06/08/2020

75º aniversario de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki: Es hora de acabar con la amenaza nuclear

António Guterres

Este mes se cumple el 75º aniversario del bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki, que mostró a la humanidad la devastación que puede desencadenar una sola bomba nuclear. El persistente sufrimiento causado a los supervivientes, los hibakusha, debería proporcionarnos una motivación diaria para eliminar todas las armas nucleares. Ellos han dado a conocer sus historias para que el horror experimentado por Hiroshima y Nagasaki nunca se olvide. La amenaza nuclear, sin embargo, está creciendo de nuevo.

Se ha formado una red de acuerdos e instrumentos para prevenir el uso de estas armas singularmente destructivas y, en última instancia, para eliminarlas. No obstante, ese marco ha permanecido inactivo durante décadas y está empezando a erosionarse. El potencial de que se lleguen a utilizar las armas nucleares, ya sea de forma intencionada, por accidente o como resultado de un error de cálculo, es peligrosamente alto.  

Como consecuencia de las crecientes tensiones internacionales y la disminución de la confianza, las relaciones entre los países poseedores de armas nucleares están evolucionando hacia confrontaciones peligrosas y desestabilizadoras. Mientras los Gobiernos se apoyan considerablemente en las armas nucleares para su seguridad, los políticos intercambian declaraciones acaloradas sobre su posible uso y dedican grandes sumas de dinero a mejorar su letalidad, un dinero que sería mucho mejor gastar en un desarrollo pacífico y sostenible.  

Durante décadas, los ensayos nucleares han tenido horribles consecuencias humanas y ambientales. Esta reliquia de una época anterior debería ser confinada al pasado para siempre. Solo una prohibición legalmente vinculante y verificable de todos los ensayos nucleares puede lograrlo. El Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares ha demostrado su valor, pero algunos Estados todavía no lo han firmado o ratificado, lo que impide que alcance todo su potencial como elemento esencial del marco para la eliminación de las armas nucleares.  

Junto con el cambio climático, las armas nucleares representan una amenaza existencial para nuestras sociedades. La mayor parte de las aproximadamente 13.000 armas nucleares que existen actualmente en los arsenales mundiales son mucho más destructivas que las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. Cualquier uso desencadenaría un desastre humanitario de proporciones inimaginables.  
Ha llegado el momento de volver al entendimiento común de que una guerra nuclear no se puede ganar y no se debe librar nunca, al acuerdo colectivo de que debemos trabajar por un mundo libre de armas nucleares y al espíritu de cooperación que permitió lograr progresos históricos con miras a su eliminación.  

Se espera que los Estados Unidos y la Federación de Rusia, en su calidad de poseedores de alrededor del 90 % de las armas nucleares, abran camino en este sentido. El “Nuevo Tratado START” mantiene límites verificables. Su prórroga por cinco años permitiría ganar tiempo para negociar nuevos acuerdos, incluida la posible participación de otros países poseedores de armas nucleares.  

El próximo año, las Naciones Unidas organizarán la Conferencia de las Partes encargada del Examen del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), uno de los acuerdos de seguridad internacional que han tenido más éxito. En él figuran los únicos compromisos basados en un tratado que han asumido los cinco mayores países poseedores de armas nucleares con miras a su eliminación y se imponen obligaciones verificables de no adquirir ni desarrollar armas nucleares. El hecho de que casi todos los países formen parte del Tratado significa que la inmensa mayoría de la comunidad internacional está vinculada por estos compromisos. La Conferencia de Examen del Tratado sobre la No Proliferación es una oportunidad para detener la erosión del orden nuclear internacional.  

Afortunadamente, la mayoría de los Estados Miembros de las Naciones Unidas sigue comprometida con el objetivo de un mundo libre de armas nucleares. Este compromiso se refleja en los 122 países que apoyaron la aprobación del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares. Estos países entienden que las consecuencias de cualquier uso de armas nucleares serían catastróficas. No podemos arriesgarnos a una repetición de Hiroshima o Nagasaki o algo peor. Al tiempo que reflexionamos sobre el sufrimiento de los hibakusha, debemos ver esta tragedia como un clamor para la humanidad y comprometernos de nuevo con un mundo libre de armas nucleares.

via Japan News by the Yomiuri Shimbun