La pandemia de la COVID‑19   y las restricciones sociales asociadas, como los confinamientos y las limitaciones de movilidad, han afectado a muchos ámbitos de la sociedad, así como a aspectos de la vida laboral y privada de los individuos. Las personas se han visto afectadas de manera desigual, dependiendo de su ocupación, situación socioeconómica y otras variables. Por ejemplo, las personas han experimentado diferentes tipos de cambios en su vida cotidiana en función de los requisitos de presencialidad en el trabajo y el contacto interpersonal en la vida real, frente a  las posibilidades de teletrabajar.

Además, los grupos etarios con niños pequeños en casa pueden haber experimentado una mayor carga en su vida privada durante la actual pandemia. En un informe de políticas  de las Naciones Unidas se advertía el año pasado que "no debe pasarse por alto el efecto a largo plazo de la crisis en la salud mental de las personas y, a su vez, las consecuencias de la salud mental en la sociedad". Dada la preocupación en torno a esta delicada cuestión, la Organización Mundial de la Salud alertó  en octubre de 2020 de que la salud mental debía considerarse "un componente esencial de la respuesta a la COVID‑19".

¿Cómo se han visto afectados los diferentes grupos de la sociedad? ¿Qué cambios se han producido durante la pandemia, dentro y fuera del trabajo, y en términos de salud y bienestar? Para responder a estas preguntas, un equipo del Instituto de Investigación sobre el Estrés de la Universidad de Estocolmo, una institución miembro de la UNAI en Suecia, realizó un estudio sobre los cambios en las condiciones de trabajo, los factores de estilo de vida, así como la salud mental y general autodeclarada antes y después del inicio de la primera ola de la pandemia y las consiguientes restricciones en Suecia.

El equipo de investigación está formado por Cecilia Stenfors (jefa del proyecto), Linda Magnusson Hanson, Constanze Leineweber y Hugo Westerlund. El estudio se llevó a cabo en adultos trabajadores y se estudiaron los cambios en los diferentes grupos ocupacionales con mayores o menores posibilidades de distanciamiento físico en el trabajo, incluyendo las profesiones con buenas posibilidades para teletrabajar, los principales grupos de profesiones de contacto que requieren contacto físico con las personas, frente a las ocupaciones de producción de mercancías, fabricación de materiales y procesos, entre otros.

Cabe destacar que se dieron mejoras en la salud entre las profesiones con un alto potencial para teletrabajar, que experimentaron una reducción de los síntomas de agotamiento y estrés cognitivo (por ejemplo, problemas de concentración), así como un aumento de la recuperación y la salud general. Sin embargo, una excepción importante fue el aumento -mayor en aquellos con edades inferiores a los 40 años- de los síntomas depresivos, que fue notorio en este grupo, y entre las profesiones relacionadas con la enseñanza obligatoria y el cuidado de niños. En algunos grupos, no se observaron mejoras en la salud, o estas fueron escasas.

Como aspecto positivo, las personas de todos los grupos ocupacionales experimentaron en general un mayor equilibrio entre el trabajo y la vida privada, con menos conflictos y un intercambio de ideas positivo entre ambas esferas. Sin embargo, este no fue el caso de las personas con profesiones relacionadas con la enseñanza obligatoria y el cuidado de niños, ni el del grupo de edad por debajo de 40 años, que dedicaron más tiempo a las actividades de los niños durante la pandemia. En todas las profesiones se produjo una disminución general en la carga laboral, pero también en el reconocimiento y la recompensa que se obtiene en el trabajo.

Ninguno de estos cambios se apreció en las profesiones relacionadas con la enseñanza obligatoria y el cuidado de niños, un grupo que por lo general no teletrabajó, pero que tuvo que aplicar rápidamente nuevas estrategias para limitar la transmisión del virus en los centros escolares y guarderías. Asimismo, como aspecto negativo, se observó un aumento generalizado de la inseguridad laboral y de las amenazas al empleo, así como de la tensión emocional, sobre todo en relación con los clientes y consumidores. Además, los profesionales de primera línea registraron un mayor riesgo de contagio en el trabajo.

En cuanto a los factores sobre el estilo de vida, varios grupos informaron de cambios en el tiempo que dedicaban a diferentes tareas y actividades durante la pandemia. Un tema habitual fue tener más tiempo para el descanso y la relajación. Las profesiones con potencial de teletrabajo y los grupos de mayor nivel socioeconómico dedicaron más tiempo a las tareas domésticas y de mantenimiento, así como a la actividad física, y menos tiempo a los desplazamientos al trabajo. El grupo de edad inferior a los 40 años dedicó más tiempo al cuidado de los niños, mientras que los grupos de mayor edad dedicaron menos tiempo a estas actividades.

En la investigación en curso,  dirigida por Cecilia Stenfors, se estudia el entorno de vida, el acceso y uso de los espacios naturales, así como su importancia para la resiliencia y la salud en los diferentes grupos durante la pandemia. Los primeros resultados muestran que los que contaban con más "verde" cerca de sus casas tenían mejor salud mental y bienestar; también que aumentó el uso de grandes áreas naturales, lo que pone aun más de manifiesto la importancia de estos espacios, sobre todo durante una pandemia cuando muchas actividades sociales y físicas de apoyo a la salud se trasladaron al exterior.

También está previsto investigar los cambios de organización, la duplicación de equipos, los despidos y permisos por situaciones sociales, las ausencias por enfermedad y salud mental a raíz de la crisis de la COVID‑19 (investigación dirigida por Linda Magnusson Hanson), cómo afecta el teletrabajo a la conciliación de la vida laboral y familiar, a la calidad del trabajo y a la salud (investigación dirigida por Paraskevi Peristera), y cómo afecta a las licencias por enfermedad a lo largo del tiempo el hecho de estar "encerrado" en un trabajo u ocupación no deseados, cómo esta situación evolucionó en diferentes sectores durante la pandemia, y el papel de los factores de estrés del trabajo social (investigación dirigida por Johanna Stengård).

"La pandemia de la COVID‑19 ha creado una crisis como ninguna otra en nuestra vida. Es ahora cuando se está haciendo patente la magnitud del impacto en la salud mental de las personas. Podría tener graves repercusiones durante muchos años", afirmó el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en un mensaje de video. Como se muestra en el estudio aquí presentado, el impacto en la salud mental es variado y requiere un análisis más profundo. Es necesario examinar más a fondo cómo afecta esta crisis mundial a la vida de las personas y, en este sentido, el papel de las universidades es fundamental.