– Como Pronunciado –

INTERVENCIÓN DE LA PRESIDENTA DEL 73º PERIODO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL, S.E. MARIA FERNANDA ESPINOSA

22 April 2019

Señora Cynthia Silva Maturana, Viceministra de Medio Ambiente, Biodiversidad, Cambio Climático y Gestión y Desarrollo forestal de Bolivia,

Excelencia, Embajador Syed Akbaruddin, Representante Permanente de India,

Excelencia, Embajador Luis Gallegos Chiriboga, Representante Permanente del Ecuador,

Excelencia, Embajador Masud Bin Momen, Representante de Bangladesh,

Señora Markie Miller, de la Iniciativa Lake Erie Bill of Rights

Excelencias,

En primer lugar, permítanme expresar mi pesar y solidaridad con el Gobierno y el Pueblo de Sri Lanka y con las víctimas de los atroces ataques terroristas, ocurridos en esta Pascua. Condeno firmemente estos hechos. El terrorismo y la violencia, en cualquiera de sus formas, no tienen justificación y no pueden quedar impunes.

Señoras y señores:

Bienvenidas y bienvenidos a este Diálogo Interactivo.

Este es un año muy especial, pues conmemoramos el décimo aniversario de la Resolución 63/278, por la que la Asamblea General estableció cada 22 de abril como el “Día Internacional de la Madre Tierra”.

Quiero reconocer a los Estados y a los demás actores relevantes que han trabajado incansablemente para que este tema sea tratado por la Asamblea General, y así renovar nuestro compromiso con la necesidad de proteger al planeta y sus ecosistemas.

Excelencias,

Hoy es un día de reflexión, pero también de compromiso.

La acción humana está alterando dramáticamente la vida en el planeta.

La degradación ambiental avanza en todos los países y regiones.

Deforestamos bosques y selvas; represamos ríos; drenamos humedales, contaminamos los océanos, el aire y la atmósfera; todo esto mientras cientos de especies se extinguen año a año –se calcula que, desde 1970, el 60% de los animales vertebrados ha desparecido.

Vivimos una crisis climática, con temperaturas extremas y fenómenos cada vez más frecuentes y de mayor intensidad, los cuales sólo en 2018 afectaron a más de 60 millones de personas alrededor del mundo, así como los más recientes como el ciclón Idai que azotó Mozambique, Malawi y Zimbabue.

Nuestra Madre Tierra está en grave peligro. Nosotros, los seres humanos, la hemos puesto en grave peligro. Es momento de cuidarla. De reparar los daños. De proteger y restaurar sus ciclos vitales. De ayudar a que sane, para que siga floreciendo la vida que en ella se alberga y se reproduce.

En los últimos años, muchos Estados han reconocido que la naturaleza tiene derechos, como el Ecuador, que así lo ha incluido en su Constitución Nacional; mientras que la legislación en Bolivia recoge el principio del desarrollo integral en armonía y equilibrio con la Madre Tierra; y un reciente histórico fallo de la Corte Suprema de Justicia de Colombia dispuso que la Amazonía tiene los mismos derechos que una persona.

Al mismo tiempo, en los últimos años, hemos visto crecer la idea de que la protección del medio ambiente y los derechos humanos son interdependientes.

Los Estados deben garantizar un medio ambiente sin riesgos, limpio, saludable y sostenible, para así hacer efectivo el pleno disfrute de los derechos humanos, incluidos los derechos a la vida, al más alto nivel posible de salud física y mental, a un nivel de vida adecuado, alimentación, agua y saneamiento, vivienda, cultura, desarrollo y por supuesto el derecho a un medio ambiente saludable, el cual también está recogido en la mayoría de las legislaciones a nivel mundial y en numerosos instrumentos internacionales y regionales.

El despertar de la conciencia mundial sobre el derecho de la naturaleza a existir y a ser protegida, es cada vez mayor. Esto es esperanzador, para esta y para las próximas generaciones.

