STATEMENT OF THE MINISTER OF

CONTROL AND TRANSPARENCY OF BRAZIL,

MR. WALTER PIRES

 

Quiero saludar, con mucho honor y gran satisfacción, en nombre del Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y del pueblo brasileño, a las señoras y a los señores Jefes e integrantes de las delegaciones que representan sus Estados nacionales y sus ciudadanos, y, que, aquí comparecen, en esta Conferencia, en la bella ciudad de Mérida, y bajo la inspiración de las tradiciones libertarias de México y de su pueblo, para concluir, juntos, el acto constitutivo de la Convención de las Naciones Unidas contra la corrupción.

 

Es un momento muy significativo de la historia de la cooperación internacional, porque en el expresamos y firmamos una alianza que traduce la voluntad política de nuestros gobiernos y de nuestros ciudadanos, en el marco de las diversidades naturales que caracterizan nuestras culturas, para el combate conjunto de la corrupción, que es el gran flagelo de nuestro tiempo, según la grave y correcta calificación del eminente Secretario General de Naciones Unidas, Señor Kofi Annan.

 

Eso quiere decir que nos estamos dedicando a producir un importante movimiento de profundización en la construcción de una realidad institucional, del mundo contemporáneo, tanto en el ámbito interno de nuestras naciones, como en el campo de la coexistencia internacional, que sea capaz de reordenar y recomponer, poco a poco, el conjunto de nuevas relaciones jurídicas, sociales, económicas y políticas, destinadas a fortalecer la esperanza inmensa de paz y de justicia, diré mejor, la inmensa e irrenunciable necesidad de paz y justicia de toda la humanidad. Por la incorporación real, lo mas brevemente posible, audaz e intransferible, de los viejos e inmortales principios republicanos y democráticos, tantas veces ya olvidados y agredidos, a lo largo de la historia, pero que siempre definen los compromisos éticos de la democracia en la sociedad humana, decidida a realizar la inclusión de todos, de proteger a todos, y que a todos asegure, de igual manera, el ejercicio de los derechos fundamentales de la persona humana, su vida, sus libertades, su bienestar, el destino de su civilización perenne, perpetua. Tales compromisos ya no pueden seguir siendo, sencilla e indefinidamente, la utopía y los sueños de nuevas generaciones.

 

Brasil, tal como muchos países, participó activamente de las discusiones preparatorias de esta Convención, promocionadas por el Comité Ad Hoc, cuyo trabajo admirable quiero, en este momento, felicitar y agradecer. La Convención, resultante de tal esfuerzo, es el instrumento básico, esencial, rumbo al combate eficaz de los actos de corrupción.

 

Nada violenta más intensamente los compromisos de la democracia y perturba su alianza con la solidaridad social y desarrollo político y económico, en el camino hacia una sociedad decente, libre, más justa, que la practica de la corrupción. Son absolutamente insoportables los actos que desvían dinero, golpean el patrimonio publico, sustraen activos enormes, indispensables para el financiamiento de políticas públicas destinadas a reducir las crueles desigualdades que nos llenan de vergüenza, e impedir o suprimir privaciones y sufrimientos de gran parte de la población excluida en nuestros países.

 

El Gobierno y el pueblo brasileños aplauden y apoyan, de manera incondicional, las normas que actualmente consagramos. Ese conjunto de reglas explicitadas en 71 artículos, que definen el espíritu y el cuerpo de esta Convención, sus objetivos, representa la conquista oportuna, que sucede a etapas anteriores, ya cumplidas, incluso en el plan de las organizaciones internacionales, de alcance regional o de especificidad definida y estricta.

 

Es la coronación natural del esfuerzo de esta Convención, aprobada en la mas alta jerarquía internacional, cuyo texto quedara depositado junto al Secretario General de las Naciones Unidas, para el destino eficiente e inagotable de vencer la corrupción, a través del seguimiento de la acciones y normas que la implementaran, de la cooperación internacional continuada y de la repatriación de activos.

 

Al Presidente Lula le gusta repetir una vieja creencia, muy popular en Brasil y por toda parte, en todo el mundo, según la cual cada uno de nosotros es débil cuando se encuentra solo, cuando actúa aisladamente; pero, multiplicamos muchas veces nuestra energía cuando nos unimos. Cuando estamos juntos y solidarios, nos volvemos, pues, invencibles.

Nosotros ganaremos la batalla contra la corrupción; todos los que aquí estamos hoy día, gran parte de los países del planeta, adoptando los procedimientos y adaptando medios que la tecnología y la civilización contemporánea nos proporcionan, para la lucha decisiva para que los valores de la dignidad de la persona humana, de la democracia, de su pluralidad política y la coexistencia universal de los pueblos, se vuelvan dominantes por fin.

 

Encuentro excelente que la Asamblea General haya proclamado el 09 de diciembre como el Día Internacional de Combate a la Corrupción. Tenemos que construir una cultura de no tolerancia con el crimen de la corrupción, que rompa costumbres, organizaciones económicas, regimenes políticos y personalidades, en la diseminación, incluso, del uso de técnicas modernas de informática, para la transferencia masiva de activos ilícitamente obtenidos, allende las fronteras nacionales, en el horizonte actual de la globalización. Tantas veces se trata de dinero sucio, sin origen legal y moral. Robado de niños hambrientos, de familias enfermas, de comunidades azotadas por el hambre. El dinero ilícito es un enemigo poderoso de la construcción de la democracia, la cual será solamente rescatada por medio de la cohesión social, para que se termine con la barbarie, que se ha convertido, de forma general, en una amenaza cruel y degenerativa de nuestro tiempo.

 

Quiero decir a Ustedes, señoras y señores, que, en Brasil, las normas definidas en esta Convención serán rápidamente aprobadas por el Congreso Nacional y cumplidas, con fidelidad, para combatir la corrupción, inhibirla, disuadirla, por medio de la acción firme y determinada del Estado democrático, de la creciente participación de la sociedad civil organizada y del necesario control mas eficiente de los gastos públicos.

 

Esa ha sido la preocupación del Gobierno del Presidente Lula en su primer ano de administración.

 

Permítanme decirles, por fin, que Brasil fue elegido y se prepara para ser la sede, en mayo de 2005, del IV Forum Global de Combate a la Corrupción.

 

En nombre del Gobierno brasileño, quiero anticipar la invitación a todos los países y a todas las organizaciones aquí representadas para una oportunidad más de movilizar nuestros esfuerzos contra la corrupción y la impunidad.

 

Brasil quedara honrado y feliz de recibirlos.