– Como Pronunciado –

PRESENTACIÓN DE LA PRESIDENTA DEL 73° PERIODO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL, S.E. MARÍA FERNANDA ESPINOSA

5 de Abril 2019

Embajadora Lic. Isabel Allende Karam, Rectora del ISRI,

Embajadora María Augusta Calle, Embajadora del Ecuador ante Cuba,

Estimados estudiantes,

Excelencias, Damas y Caballeros,

Excelencias,

Qué privilegio estar en este prestigioso Instituto, un referente del estudio de las relaciones internacionales y de la coyuntura internacional, que por décadas ha formado a excelentes diplomáticas y diplomáticos comprometidos con su país, con la región y el mundo.

Mi saludo especial a los jóvenes estudiantes aquí presentes, por el día de la juventud que se celebró ayer. Ustedes llevan el legado de un servicio exterior reconocido por su profesionalismo y sus trascendentales aportes al multilateralismo.

Es realmente un honor estar aquí con todos ustedes.

Siento una profunda admiración por el vigor con el que los jóvenes defienden la igualdad soberana de las naciones, la libre autodeterminación de los pueblos, y un orden mundial más justo y equitativo.

Cuba ha estado en la génesis de las plataformas de concertación política de los países en desarrollo, como es el caso del Movimiento de los Países No Alineados, el Grupo de los 77+China, o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Ha sido y sigue siendo una voz poderosa contra los abusos del más fuerte, la explotación de los pueblos, las guerras y la injusticia de las relaciones económicas que siguen condenando a muchos de los pueblos del Sur Global.

Su resistencia -durante más de seis décadas- al injusto bloqueo económico, financiero y comercial, que le han impuesto, es símbolo de dignidad. Desde 1992, cada año, la Asamblea General ha condenado, con un apoyo abrumador, esta medida coercitiva unilateral, contraria al derecho internacional y que impacta desmedidamente sobre el pueblo cubano.

Excelencias, amigos y amigas:

Asumí la Presidencia de la Asamblea en momentos que el multilateralismo está siendo severamente cuestionado.

Las Naciones Unidas constituyen el centro mismo del multilateralismo y de una visión que responde a las esperanzas y aspiraciones de todos los pueblos: un mundo más próspero, más pacífico, que no deje a nadie atrás.

Esta es la razón por la que elegí como tema central para el 73° periodo de sesiones de la Asamblea General: “Hacer que las Naciones Unidas sean relevantes para todas las personas: liderazgo mundial y responsabilidades compartidas para sociedades pacíficas, equitativas y sostenibles”.

En estos más de setenta años el aporte de las Naciones Unidas a la humanidad ha sido inmenso y es innegable.

La Asamblea General -al que llamo el Parlamento de la humanidad- dio origen de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, así como a todas las convenciones, pactos y declaraciones que abarcan todos los aspectos del desarrollo, la paz y los derechos humanos.

Y Ustedes deben saber que muchos de los textos de esos instrumentos cuentan con una impronta cubana, precisamente por la sagacidad, profesionalismo e inteligencia de su diplomacia que los negoció.

Nuestra Organización ha contribuido a la resolución pacífica de los conflictos, mediante la mediación y la acción preventiva, así como a mantener y a consolidar la paz y la seguridad internacionales, en muchas regiones y países del mundo.

La Organización ha creado un plan ambicioso, universal y transformador: la Agenda 2030, hoja de ruta global para el futuro que deseamos y joya del multilateralismo.

Y aquí, permítanme una digresión. Cuba además de contribuir al fortalecimiento del multilateralismo, implementa los acuerdos y compromisos. Cuba implementa.

De acuerdo al Informe Regional de Desarrollo Humano del PNUD para América Latina y el Caribe (2016), los logros sociales alcanzados por Cuba son superiores a los esperados según su nivel de ingreso per cápita. El ingreso nacional bruto subvalora logros en múltiples dimensiones de bienestar, en erradicación de la pobreza extrema, el hambre, la enseñanza y la salud universal, y el abordaje de sus desafíos ambientales.

