Antecedentes
Por qué el desarrollo rural es una prioridad mundial
Las comunidades rurales suelen estar geográficamente aisladas, ya que viven y trabajan en regiones remotas y marginadas, muy alejadas de los centros urbanos; sin embargo, el desarrollo rural está lejos de ser un tema secundario. De hecho, financiar el primer kilómetro de los sistemas alimentarios de nuestro planeta es fundamental para construir un mundo más estable y próspero.
En un momento de creciente incertidumbre global, el desarrollo rural representa una forma especialmente eficaz de impulsar el cambio, además que es una oportunidad de inversión con gran impacto. El crecimiento de la agricultura tiene entre dos y tres veces más eficacia para reducir la pobreza que el crecimiento de cualquier otro sector. Sin embargo, persiste un importante déficit de financiamiento: la ayuda oficial para el desarrollo está disminuyendo, mientras que los inversionistas privados suelen desanimarse ante el alto riesgo.
Como organismo especializado de la Naciones Unidas dedicado a invertir en las poblaciones rurales, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) trabaja para cerrar esta brecha. El FIDA es la única institución financiera internacional dedicada exclusivamente a la transformación rural, y llega a más de 200 millones de personas a través de inversiones en curso que suman un total de 22,8 mil millones de dólares estadounidenses.
Cuando las comunidades rurales prosperan, el mundo entero se beneficia. Al celebrar el segundo Día Mundial del Desarrollo Rural, examinamos algunas de las formas en que la inversión puede liberar el potencial económico de las comunidades rurales.
Una herramienta estratégica para la resiliencia
En un momento de creciente incertidumbre global, fomentar la resiliencia a largo plazo se ha vuelto aún más crucial, y las comunidades rurales que suelen estar en primera línea frente a las crisis actuales son fundamentales para la solución. Cuando estas comunidades son capaces de resistir las crisis, los sistemas alimentarios se fortalecen, las cadenas de suministro se vuelven más estables y los efectos se perciben mucho más allá de las propias comunidades.
Dado que las zonas rurales son el corazón de los sistemas alimentarios de nuestro planeta, las economías rurales resilientes contribuyen a un mundo resiliente. Permiten a los pequeños agricultores y productores no solo recuperarse tras el impacto de las crisis, sino también mantener la producción alimentaria de sus países y proteger los recursos naturales durante las crisis.
Por lo tanto, invertir en la resiliencia rural antes de que llegue la próxima crisis puede preservar los logros en materia de desarrollo y mitigar crisis futuras. Cada dólar que se invierte hoy en resiliencia puede ahorrar hasta 10 dólares en ayuda de emergencia en el futuro, protegiendo los medios de vida, previniendo los desplazamientos y reduciendo los factores que impulsan los conflictos y la fragilidad.
En las islas del Pacífico, por ejemplo, la iniciativa PIRAS, financiada por el FIDA y cofinanciada por el Gobierno de Australia, sigue generando beneficios tras su conclusión. Diseñado originalmente para minimizar el impacto de la COVID-19, el programa distribuyó más de un millón de plántulas, estableció más de 200 viveros comunitarios y capacitó a los agricultores en técnicas sostenibles en seis países. El resultado es un legado de soberanía alimentaria fortalecida y resiliencia ante futuras crisis.
Sereana recibió capacitación y materiales de siembra a través del PIRAS, lo que contribuyó a fortalecer la seguridad alimentaria de su comunidad en Fiyi. © FIDA/Stephanie Simcox/Panos
El Grupo Agrícola Juvenil de Tungaru recibió herramientas y una trituradora a través del PIRAS, lo que le permitió mejorar su capacidad para producir compost y mejorar los suelos pobres en nutrientes de Kiribati. © FIDA/Stephanie Simcox/Panos
Un mundo más conectado
Lejos de los grandes centros de población, los pequeños productores de las zonas rurales suelen tener dificultades para hacer llegar sus productos a clientes fuera de sus comunidades. Invertir en un mayor acceso a los mercados ofrece importantes oportunidades de crecimiento económico, mientras que unas cadenas de valor agrícolas regionales, nacionales y globales más sólidas benefician al mundo en general.
El acceso a los mercados puede transformar los medios de vida rurales a gran escala. Cuando los productores pueden llegar a los mercados de manera confiable, pueden vender más, obtener mejores precios y reducir su dependencia de los intermediarios, lo que se traduce en mayores ingresos que luego pueden reinvertir en sus negocios.
El desarrollo de las cadenas de valor es también una vía clave para involucrar al sector privado, haciendo que la producción rural sea más viable comercialmente y menos riesgosa para los inversionistas. Desde el desarrollo de infraestructura local hasta el aumento del poder de negociación colectiva y el fortalecimiento de los eslabones de la cadena de valor, las inversiones específicas tienen como objetivo abordar las limitaciones que impiden a la población rural acceder a mercados más amplios y cruciales.
En Camboya, por ejemplo, el programa ASPIRE-AT, financiado por el FIDA, el Gobierno de Camboya y otros socios, está mejorando la capacidad del país para producir pimienta de Kampot destinada a la exportación. Al apoyar la creación y el fortalecimiento de cooperativas agrícolas, el programa permite a los agricultores operar de manera colectiva, negociar directamente con los compradores y acceder a mercados de alto valor.
Lane y Somnang son miembros de la Cooperativa Agrícola Moderna Pepper Memot Tbong Khmum, en Camboya, que actualmente produce más de 200 toneladas de granos de pimienta al año para la exportación. © FIDA/Andrew Ball/Panos
Los trabajadores de la fábrica revisan los productos en las instalaciones del Grupo Fuchs en la provincia de Tbong Khmum, en Camboya, donde se procesa la pimienta antes de exportarla a Alemania. © FIDA/Andrew Ball/Panos

Más oportunidades en casa
En muchos países en desarrollo, grandes cantidades de jóvenes ingresan al mercado laboral cada año, pero las economías rurales a frecuentemente no generan suficientes oportunidades laborales para absorberlos. Esto puede agravar la inestabilidad y aumentar las presiones migratorias que se extienden mucho más allá de las comunidades donde viven esos jóvenes.
Cuando las economías rurales crecen y prosperan, también aumentan las oportunidades para que la población rural construya su futuro en su lugar de origen. Aumentar la inversión en desarrollo rural en un monto equivalente al 1 por ciento del PIB de un país reduciría la emigración en casi un punto porcentual, y la creación de empleos rurales es un elemento clave para lograrlo.
En Camerún, el programa AEP-Youth, financiado por el FIDA, adoptó un enfoque innovador para impulsar el empleo juvenil: incubadoras de empresas a medida. Desde la avicultura hasta la producción de baba de caracol, más de 30 000 jóvenes se beneficiaron de los kits de inicio que proporcionaron estas incubadoras, que incluían préstamos sin intereses, subvenciones productivas y productos financieros a medida.
En Camerún, Astride puso en marcha una empresa que transforma el pescado de agua dulce en innovadores productos de embutidos. © FIDA/Waguia Motchadje Sam Franklin
Jacques ahora dirige una exitosa granja de conejos en Camerún y ha ayudado a más de 20 jóvenes emprendedores a hacer lo mismo. © FIDA/Waguia Motchadje Sam Franklin
El desarrollo rural no solo es importante para la población rural; es un elemento fundamental para construir un futuro estable y próspero para todo el planeta. Desde cadenas de valor rentables hasta el aumento de la producción y la resiliencia ante una amplia variedad de crisis, el empoderamiento rural tiene un impacto global.
Obtén más información sobre el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola y conoce sus prioridades para los próximos años.
