Mensaje del Secretario General con motivo del Día Internacional de las Viudas

El Día Internacional de las Viudas nos invita a reflexionar sobre las dificultades económicas y el aumento de la vulnerabilidad que pueden enfrentar las mujeres que han perdido a su cónyuge.

Cuando las viudas carecen de protección social y jurídica, los ingresos y ahorros de toda su vida suelen ser demasiado exiguos para evitar la pobreza. Incluso en los países con una buena cobertura de las pensiones, las mujeres tienen muchas más probabilidades que los varones de sufrir la pobreza en la vejez. Los servicios sociales son aún más importantes para las viudas de mayor edad, que en muchos casos viven solas o tienen mayor necesidad de servicios de cuidado.

En muchos países, las viudas no tienen los mismos derechos de sucesión que los varones en su misma situación, lo que significa que pueden ser despojadas de las tierras, los bienes y hasta los derechos sobre sus propios hijos y el acceso a ellos. Incluso ahí donde las leyes no sean discriminatorias, es necesario que esos derechos se apliquen y se disfruten en la práctica con total igualdad.

Además, hay que remediar la marginación, los malos tratos y la violencia que sufren las viudas en algunas sociedades, en especial el abuso y el acoso sexuales o el matrimonio forzado, combatiendo las normas que se emplean para justificar tales prácticas culturales discriminatorias y actos de violencia.

La situación de las viudas es particularmente grave en las situaciones de conflicto y de desastre natural, cuando más mujeres enviudan, se intensifica su vulnerabilidad a causa de la pérdida y el desplazamiento y tienden a debilitarse las garantías sociales y jurídicas.

En este Día Internacional, reafirmemos nuestro compromiso de apoyar a todas las viudas, sin distinción de edad, ubicación u ordenamiento jurídico, haciendo lo posible por no dejarlas de lado ni dejarlas atrás.