8 de junio de 2020

El día 8 de junio, con motivo de la celebración del Día Mundial de los Océanos, se suelen organizar reuniones de expertos y dirigentes en torno a la temática de la protección de los ecosistemas marinos. Este año, muchos de nosotros íbamos a pasar los días anteriores a la Conferencia sobre los Océanos de las Naciones Unidas en Lisboa, Portugal, evaluando el progreso hacia la consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 14 relativo a la «Vida submarina». En su lugar, en las salas de conferencias y los pasillos reinaba el silencio, al igual que en el resto de los edificios de las Naciones Unidas de todo el mundo. El Día Mundial de los Océanos de 2020 fue virtual, pero las amenazas a la salud oceánica son cada día más reales.

A medida que los países van luchando contra la pandemia de COVID-19 y comienzan a salir de la crisis, debemos aprender una lección fundamental: la salud humana no yace en una burbuja. Nuestras vidas dependen de los sistemas naturales de la Tierra y de otras especies con las que compartimos el planeta, y tienen un impacto sobre ellos. Un 99 % del espacio vital de la Tierra es submarino, por lo que los océanos sin duda forman parte de estos sistemas. Las crisis globales interconectadas del cambio climático, la extinción de especies, la reducción de los océanos y, ahora, la COVID-19 —además de los desafíos sanitarios prepandémicos— pueden resultar abrumadoras. No obstante, todas ellas exigen la misma respuesta básica: un cambio transformacional a través de la solidaridad, la ciencia y un compromiso con un futuro sostenible y justo.

Puede que ahora mismo no podamos juntarnos para homenajear los océanos, pero la crisis sanitaria global debería aguzar nuestra voluntad de proteger nuestro planeta azul.

La capacidad de los océanos de sustentar la salud humana está en peligro

El requisito para que el planeta y los seres humanos gocemos de buena salud es que los océanos estén sanos. El 80 % de la vida terrestre se encuentra en los océanos. Constituyen la mayor biosfera del mundo y albergan grandes bombas biológicas y de carbono, así como redes alimentarias que controlan nuestro clima y nos sustentan. Algunas de las formas en que los océanos sustentan la salud humana son claramente visibles. El pescado representa casi el 20 % de la proteína animal para 3.200 millones de personas, una proporción que aumenta hasta el 50 % en algunos pequeños Estados insulares en desarrollo y en países como Bangladesh, Indonesia y Sierra Leona.1 La sobreexplotación de poblaciones de peces y la migración de especies clave por el cambio climático podrían traer consigo la pérdida de medios de subsistencia, inseguridad alimentaria e inestabilidad. Los océanos son también fuente de avances biomédicos que salvan vidas. De hecho, las pruebas que se utilizan para diagnosticar el nuevo coronavirus se desarrollaron utilizando enzimas que se encuentran en microorganismos del fondo del mar, que también podrían ser clave para identificar nuevos agentes para combatir la resistencia a los antibióticos. 2, 3

Otras cuestiones en las que dependemos de los océanos son invisibles y, a menudo, se subestiman. Los océanos aportan el 50 % de nuestro oxígeno y han absorbido el 93 % del exceso de calor,4 así como entre el 20 % y el 30 % de las emisiones de carbono5 que ha producido la humanidad en los últimos 50 años. Nos están protegiendo de efectos incluso más perjudiciales del calentamiento global, pero, ¿a qué coste para los océanos? Durante cuánto tiempo más podrán seguir protegiéndonos los océanos haciendo frente a cambios sin precedentes en su propio estado físico y químico?

Además de apropiarnos de sus peces, los seres humanos somos ahora responsables de que sus aguas estén más calientes, más ácidas y más desprovistas de oxígeno. En 2019, se alcanzó un nuevo récord de temperatura del océano.Las olas de calor marinas son cada vez más frecuentes, la acidificación de los océanos está disolviendo las conchas y los esqueletos de corales y moluscos, y las zonas con niveles de oxígeno mínimos se han expandido en 4.5 millones de kilómetros cuadrados desde la década de los 60.7 A este ritmo, más que sustentar la vida, los océanos van a necesitar asistencia para sobrevivir. Pero los pronósticos son esperanzadores. Un nuevo estudio prevé que nuestros océanos recobren la salud en una sola generación si combatimos el cambio climático, terminamos con la pesca no sostenible y protegemos las grandes extensiones del océano para permitir que la biodiversidad se recupere.8 Para lograr este objetivo, son necesarias intervenciones internacionales urgentes que refuercen la gobernanza de los océanos.

Acciones multilaterales para gobernanza y protección de los océanos

Para alcanzar las metas de conservación y uso sostenible de los océanos establecidas en el ODS 14 —algunas de las cuales tenían como plazo límite 2020—, tenemos que actuar de manera audaz y multilateral en varios frentes. Por suerte, los próximos meses nos van a ofrecer oportunidades clave para defender la salud de los océanos como pilar fundamental de un mundo pos-COVID-19 más sostenible y saludable. La meta 14.6 de los ODS apela a los Estados a que, para 2020, prohíban las subvenciones a la pesca, las cuales contribuyen a las actividades pesqueras ilegales, no declaradas y no reglamentadas (INRNR). El escenario en el que se están acordando los términos de esta prohibición son las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en materia de subvenciones a la pesca, en la actualidad las únicas negociaciones multilaterales activas en la OMC.9 Los gobiernos gastan 22.200 millones de dólares al año en estas perjudiciales ayudas que amenazan la seguridad alimentaria y socavan la salud de los océanos.10 Tras años de conversaciones, se podría alcanzar un trato incluso sin necesidad de más reuniones presenciales, dado que los Estados Miembros están predispuestos a ello.

