Supervivientes de la violencia sexual en los conflictos: las mujeres y sus hijos e hijas

El 19 de junio de 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó (A/RES/69/293) observar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos el 19 de junio, con el fin de concienciar sobre la necesidad de poner fin a la violencia sexual relacionada con los conflictos, honrar a las víctimas y los supervivientes de la violencia sexual de todo el mundo y rendir homenaje a los que han dedicado su vida a luchar para acabar con este tipo de delitos.

La fecha fue elegida para conmemorar la adopción, el 19 de junio de 2008, de la resolución 1820 (2008) del Consejo de Seguridad, en la que el Consejo condenó la violencia sexual como una táctica de guerra y un impedimento para la consolidación de la paz.

En este día, fomentamos la solidaridad con las personas que han sobrevivido a la violencia sexual en los conflictos y sufren los diversos estigmas que se derivan de este tipo violencia, como ser asociadas con grupos armados o terroristas o haber tenido hijos fruto de la violación a manos del enemigo. A menudo, estas mujeres y sus descendientes, frutos de la violación, son considerados como parte de los grupos violentos, en lugar de sus víctimas. Estos niños y niñas quedan en un limbo legal, como apátridas, y se convierten en objetivos fáciles para el reclutamiento por parte de grupos armados, la radicalización, la trata y la explotación. Todo ello afecta de manera amplia a la paz y la seguridad y a los derechos humanos. La cuestión de los niños nacidos de la guerra no se ha contemplado en el marco internacional de los derechos humanos, ni en el ámbito de la paz y la seguridad, convirtiéndolos así en víctimas sin voz.

Los efectos intergeneracionales

Los efectos de la violencia sexual vinculada a los conflictos se dejan sentir durante generaciones debido al trauma, el estigma, la pobreza, los problemas de salud y los embarazos no deseados. A los niños concebidos como resultado de la violación en tiempos de guerra se les etiqueta “mala sangre” o “hijos del enemigo” y son marginados en el propio entorno social de la madre. Estos niños desarrollan problemas de identidad y de pertenencia incluso mucho tiempo después del final del conflicto. La sociedad en la que viven raramente los acepta.

Por otro lado, las condiciones poco higiénicas en la que se llevan a cabo los abortos son una de las causas principales de la mortalidad materna en situaciones de conflictos.

La reintegración socioeconómica

El estigma asociado a la violencia sexual puede durar toda la vida y, en ocasiones, tener consecuencias letales tanto para las personas que han sido violadas como para los niños concebidos en esa violación. El apoyo socioeconómico para la reintegración, encaminado a diluir el estigma y restablecer el tejido social, debería formar parte de todas las iniciativas de reconstrucción postconflicto.

Puedes seguir el tema en las redes sociales bajo la etiqueta en inglés #EndRapeinWar.

 

 

Una mujer rohinyá cruza la frontera de Myanmar a Bangladesh cerca de la población de Anzuman Para, en Palong Khali (Bangladesh).
Una mujer rohinyá cruza la frontera de Myanmar a Bangladesh cerca de la población de Anzuman Para, en Palong Khali (Bangladesh). Foto ACNUR/Roger Arnold.

Sameera, víctima de la violencia sexual

"Sameera" es el nombre ficticio de esta mujer que se encuentra entre los refugiados rohinyás que habitan en los campamentos abarrotados de la región de Cox’s Bazar en el sureste de Bangladesh. La joven de 17 años llevaba tan solo dos meses casada cuando su esposo fue asesinado. Unos días después de la muerte de su pareja, Sameera fue violada por tres soldados, junto con otras dos chicas rohinyás. "Una vez dé a luz, mi bebé, él o ella será mío, no importa quién sea el padre", confesaba al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Desde agosto de 2018, más de 16.000 bebés han nacido en los campos de refugiados, según la agencia de la ONU. Es difícil determinar exactamente cuántos fueron concebidos debido a una violación, afirmaba Pramila Patten, Representante Especial del Secretario General de la ONU sobre la violencia sexual en los conflictos.