El Plan Cubano de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030, se encuentra alineado a la Agenda 2030.

El sistema de salud universal y gratuito incluye los lugares de más difícil acceso. Según los datos UNESCO, Cuba ocupa el puesto 14 de los 120 países para los que se ha calculado el Índice de Desarrollo de la Educación para Todos. En 2014, Cuba recibió un reconocimiento de la FAO por haber erradicado el hambre, siendo uno de los ocho países de la región que lo han logrado.

En mi discurso de apertura de la Conferencia Internacional de Cooperación Sur- Sur, en Buenos Aires, destaqué como ejemplo la contribución cubana para frenar la epidemia del virus del Ébola, en varios países de África.

La huella ambiental de Cuba es baja, y contrasta con la significativa contribución de la Isla a la lucha contra el cambio climático. Cuba aporta en esta área de cooperación con sistema de conocimientos, herramientas metodológicas y experiencias validadas para integrar la reducción de riesgos de desastres, la adaptación al cambio climático y la sostenibilidad ambiental en la planificación de desarrollo.

Cuba fue el primero en firmar y el segundo en ratificar la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer; y llevó adelante la implementación de la Plataforma de Acción de la IV Conferencia de la ONU sobre la Mujer en Beijing 1995.

El 53.2% de los diputados en Cuba son mujeres, al igual que 3 de 5 vicepresidentes del Consejo de Estado y 12 de sus 23 integrantes, 1 de 6 vicepresidentes del Consejo de Ministro y 7 de sus 26 integrantes; la licencia de maternidad retribuida y sus consiguientes prestaciones son prácticas ejemplares que pueden servir como faro para muchos países.

Con su trabajo en el terreno, la ONU mejora la vida de las personas. El personal de mantenimiento de la paz y el humanitario arriesgan sus vidas, todos los días, para proteger y asistir a víctimas de conflictos y desastres. Provee alimentos y asistencia a 80 millones de personas, y vacunas para el 45% de los niños del mundo. Protege a 65 millones de personas que huyen de conflictos, del hambre o la persecución. Trabaja en el mantenimiento de la paz en 14 países.

María Fernanda Espinosa Garcés

PRESIDENTA DEL 73° PERIODO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL

Queridos amigos,

La agenda internacional para la igualdad de género y el multilateralismo tienen al menos dos cosas en común: ambas están bajo presión, y requieren del apoyo de Cuba. Y esto me trae de regreso al tema de nuestra conversación.

La realidad del mundo es compleja, estamos cada vez más polarizados y enfrentamos múltiples crisis.

Millones de personas se han quedado fuera de los beneficios tecnológicos, de la promesa de la Globalización y se sienten inseguras, con temor, sobre su presente y su futuro.

Hay una desconexión entre las expectativas de las personas y las respuestas institucionales y políticas que crea desconfianza en los sistemas e instituciones nacionales e internacionales. Esa incertidumbre, este temor y desconfianza se reflejan en el aumento de las voces que promueven el nacionalismo extremo y el aislacionismo.

Pero el multilateralismo no representa una amenaza a la soberanía. Por el contrario, la fortalece. Ningún país -por más poderoso que sea- puede enfrentar por sí solo los desafíos globales como es el caso del Cambio Climático, el problema mundial de las drogas o el crimen transnacional organizado.

El cambio climático es una amenaza existencial. Nos quedan solo 11 años -de aquí al 2030- para limitar el calentamiento global a 1.5°C y así evitar catastróficas consecuencias humanitarias, económicas y medioambientales.

La crisis de los refugiados ha llegado a niveles que no se habían visto desde la Segunda Guerra Mundial. La migración también se ha intensificado. Estos fenómenos de desplazamientos masivos están siendo explotados por los sectores más reaccionarios para promover el racismo, la xenofobia y otras formas de intolerancia.

