Mensaje del Secretario General

El Día Mundial de los Refugiados constituye una expresión de solidaridad con las personas que han sido desarraigadas de sus hogares por la guerra o la persecución.

Las cifras más recientes de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, el ACNUR, indican que al menos 65,6 millones de personas, 1 de cada 113 miembros de la familia humana, han sido desplazados por la fuerza dentro de sus propios países o a través de las fronteras.

Si bien Siria sigue siendo el país de donde proviene la mayoría de los refugiados del mundo, Sudán del Sur, con 1,4 millones de refugiados y 1,9 millones de desplazados internos, en su gran mayoría menores de 18 años, es el que está pasando por la emergencia más grave y acelerada en materia de nuevos desplazamientos, lo que asesta otro golpe a las perspectivas de futuro de la nación más joven del mundo.

Esas enormes cifras ocultan historias personales de sufrimiento, separaciones y pérdidas; de viajes en los que la gente se juega la vida en busca de seguridad; de luchas colosales para reconstruir vidas en circunstancias difíciles. Es desgarrador ver que se cierran fronteras, que las personas perecen en tránsito, y que tanto refugiados como migrantes son rechazados, en contravención de los derechos humanos y del derecho internacional. El costo humano es inmenso: millones de empleos perdidos, millones de niños expulsados de las escuelas, vidas atormentadas por el trauma y la intolerancia.

He pedido que se incrementen los esfuerzos diplomáticos en pro de la paz para evitar que surjan y se intensifiquen nuevos conflictos y resolver los que ya han tenido consecuencias desastrosas. También exhorto a los Estados Miembros a que se esfuercen mucho más por proteger a las personas que huyen para salvar sus vidas, por fortalecer el régimen internacional de protección y por encontrar soluciones para evitar que las personas queden en un limbo durante años y años.

La Declaración de Nueva York, aprobada hace nueve meses, marca el camino amplio y equitativo que debe seguirse para hacer frente a los retos relacionados con los refugiados y la migración, sobre la base de leyes y prácticas establecidas hace mucho tiempo. La campaña «Juntos» de las Naciones Unidas ofrece una plataforma para promover el respeto, la seguridad y la dignidad de los refugiados y los migrantes y, lo que es más importante, fortalecer la cohesión social y cambiar los discursos falsos y negativos que agravan los problemas a los que se enfrentan los refugiados y sus países de acogida.

A lo largo de la historia, las comunidades que viven cerca de las zonas de crisis, así como las que se encuentran lejos de la primera línea de conflicto, han acogido a las personas desarraigadas y les han dado refugio y, a cambio, los refugiados han servido a esas comunidades. En la actualidad, casi el 84% de los refugiados del mundo son acogidos por países de ingresos bajos o medianos. No podemos seguir permitiendo que un reducido número de países, que suelen ser los más pobres del mundo, soporten solos ese peso.

No se trata de compartir una carga, sino de compartir una responsabilidad mundial, basada tanto en la idea general de que todos somos humanos como en las obligaciones muy específicas contraídas en virtud del derecho internacional. Los problemas fundamentales son la guerra y el odio, no las personas que huyen. Los refugiados se cuentan entre las primeras víctimas del terrorismo.

En las últimas semanas y meses, he visitado a refugiados y personas desplazadas en el Afganistán, Somalia y otros lugares. Cuando estuve con esos hombres, mujeres, niños y niñas, me impresionó la fortaleza que demostraban a pesar del vuelco que habían dado sus vidas. En el Día Mundial de los Refugiados, tratemos de ponernos en su lugar y defender sus derechos y nuestro futuro común.

António Guterres