22 de enero de 2020

Introducción

La desigualdad es quizá el problema más grave de la educación en todo el mundo. Sus causas son múltiples, y entre sus consecuencias se encuentran las diferencias en el acceso a la escolarización, la permanencia y, sobre todo, el aprendizaje. A nivel mundial, estas diferencias están correlacionadas con el nivel de desarrollo de los distintos países y regiones. En los diferentes Estados, el acceso a la escuela está ligado, entre otras cosas, al bienestar general de los alumnos, a su origen social y cultural, a la lengua que hablan sus familias, a si trabajan o no fuera de casa y, en algunos países, a su sexo. Aunque el mundo ha avanzado en las cifras absolutas y relativas de estudiantes matriculados, no han disminuido las diferencias entre los más ricos y los más pobres, así como entre los que viven en zonas rurales y urbanas1.

Estas correlaciones no se producen de forma natural. Son el resultado de la falta de políticas que consideren la equidad en la educación como vehículo principal para lograr sociedades más justas. La pandemia ha exacerbado estas diferencias principalmente debido a que la tecnología, que es el medio de acceso a la escolarización a distancia, presenta una capa más de desigualdad, entre otras muchas.

La dimensión de la desigualdad educativa

En todo el mundo, 258 millones, es decir, el 17 % de los niños, niñas y adolescentes (NNA) del mundo, están sin escolarizar. La proporción es mucho mayor en los países en desarrollo: asciende al 31 % en el África Subsahariana y al 21 % en Asia Central, frente al 3 % en Europa y América del Norte2. Las cifras relativas al aprendizaje, que es el objetivo de la escolarización, son aún peores. Por ejemplo, al ritmo actual de mejora, el alumnado brasileño de 15 años tardaría 75 años en alcanzar los resultados medios de los países más ricos en matemáticas, y más de 260 años en lectura3. Dentro de los países, los resultados de aprendizaje, medidos a través de pruebas estandarizadas, casi siempre son muy inferiores para aquellos que viven en situación de pobreza. En México, por ejemplo, el 80 % de los niños indígenas al final de la escuela primaria no alcanzan los niveles básicos en lectura y matemáticas, y obtienen una puntuación muy inferior a la media de los estudiantes de primaria4.

Las causas de la desigualdad educativa

Hay muchas explicaciones para la desigualdad educativa. En mi opinión, las más importantes son las siguientes:

  1. Equidad e igualdad no son sinónimos. La igualdad significa proporcionar los mismos recursos a todos. La equidad significa dar más a los más necesitados. Los países con mayor desigualdad en los resultados educativos son también aquellos cuyos gobiernos distribuyen los recursos en función de la presión política que experimentan al impartir la educación. Esta presión procede de familias en las que los progenitores fueron a la escuela, las que residen en zonas urbanas, pertenecen a mayorías culturales y aprecian claramente los beneficios de la educación. Las zonas rurales y las poblaciones indígenas, o las zonas urbanas empobrecidas, ejercen mucha menos presión. En estos países se destinan menos recursos —en particular infraestructuras, equipamiento, personal docente, supervisión y financiación— a los desfavorecidos, los pobres y las minorías culturales.
  2. Los docentes son agentes clave para el aprendizaje y su formación es fundamental.  Cuando no se otorga suficiente prioridad a la formación inicial o continua del profesorado, o a ambas, cabe esperar que se produzcan déficits de aprendizaje. Los docentes de las zonas más pobres suelen tener menos formación y recibir menos apoyo en el desempeño de sus funciones.
  3. Además, la mayoría de los países son muy diversos. Cuando un plan de estudios está sobrecargado y es igual para todos, parte del alumnado, generalmente el que reside en zonas rurales, pertenece a minorías culturales o vive en la pobreza, encuentra poco sentido a lo que se le enseña. Cuando la lengua de enseñanza es diferente de su lengua materna, el alumnado aprende mucho menos y abandona antes la escuela.
  4. Además, el alumnado perteneciente a colectivos desfavorecidos a menudo se encuentra con actitudes poco amistosas o abiertamente ofensivas tanto por parte del profesorado como de los compañeros y compañeras de clase. Estas actitudes derivan de los prejuicios, los estereotipos, el racismo y el sexismo. La disposición a aprender del alumnado que se encuentra en entornos hostiles se ve afectada, y en muchos casos estos alumnos y alumnas abandonan los estudios antes de tiempo.

No tiene por qué ser así

Cuando los sistemas educativos se abandonan a la toma de decisiones por inercia, parecen estar condenados a reproducir la desigualdad social y económica. El compromiso de los gobiernos y las sociedades con la equidad en la educación es necesario y posible. Hay varios ejemplos de sistemas educativos más equitativos en el mundo, y a escala subnacional existen muchos ejemplos de políticas que han logrado fomentar la equidad en la educación.

¿Por qué es importante la equidad en la educación?

La educación es un derecho humano básico. Más que eso, es un derecho habilitador en el sentido de que, cuando se respeta, permite el ejercicio de otros derechos humanos. Está demostrado que la educación influye en el bienestar general, la productividad, el capital social, la ciudadanía responsable y el comportamiento sostenible. Su distribución equitativa permite la creación de sociedades permeables y la equidad. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible recoge el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, que pretende garantizar «una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos». 184 países se han comprometido a alcanzar este objetivo durante el próximo decenio5. El proceso de recorrer juntos este camino ha comenzado y requiere un impulso para continuar, especialmente ahora que debemos afrontar las devastadoras consecuencias de una pandemia de larga duración. Seguir avanzando es crucial para la humanidad.

Notas 

1Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, «Inclusión y educación: todos sin excepción», Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo 2020 (París, 2020), pág. 8. Disponible en: https://es.unesco.org/gem-report/report/2020/inclusion.

2Ibid., pág. 4 y 7.

3Grupo del Banco Mundial, «Informe sobre el Desarrollo Mundial 2018: Aprender para hacer realidad la promesa de la educación» (Washington, DC, 2018), p. 3. Disponible en: https://www.worldbank.org/en/publication/wdr2018

4Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, «La educación obligatoria en México», Informe 2018 (Ciudad de México, 2018), p. 72. Disponible en línea en: https://www.inee.edu.mx/wp-content/uploads/2018/12/P1I243.pdf.

5Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura«Declaración de Incheon y Marco de Acción para la realización del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4» (2015), p. 23. Disponible en  https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000245656_spa

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