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Contra las leyes de la naturaleza... y de los hombres

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«Durante la sequía, mi mayor temor era que si mi ganado moría, también morirían mis hijos».

Sahra Diiriye llegó a tener 1.500 ovejas, pero la sequía acabó con casi todas.

«Se acabó el pasto y el agua, y sin pasto ¿qué iban a comer? No se puede sacar agua de un árbol seco. No pude salvar mi rebaño».

Debido a la sequía de 2011, Sahra regresó a Beerato, su aldea natal en Somalilandia, un estado autoproclamado autónomo en el norte de Somalia.

«Regresé a mi aldea para vivir con mi familia: mi madre, mi padre y mi tía. Me ayudaron a reunir un rebaño y ahora tengo 15 cabras. Por el momento me va bien, gracias a Dios».

Sahra y su familia sobrevivieron a la sequía, pero no es el caso más común entre las mujeres rurales en Somalilandia. Para la mayoría, perder el rebaño significa el fin de un modo de vida.

Las mujeres como Sahra normalmente no tienen poder legal o económico. Si perdiera todo su rebaño, jamás podría regresar a los pastos de la tribu.

Cuando eso sucede, generalmente es aquí donde acaban estas mujeres.

«Antes de venir a la ciudad, vivía en una aldea. Tenía una granja con animales. Perdí todo y me vine aquí».

Obligada por la sequía, Fátima, de unos sesenta años de edad, huyó a la capital de Somalilandia, Hargeisa, hace cuatro años. Trabaja doce horas al día por un mísero salario.

«Me veo así por culpa de la sequía y las adversidades».

«Cuando alguien pierde su rebaño, pierde su sustento. Lo pierde todo».

Amina Souleiman ha visto que esta historia se repite con demasiada frecuencia.

«Cuando emigran a la ciudad, no tienen la capacidad de adaptarse realmente a ese tipo de vida».

Amina, que creció en Beerato, dirige un proyecto con la Red Integrada de Mujeres, financiado y administrado por el Fondo de la ONU para la Democracia.

«Cuando a las personas se les informa de sus derechos, no sólo se les dice que los tienen, sino también cómo hacerlos efectivos».

Ahora, por primera vez, cientos de mujeres rurales como Sahra reciben formación. En primer lugar, se les informa de los derechos humanos y de sus derechos legales, y después se las capacita para que se conviertan en líderes.

Ya se han logrado algunos cambios: en la escuela de la aldea se han contratado maestras y el índice de matriculación de las niñas ha aumentado un 70 por ciento.

El siguiente proyecto es pedir a los ancianos de la aldea que cedan tierras para la construcción de un hospital. Esto no sólo reduciría la alta tasa de mortalidad materna durante el parto, sino que también daría empleo a cien mujeres —otra manera de asegurar que no se vean obligadas a partir—.

«Las mujeres están capacitadas para hacer cualquier cosa. ¿Por qué no? Tienen los conocimientos, sólo necesitan un plan. Con un plan, lo pueden hacer».

Amina y Sahra logran al fin reunirse con los ancianos de la aldea para tratar el tema del hospital, algo que podría cambiar la vida de la aldea, especialmente la de las mujeres.

¿Cuál ha sido el resultado? Un precedente histórico, los ancianos han acordado firmar un documento con la demarcación del terreno destinado para el hospital.

Para las mujeres de Beerato, es una mirada fugaz a un futuro muy diferente.

Este reportaje ha sido producido por Francis Mead para las Naciones Unidas.

4 de abril de 2014

Un grupo de mujeres de Somalilandia se enfrentan a menudo a las leyes de la Naturaleza, como la sequía que aniquila sus rebaños, y a las de los hombres, que les impiden una participación en las tierras. Ahora, esas mujeres exigen sus derechos a los hombres para sobrevivir a las imposiciones de la Naturaleza.

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