– Como Pronunciado-

INTERVENCIÓN DE LA PRESIDENTA DEL 73º PERIODO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL, S.E. MARIA FERNANDA ESPINOSA

10 de Junio 2019

Señor Jean-Jacques Elmiger, Presidente de la 108a Conferencia Internacional de Trabajo,

Distinguidos Jefes de Estados y de Gobierno,

Señor Alain Berset, Consejero Federal de Suiza y Jefe del Departamento Federal del Interior,

Señor Guy Ryder, Director de la Organización Internacional del Trabajo,

Ministros y Autoridades que participan en esta histórica reunión,

Estimados Trabajadores y Empleadores,

Señoras y señores,

“Un monumento a la paz y la justicia social”, así definió a la Organización Internacional del Trabajo, su primer Director General, Albert Thomas. La visión y determinación de sus fundadores, para edificar esta institución imprescindible, merece nuestro tributo, pues la levantaron de las ruinas que dejó la Primera Guerra Mundial y en respuesta a la desesperanza y frustración de millones de trabajadores.

Por ello, en este centenario, debemos rendir tributo al movimiento obrero y sindical. Sus históricas luchas y sus aportes han sido cruciales para la reivindicación de los derechos y garantías de los trabajadores, hombres y mujeres.

En estos 100 años, la OIT ha pasado de ser “un sueño inalcanzable” a una realidad tangible y un modelo único de asociación tripartita que facilita el diálogo social entre Gobiernos, empleadores y trabajadores.

Pero, además, nos ha legado una obra inmensa, con cientos de convenios, políticas y mecanismos que han inspirado leyes e instituciones laborales para promover condiciones seguras, trato digno, libertad de asociación y no discriminación, entre muchos otros derechos.

Efectivamente, los 3 principios fundacionales de la OIT, expresados en la Declaración de Filadelfia de 1944, tienen mayor vigencia que nunca: El trabajo no es mercancía; la libertad de expresión y de asociación es esencial; la pobreza en cualquier lugar constituye un peligro para la prosperidad en todas partes.

Excelencias,

Permítanme referirme a tres temas.

En primer lugar, quiero señalar cuán fundamental sigue siendo asegurar el trabajo decente para todas las personas, sin dejar a nadie atrás. Este imperativo es central para el cumplimiento de la Agenda 2030.

El trabajo decente es esencial para erradicar la pobreza y reducir la desigualdad dentro y entre los países y lograr el bienestar de nuestros pueblos.

No obstante, el desafío es enorme, considerando que 2000 millones de personas basan su sustento en la economía informal; 780 millones trabajan, pero viven en situación de pobreza y, más de 190 millones de personas siguen desempleadas.

Para revertir estas cifras, y generar los 600 millones de nuevos trabajos que se requieren hasta el 2030 para alcanzar los ODS, la voluntad política es fundamental. Necesitamos acciones firmes para aprovechar todo el potencial de las transformaciones económicas y las transiciones demográficas en curso. Los avances tecnológicos, la lucha contra el cambio climático y la Cuarta Revolución Industrial son solo algunos de los fenómenos que están dando forma a los trabajos del futuro.

Sin duda, los desafíos para el futuro del trabajo están ligados no solo al número de empleos que debemos crear sino a la calidad del empleo, a la capacidad del trabajo de traer bienestar, satisfacción, cohesión social y aprovechar el potencial creativo de las personas.

Consciente de la importancia de acelerar la acción para cumplir el ODS 8, al asumir la Presidencia de la Asamblea General, establecí al trabajo decente como una de mis prioridades.

En ese marco, el pasado 10 de abril organicé una reunión de alto nivel sobre el Futuro del Trabajo, en la que también conmemoramos el centésimo aniversario de esta Organización.

En ese evento, uno de los mensajes que resonó con más fuerza es que tenemos la capacidad de determinar y construir el futuro del trabajo que queremos.