Las tensiones geopolíticas y los conflictos no son una cuestión del pasado, siguen afectando a África, Medio Oriente y otras regiones del mundo. La polarización está en aumento, y también alcanza a nuestra región.

Así también, el terrorismo persiste y no respeta fronteras ni nacionalidades.

Millones de personas siguen viviendo en la pobreza, y sufren hambre y desnutrición. Tan solo 26 multimillonarios poseen más dinero que las 3800 millones de personas más pobres del planeta.

En América Latina y el Caribe la realidad no es distinta. Según la CEPAL, al 2017, más de 187 millones de personas viven en condiciones de pobreza y otros 62 millones en pobreza extrema.

Hace solo unos meses, la FAO nos alertaba que, por tercer año consecutivo, el hambre había aumentado, llegando a 39,3 millones de personas subalimentadas.

Nuestra región continúa siendo una de las más desiguales del mundo. El 10% más rico de América Latina y el Caribe concentra, en promedio, cerca del 38% de los ingresos; mientras que el 10% más pobre solo cuenta con el 1,3%.

Permítanme agregar que la mitad de la población mundial, las mujeres, continúan siendo violentadas y discriminadas solo por su género. Hay datos escalofriantes sobre la violencia contra las mujeres.

En esta coyuntura, creo que la única salida, la mejor salida, es más multilateralismo, más diálogo, más colaboración. El líder histórico de la Revolución Cubana, el Comandante Fidel Castro, dijo en 1960 ante la Asamblea General que “Los problemas del mundo no se resuelven amenazando ni sembrando miedo”. Esa es una verdad que sigue siendo tan vigente y relevante como cuando la pronunció.

Creo firmemente en los valores y principios universales consagrados en la Carta de las Naciones Unidas. Estoy convencida de que la cooperación internacional y un sistema basado en reglas son los mecanismos más idóneos para enfrentar los retos mundiales y construir un mejor futuro.

Debemos retomar la agenda multilateral con un compromiso renovado, relanzar la narrativa del multilateralismo y su rol irreemplazable.

El trabajo de las Naciones Unidas, los logros que ha alcanzado en todos estos años, son extraordinarios. Sin embargo, aún hay escépticos, y hay quienes se preguntan si la Organización está a la altura de los desafíos globales; a ellos, debemos responder con un contundente SÍ.

Nuestra Organización, como paraguas y referente del sistema multilateral, ha dado y sigue dando respuestas efectivas.

Con su trabajo en el terreno, la ONU mejora la vida de las personas. El personal de mantenimiento de la paz y el humanitario arriesgan sus vidas, todos los días, para proteger y asistir a víctimas de conflictos y desastres. Provee alimentos y asistencia a 80 millones de personas, y vacunas para el 45% de los niños del mundo. Protege a 65 millones de personas que huyen de conflictos, del hambre o la persecución. Trabaja en el mantenimiento de la paz en 14 países.

Las Naciones Unidas sigue transformando la vida de millones de personas al ser la plataforma central para las negociaciones multilaterales más diversas. Por ejemplo: en el 2015 se adoptó la Agenda de Acción de Addis Abeba sobre Financiamiento para el Desarrollo; en el 2016, se firmó el Acuerdo París de Cambio Climático, y se adoptó la Nueva Agenda Urbana; en el 2017, se aprobó el “Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares”; y en diciembre pasado, se adoptó el “Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular”.

Sin embargo, para tener una Organización fuerte, eficiente, capaz de adaptarse a nuevas realidades y que, por, sobre todo, sea relevante para las personas a las que sirve, debemos asegurar que las Naciones Unidas estén bien equipadas para responder a los desafíos y a los propósitos para los que fue creada.

Considero que existen tres áreas en las que debemos mejorar nuestro desempeño:

Primero, tenemos que renovar nuestra narrativa. Esto es esencial. Tenemos que saber comunicar nuestros logros. Debemos superar el lenguaje críptico y burocrático, remplazar los acrónimos por los sinónimos. Hacer una tarea si se quiere pedagógica sobre lo que hacemos y para quiénes lo hacemos.