Excelencias,

Un mundo sostenible, como el que aspiramos lograr con la Agenda 2030, requiere que repensemos cómo interactuamos con la naturaleza.

Encontrar el balance entre las necesidades del ser humano y los recursos que la Madre Tierra nos proporciona, no significa que no los utilicemos, sino que implica dejar a un lado la explotación irracional, ilimitada e insostenible de dichos recursos, y construir un modelo de desarrollo en el que se respeten los umbrales que establece la naturaleza, su capacidad de regeneración, así como su derecho a existir y mantenerse.

En ese marco, es fundamental redefinir las relaciones entre economía, sociedad y naturaleza. Para lograrlo el cambio cultural es imperioso. Este es uno de los desafíos quizá más grandes que nuestra generación enfrenta y es una prueba de solidaridad hacia las generaciones que vendrán.

Necesitamos respuestas urgentes, de acción colectiva y de construcción de nuevos pactos para el manejo responsable y justo de los bienes comunes de la humanidad.

Cuidar de la naturaleza es cuidar de las personas también. Respetemos sus ciclos vitales y contribuyamos a que la inmensa diversidad biológica del mundo se mantenga y prospere. Retomemos nuestra relación con la Madre Tierra, de donde procedemos y a la que pertenecemos. Pongamos en práctica una visión del mundo respetuosa de nuestras herencias, de nuestros patrimonios culturales y naturales.

María Fernanda Espinosa Garcés

PRESIDENTA DEL 73º PERIODO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL

Hay dos temas que merecen especial atención:

En primer lugar, la educación es un motor clave para la creación de un futuro mejor y más sostenible. Los jóvenes, los niños y niñas deben adquirir los conocimientos, las competencias y los valores necesarios para forjar ese futuro. Temas como el cambio climático, la conservación de la biodiversidad, el mantenimiento de los bosques, y la producción y consumo sostenibles deben ser parte de los programas educativos. Necesitamos que las próximas generaciones asuman también su responsabilidad y se sientan, desde ahora, parte de la solución.

En segundo lugar, debemos reconocer al cambio climático como la amenaza existencial de nuestros tiempos. El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) nos interpela a realizar cambios sin precedentes a nivel social y global para limitar el calentamiento global a 1.5°C y así evitar catastróficas consecuencias humanitarias, económicas y ambientales.

Como decía hace pocos días la joven activista Greta Thunberg frente al Parlamento Europeo al referirse al trágico incendio de la Catedral de Notre Dame, “esperemos que las bases de nuestra naturaleza y nuestra humanidad sean aún más sólidas, y para ello debemos actuar ahora”.

Los Estados deben incrementar de manera significativa su acción climática y la protección ambiental, que requiere de los recursos, las capacidades y la tecnología necesarias. Pero, sobre todo, requiere acción y responsabilidad compartida donde los estados, la sociedad, el sector privado hagan su parte. Todos tenemos la obligación de cuidar y proteger el planeta. Todos debemos cuidar nuestros bienes comunes.

Lo cierto es que solo a través de una protección integral de la Madre Tierra podremos cumplir con los compromisos y obligaciones asumidos en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, el Acuerdo de París, la Agenda de Addis Abeba y los numerosos instrumentos internacionales en materia ambiental y de derechos humanos, partiendo del principio 1 de Río 1992, según el cual todos los seres humanos tenemos derecho a una vida saludable, productiva y en armonía con la naturaleza.

Excelencias,

Cuidar de la naturaleza es cuidar de las personas también. Respetemos sus ciclos vitales y contribuyamos a que la inmensa diversidad biológica del mundo se mantenga y prospere. Retomemos nuestra relación con la Madre Tierra, de donde procedemos y a la que pertenecemos. Pongamos en práctica una visión del mundo respetuosa de nuestras herencias, de nuestros patrimonios culturales y naturales.

Como decía Albert Camus “la verdadera generosidad para con el futuro, consiste en entregarlo todo al presente”.

Muchas gracias.