También se destacó el potencial de la tecnología en la creación de trabajo productivo y no como una amenaza; la importancia de la capacitación y el aprendizaje permanentes; la necesidad de una mayor inclusión y la no discriminación; y el papel de la protección social durante todo el ciclo de vida.

Excelencias,

En segundo lugar, quiero referirme a la importancia de alcanzar la igualdad de género en el mundo del trabajo, uno de los más apremiantes desafíos que tenemos por delante.

Las mujeres siguen siendo discriminadas, violentadas y excluidas en todos los ámbitos, y el laboral, definitivamente, no es la excepción. De hecho, muchas de las brechas se encuentran allí.

En promedio, las mujeres siguen ganando 20% menos por el mismo trabajo que realiza un hombre. Esta situación es injusta e insostenible. No se puede concebir un futuro, al menos un futuro sostenible, en el que las mujeres no sean parte activa de la economía y el trabajo.

Excelencias,

Por último, me referiré al valor del multilateralismo y al futuro del trabajo.

La OIT fue pionera y semilla del sistema multilateral. Por eso su centenario tiene tanta significación. La cooperación y el diálogo son los cimientos de su origen. Por ello la OIT ha fortalecido y potenciado el multilateralismo, que, a su vez es determinante para el diseño del futuro del trabajo. Nuestra presencia aquí, en esta sesión histórica, con la presencia de Jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo, es un testimonio de ello.

El camino al trabajo decente requiere del diálogo amplio con todos los actores: gobiernos, sector privado, sindicatos, trabajadores y sociedad civil. No hay otra manera de enfrentar eficazmente los urgentes desafíos, como erradicar el trabajo infantil o la esclavitud moderna.

La OIT fue pionera y semilla del sistema multilateral. Por eso su centenario tiene tanta significación. La cooperación y el diálogo son los cimientos de su origen. Por ello la OIT ha fortalecido y potenciado el multilateralismo, que, a su vez es determinante para el diseño del futuro del trabajo. Nuestra presencia aquí, en esta sesión histórica, con la presencia de Jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo, es un testimonio de ello.

María Fernanda Espinosa Garcés

PRESIDENTA DEL 73º PERIODO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL

Quiero destacar que, durante los últimos meses, en la Asamblea General hemos tenido una intensa agenda de actividades. He impulsado que se incluya al trabajo decente y al futuro del trabajo de manera transversal de acuerdo al mandato de los Estados Miembros.

A modo de ejemplo, en el evento sobre Cultura y Desarrollo Sostenible dimos énfasis a las economías creativas como fuente de crecimiento económico inclusivo, de empleos e innovación.

En la reunión sobre Protección del Clima Mundial para las Generaciones Presentes y Futuras abordamos los enormes beneficios de una acción climática audaz, que generará réditos económicos y creará más empleos que los que desaparecen. Conocimos también las oportunidades que brindan los modelos de conversión a producción orgánica y la transición hacia economías bajas en carbono.

Felicito todas esas iniciativas que reconocen el rol histórico de la OIT y abordan los grandes retos para el futuro. Precisamente hace pocos días, se celebró en la ciudad de Paris, la Reunión Ministerial del G7 Social para el Empleo y el Trabajo. Como dije en mi mensaje para esa ocasión, es indispensable fortalecer el sistema multilateral y el diálogo entre las organizaciones internacionales, en favor de la justicia, la protección social y la reducción de las desigualdades.

Excelencias,

La paz duradera y universal está en gran medida vinculada al trato digno a los trabajadores, como en 1919. Y aunque hoy, la OIT inicia una nueva etapa – un nuevo centenario -, su visión y aportes son más necesarios que nunca para promover la justicia social, particularmente en este momento de profundas transformaciones.

Confío en que los nuevos desafíos del Siglo XXI nos encuentren aún más comprometidos con la OIT y su irreemplazable rol en favor del bienestar y la dignidad de todas las personas.

Muchas gracias.