Ganar la batalla de la comunicación es imprescindible; una batalla que se debe dar tanto en los medios masivos de comunicación como en las redes sociales. Esta es una responsabilidad colectiva. Todos los que creemos en el sistema multilateral, porque conocemos sus beneficios, tenemos ese deber. Los líderes mundiales tienen una responsabilidad mayor. Ellos y ellas deben transmitir de manera contundente que el multilateralismo no es una opción, es una necesidad.

Segundo, necesitamos una Organización que responda a los más vulnerables.

En el mundo todavía más de 700 millones de personas no pueden satisfacer sus necesidades básicas; y más de 262 millones de niños siguen sin tener acceso a educación. Las cifras sobre refugiados, personas con hambre, víctimas de trata y de violencia son desgarradoras.

En este contexto, la Agenda 2030 es un «kit de supervivencia», una hoja de ruta para erradicar la pobreza, crear trabajo decente, y asegurar una vida digna para las personas.

Desde su adopción hemos avanzado, pero no al ritmo que se requiere, especialmente en los países en vías de desarrollo. Se debe ampliar el financiamiento, mejorar la capacidad institucional, e implementar las políticas necesarias para cerrar las brechas y transformar a nuestras sociedades. La voluntad política es esencial.

Tercero, necesitamos una Organización eficiente, efectiva y orientada a la acción y que se base en resultados. Tenemos que reconocer que nuestras instituciones multilaterales podrían y deberían funcionar mejor, y que deben reinventarse para que puedan cumplir sus labores. De hecho, estamos trabajando en eso.

El Secretario General ha puesto en marcha un ambicioso paquete de reformas en tres áreas clave: paz y seguridad; el sistema de desarrollo; y la gestión. Estas reformas permitirán mejorar nuestra capacidad de implementación; ser menos burocráticos y más efectivos; estar más cerca de las personas; tener una mejor rendición de cuentas y ser más transparentes.

En la Asamblea General estamos impulsando un proceso de revitalización muy dinámico, para mejorar los métodos de trabajo; optimizar la agenda y poner más énfasis en la implementación de las resoluciones, para garantizar la calidad y el impacto del trabajo normativo que realizamos.

La reforma del Consejo de Seguridad es otro proceso vital y complejo, aunque debo admitir que es una de las áreas más lentas de nuestro proceso de reinvención. Hace 25 años que se está discutiendo. Existe coincidencia de que la composición del Consejo ya no refleja las realidades geopolíticas del mundo, y que su reforma reforzaría el multilateralismo y contribuiría para tener un sistema de gobernanza mundial más democrático; sin embargo, no todos los Estados están preparados para avanzar.

Queridos amigos,

Ayer, por la mañana, rendí tributo a José Martí en la emblemática plaza de la Revolución y por la tarde visité la Oficina del Programa Martiano. Es con esa inspiración que hoy lo cito: “Los hombres se dividen en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y deshacen”. Quienes defendemos el multilateralismo, lo hacemos porque la realidad del mundo, en estas siete décadas, nos demuestra que necesitamos más cooperación y no menos. Estamos claramente del lado de los que aman y de los que fundan.

En estos tiempos difíciles debemos resistir a las fuerzas que buscan fragmentarnos, a las que quieren deshacer el sistema que con tanto sacrificio, con tanta decisión y voluntad, hemos construido. Y vamos a resistir, pero también vamos a refundar y vamos a construir.

Como Presidenta de la Asamblea General y como mujer latinoamericana, seguiré abogando con gran firmeza y con gran convicción por la vigencia de nuestra Organización, los principios que la sustentan y que están inscriptos en su Carta Constitutiva y por el trabajo y por la acción multilateral como una herramienta indispensable para el desarrollo, la paz y los derechos humanos en todo el mundo.

Muchas gracias.