El desperdicio de alimentos se ha considerado a menudo un subproducto inevitable de los sistemas alimentarios actuales, pero abordarlo se está convirtiendo en una palanca fundamental para la mitigación del cambio climático, un mejor uso de los recursos y una mayor seguridad alimentaria.
En todo el mundo, nuestros sistemas alimentarios generan más de mil millones de toneladas de residuos al año en los sectores minorista, de servicios de alimentación y doméstico. La pérdida y el desperdicio de alimentos constituyen un grave problema climático, ya que generan entre el 8 por ciento y el 10 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, y son una fuente importante de metano, un gas mucho más potente en los procesos de cambio climático que el dióxido de carbono a corto plazo.
A medida que el mundo se enfrenta a la urgencia de la crisis climática y se reduce el plazo para la implementación de la Agenda 2030, abordar el desperdicio de alimentos se perfila no solo como un imperativo moral y económico, sino también como una de las soluciones más rápidas y rentables para reducir el calentamiento global y minimizar la magnitud y la duración de cualquier sobrecalentamiento que supere los 1,5 °C.
El Día Internacional de Cero Desechos de 2026 se centra en el desperdicio de alimentos, destacando la magnitud del desafío y el impulso global que se está consolidando en torno a las soluciones. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) trabaja para transformar la comprensión global del desperdicio de alimentos, pasando de considerarlo un problema marginal del comportamiento del consumidor a un desafío sistémico que se relaciona con la mitigación del cambio climático, la conservación de la biodiversidad, la reducción de la contaminación y las políticas urbanas. El mandato del PNUMA, en virtud de la resolución 4/2 de la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, reconoce la pérdida y el desperdicio de alimentos como un elemento central de los patrones de consumo y producción sostenibles. Como responsables de los indicadores del Objetivo de Desarrollo Sostenible 12.3, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el PNUMA monitorean la pérdida y la generación de desperdicio de alimentos, respectivamente. Por ello, el PNUMA publica el Informe del Índice de Desperdicio de Alimentos, una evaluación integral de datos globales y nacionales sobre el desperdicio de alimentos, que permite a los países monitorear el progreso, identificar zonas críticas y desarrollar estrategias basadas en evidencia.
Con esta base científica, el PNUMA y sus socios lanzaron la Iniciativa para la Reducción del Desperdicio Alimentario en la trigésima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 30, Belém, Brasil, 10-21 de noviembre de 2025) para movilizar a gobiernos, ciudades, empresas alimentarias y actores no estatales con el fin de reducir a la mitad el desperdicio mundial de alimentos para 2030. Al elevar la reducción del desperdicio de alimentos como una estrategia clave para la mitigación del cambio climático y las emisiones de metano, la Iniciativa se alinea con las agendas de sistemas alimentarios, clima y residuos, impulsando un enfoque único y escalable. Sitúa a las ciudades en el centro, donde el desafío —y la oportunidad— es mayor: los residuos orgánicos en vertederos y rellenos sanitarios son una de las mayores fuentes urbanas de metano, y la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) constató que solo el desperdicio de alimentos genera el 58 por ciento de las emisiones de metano de los vertederos. Mediante apoyo técnico, desarrollo de capacidades y comunidades de práctica, el PNUMA está ayudando a las ciudades a desarrollar planes de reducción del desperdicio de alimentos e implementar intervenciones integradas, alineadas con las estrategias climáticas, los planes de gestión de residuos sólidos y las iniciativas de economía circular.

Brasil, país líder en la lucha contra el desperdicio de alimentos, está demostrando un sólido liderazgo nacional y subnacional. Ha desarrollado una arquitectura de gobernanza integral para abordar la pérdida y el desperdicio de alimentos, comenzando con la elaboración de una Estrategia Intersectorial actualizada para la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. Esta estrategia ha fortalecido la coordinación entre ministerios y organismos públicos, y ha creado un marco nacional que orienta la prevención, la redistribución y la gestión de los residuos orgánicos inevitables. Como complemento, Brasil adoptó el Plan Nacional para la Reducción y el Reciclaje de Residuos Orgánicos Urbanos (PLANARO), que ofrece orientación a los municipios para reducir la generación de residuos orgánicos, promover la separación en origen y ampliar el compostaje y otras soluciones circulares. En conjunto, estos marcos han creado un entorno propicio para el desarrollo de acciones a lo largo de toda la cadena de suministro.
