Durante la pandemia de COVID-19, el sistema de atención sanitaria de Kazajstán ha afrontado distintos retos. En el momento álgido de la crisis, uno de los problemas más acuciantes fue la dotación de personal en las instituciones médicas. Durante este período, la integración de la educación y la práctica médica ha sido un elemento a destacar. Desde el primer día, la Universidad Médica de Astana, una institución miembro de la iniciativa Impacto Académico de las Naciones Unidas (UNAI, por sus siglas en inglés), se ha involucrado activamente, sin separar el proceso educativo y la asistencia directa en la lucha contra el virus.

De acuerdo con su misión, la institución es un centro líder en educación médica, y forma especialistas competitivos en el terreno de la salud bajo el principio: “Educación mientras haya vida”. Sus actividades se desarrollan de acuerdo con estándares de calidad nacionales e internacionales en beneficio de los individuos, la sociedad y el Estado kazajo. De acuerdo con estos principios, especialistas de los departamentos de Enfermedades Infecciosas y Epidemiología, asi como Medicina Interna proporcionaron asistencia médica a pacientes en cuarentena y en centros provisionales.

También desarrollaron una campaña de concientización a través de distintas plataformas para dar a conocer a la población medidas preventivas para contener el avance del virus. Además, la institución organizó cursos de formación para lidiar con la crisis a los que asistieron alrededor de 8.000 profesionales sanitarios, y ha participado en proyectos de investigación, en cooperación con centros científicos regionales y bajo las directrices de la Organización Mundial de la Salud, que ofrecen orientación ética y estrategias para responder a esta emergencia de salud pública y también, para abordar cuestiones de género entre las trabajadoras sanitarias de primera línea.

Las clínicas y el centro médico de la universidad han tratado a más de 10.000 pacientes. Además, los científicos de la universidad, especialistas en el terreno de la epidemiología, enfermedades infecciosas, virología e inmunología, forman parte de grupos de expertos que trabajan para desarrollar medidas integrales y preparando protocolos contra la COVID-19. Dadas las circunstancias, la mayor parte de los especialistas en enfermedades infecciosas fueron trasladados a la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Centro Médico Multidisciplinario (MMC, por sus siglas en inglés) de Nur-Sultán, la capital del país.

Es precisamente allí donde los estudiantes de la universidad se unieron a otros profesionales sanitarios en la lucha contra la COVID-19; en particular los matriculados en la especialidad en Enfermedades Infecciosas, que han trabajado en un ala de aislamiento dentro del MMC. Ahí reciben y supervisan las 24 horas del día a pacientes que posiblemente estén contagiados con COVID-19, además de trabajar en salas de emergencia. En la Unidad de Enfermedades Infecciosas del MMC, los residentes proporcionan asistencia práctica y algunos trabajan en un centro telefónico especializado, donde cada día responden inquietudes relacionadas con el virus por parte de la población en general.

Al mismo tiempo, unos 35 residentes de otras especialidades expresaron también su interés por trabajar en un hospital de cuarentena. Los voluntarios inician sus turnos diarios temprano cada mañana, como trabajadores médicos con equipos de protección personal. Ahí monitorean las constantes vitales y el bienestar general de los pacientes, organizan y distribuyen a los nuevos pacientes y se encargan de los expedientes clínicos. “Debes encontrar un lenguaje común con los pacientes, escuchar sus quejas, demostrar que deseas ayudarles y crear una atmósfera en la que se sientan cómodos y seguros”, afirma Ilyas Kairgaliyev, un estudiante voluntario y futuro cirujano.

Akbota Maratkyzy, otra estudiante de la Universidad Médica de Astana, explica que ayudar fue una decisión natural. “En cuanto se registró el primer caso de COVID-19 en Kazajstán, me presté de inmediato a trabajar como voluntaria. Al principio sentí miedo, pero pude manejar la situación relativamente bien gracias al apoyo y solidaridad de todos mis compañeros”, añade. Otros estudiantes han empaquetado alimentos y distribuido productos esenciales, como mascarillas o tapabocas y productos antisépticos, a la población necesitada.

La nueva realidad impone nuevas normas en las instituciones de educación superior. Además de la tradicional naturaleza científica y educativa de las universidades e institutos universitarios, la Universidad Médica de Astana considera que es vital fomentar la contribución al desarrollo social y afrontar retos como la presente pandemia de forma colectiva. Los ejemplos indicados destacan la importancia de que las universidades se involucren en este tipo de desafíos, de acuerdo con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y, en este caso en particular, en relación con el Objetivo 3: Salud y bienestar.