue producido por Gill Fickling para las Naciones Unidas.

1 de julio de 2013

Las empleadas domésticas fueron objeto de abusos, explotación, malos tratos y reclusiones en Túnez durante el régimen de Ben Alí. Aunque su Gobierno fue derribado en 2011, corregir la situación lleva tiempo. La ONU está ayudando a lograrlo.

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