El programa Alimenta Cidades ayuda a las ciudades brasileñas a fortalecer sus políticas alimentarias urbanas, centrándose en el acceso a dietas saludables, la seguridad alimentaria y sistemas alimentarios locales más resilientes. Este trabajo se está expandiendo a través de Alimenta 1000, una ambiciosa red que reúne a mil municipios comprometidos con la transformación de sus entornos alimentarios. Con un ecosistema tan amplio de ciudades involucradas, el potencial para la acción coordinada contra el desperdicio de alimentos es enorme. Los municipios están empezando a integrar la prevención del desperdicio de alimentos en sus estrategias alimentarias urbanas, explorando intervenciones en compras públicas, programas de alimentación escolar, cambios de comportamiento a nivel familiar, compostaje comunitario y cadenas de valor cortas que conectan a agricultores y consumidores de forma más directa.
Como complemento a estas políticas y avances subnacionales, Brasil también impulsa una alianza público-privada que reúne a empresas, gobierno y sociedad civil para abordar la pérdida y el desperdicio de alimentos a lo largo de la cadena de suministro. La iniciativa Brasil Sem Desperdício está diseñada para fomentar la colaboración entre las empresas alimentarias, permitiéndoles compartir datos, mejorar las prácticas de medición, identificar puntos críticos, superar obstáculos y probar soluciones de forma colectiva. El PNUMA apoyó las primeras etapas de este proceso mediante la realización de una evaluación de viabilidad, la identificación de las partes interesadas en los sectores prioritarios y la ayuda en la identificación de los acuerdos financieros e institucionales necesarios para un acuerdo voluntario nacional. Este tipo de modelo de alianza ha demostrado ser exitoso en otras regiones para reducir significativamente el desperdicio de alimentos en el comercio minorista, la industria manufacturera y la hostelería. Brasil Sem Desperdício es un nuevo e importante miembro de una red global de Pactos Alimentarios, que utiliza un marco de colaboración para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos en diversos contextos de sistemas alimentarios nacionales.

Para fortalecer la base de evidencia para la acción, el PNUMA y sus socios nacionales en Brasil publicarán este año el Informe Nacional de Referencia sobre el Desperdicio de Alimentos en los Hogares, lo que permitirá subsanar una importante deficiencia en la medición y facilitará a los responsables políticos el diseño de intervenciones dirigidas a los patrones de consumo reales. La combinación de una sólida política federal, una creciente interconexión con las políticas e implementaciones subnacionales, una red municipal en expansión, una plataforma público-privada colaborativa y un panorama de datos en constante mejora convierten a Brasil en un ejemplo ilustrativo de lo que puede lograr un enfoque sistémico integral. Demuestra cómo la acción se vuelve posible cuando las estructuras de gobernanza, los incentivos y las alianzas están alineados, y cómo las ciudades y los gobiernos nacionales pueden trabajar juntos para impulsar el cambio.
Al conmemorar el Día Internacional de Cero Desechos, estos ejemplos ofrecen lecciones que resuenan a nivel mundial. En primer lugar, la reducción del desperdicio de alimentos requiere un enfoque integral que conecte las agendas climáticas, alimentarias y de gestión de residuos, reconociendo que las emisiones se generan en la producción, en la eliminación y a lo largo de toda la cadena de valor. En segundo lugar, la gobernanza multinivel es esencial: los marcos nacionales proporcionan orientación y coherencia, pero las ciudades son la primera línea de implementación, donde las intervenciones pueden probarse y ampliarse con mayor rapidez. En tercer lugar, los datos son fundamentales. Sin bases de referencia nacionales y metodologías consistentes, es imposible dirigir las intervenciones de manera efectiva o medir el progreso con credibilidad. Finalmente, la colaboración a lo largo de la cadena de suministro, en torno a un objetivo común, es indispensable. Las alianzas público-privadas ayudan a superar la fragmentación, alinear los incentivos y desbloquear soluciones rentables que serían difíciles de implementar para cualquier actor por sí solo.
A través de la iniciativa Food Waste Breakthrough y la continua expansión de los esfuerzos regionales y nacionales, el PNUMA está ayudando a construir un movimiento global que transforma la ambición en un impacto cuantificable.
Con la creciente evidencia, el fortalecimiento de las alianzas y el reconocimiento cada vez mayor por parte de los gobiernos del desperdicio de alimentos como una prioridad climática, se presenta una oportunidad para acelerar el progreso en esta década decisiva. El Día Internacional de Cero Desechos nos recuerda que las soluciones ya existen; la tarea que tenemos por delante es implementarlas a la brevedad y escala que el planeta exige.
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