Otro compromiso global que se debía cumplir para 2020 es la negociación de un nuevo instrumento internacional legalmente vinculante en materia de diversidad biológica marina en zonas fuera de las jurisdicciones nacionales, tal como acordó la Asamblea General en 2015. Un Tratado de Alta Mar sólido haría que la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar se adecuara a este propósito en el siglo XXI, y reflejaría la realidad de que no existe virtualmente ningún lugar fuera del alcance de las flotas pesqueras industriales ni a salvo de los efectos del cambio climático y la contaminación. La pandemia de coronavirus ha pospuesto la sesión de negociación final, pero hay sobre la mesa un borrador del tratado. Los gobiernos pueden emplear este tiempo extra para resolver las controversias restantes, encontrar soluciones y suscitar ambiciones. Resulta esencial que el tratado incluya mecanismos de creación de áreas marinas protegidas en alta mar con el fin de construir una red global de reservas marinas que ayuden a restaurar las reservas de peces y a aumentar la resistencia al cambio climático.

A día de hoy, solo está protegido el 5,3 % de los océanos (y un 1,2 % del alta mar) en áreas marinas protegidas gestionadas activamente.11 Esto dista mucho de la meta 14.5 de los ODS que aboga por la conservación del 10 % de las áreas marinas para 2020, y pone de manifiesto la necesidad de acelerar las acciones si queremos llegar a proteger el 30 % de los océanos de aquí a 2030, meta marcada por la ciencia que suscita llamamientos generalizados y que se va a recoger en el Marco Mundial de la Diversidad Biológica Posterior a 2020. Las partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica están negociando este marco.

Ninguna otra zona se beneficiaría más de una sólida protección marina que las heladas aguas internacionales que rodean la Antártida, esenciales para todo el sistema planetario. En su reunión anual de octubre, los 25 Estados y la Unión Europea que forman la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos deben acordar ampliar la protección del Océano Austral para abarcar 7 millones de kilómetros cuadrados. Esta decisión constituiría un hito histórico del multilateralismo en un año en el que las temperaturas del continente helado alcanzaron el récord de 18,3 grados Celsius.12

RISE UP: Alcémonos por un futuro con buena salud

En el Día Mundial de los Océanos, tenemos que exigir acciones multilaterales de amplias miras como estas. Este es el objetivo de una nueva colaboración única entre organizaciones no gubernamentales, pueblos indígenas, pescadores y científicos que hacen un llamamiento a los gobiernos y las partes interesadas a unirse a la campaña RISE UP y a alzarse por los océanos como medida para su restablecimiento urgente. Todo está listo para el cambio transformador. El ODS 14 nos facilita el marco, la ciencia respalda claramente la protección marina y hay una creciente ola de compromiso ciudadano. Los riesgos de ignorar la aceleración de la reducción de los océanos son demasiado grandes. Es hora de elegir salud, por los océanos y por nosotros mismos.

Notas

1Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2018. Cumplir los objetivos de desarrollo sostenible (Roma, 2018), págs. 2 y 70. Disponible en: http://www.fao.org/3/I9540ES/i9540es.pdf.

2Elise Hugus, «Finding answers in the ocean: in times of uncertainty, the deep sea provides solutions», Instituto Oceanográfico de Woods Hole, 19 de marzo de 2020. Disponible en: https://www.whoi.edu/news-insights/content/finding-answers-in-the-ocean/.

3Universidad Atlántica de Florida, «Deep-sea marine sponges may hold key to antibiotic drug resistance», ScienceDaily, 19 de junio de 2018. Disponible en: www.sciencedaily.com/releases/2018/06/180619123013.htm.

4Dan Laffoley y John M. Baxter (Eds.), Explaining Ocean Warming: Causes, Scale, Effects and Consequences (Gland, Suiza, Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, 2016), pág. 61. Disponible en: https://portals.iucn.org/library/sites/library/files/documents/2016-046_0.pdf.

5Hans-Otto Pörtner y otros (Eds.), «Resumen para responsables de políticas», Informe Especial del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) sobre el océano y la criosfera en un clima cambiante (2019), pág. 9. Disponible en: https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/sites/3/2020/07/SROCC_SPM_es.pdf

6Organización Meteorológica Mundial, Declaración de la OMM sobre el estado del clima mundial en 2019 (Ginebra, 2020), pág.10. Disponible en: https://library.wmo.int/index.php?lvl=notice_display&id=21700#.XsVfEmhKg2x.

7Denis Breitburg y otros, «Declining oxygen in the global ocean and coastal waters», Science, vol. 359, núm. 6371 (5 de enero de 2018). Disponible en: https://science.sciencemag.org/content/359/6371/eaam7240?intcmp=trendmd-sci.

8Carlos M. Duarte y otros, «Rebuilding marine life», Nature, vol. 580 (abril de 2020). Disponible en: https://doi.org/10.1038/s41586-020-2146-7

9Organización Mundial del Comercio, «Negociaciones sobre las subvenciones a la pesca». Temas comerciales. Disponible en: https://www.wto.org/spanish/tratop_s/rulesneg_s/fish_s/fish_s.htm.

10Ussif Rashid Sumaila y otros, «Updated estimates and analysis of global fisheries subsidies», Marine Policy, vol. 109 (noviembre de 2019). Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.marpol.2019.103695.

11Atlas of Marine Protection, Global MPAs. Disponible en: http://www.mpatlas.org/map/mpas/ (consultado el 16 de mayo de 2020).

12Naciones Unidas, «Climate crisis: Antarctic continent posts record temperature reading of 18.3°C», UN News, 7 de febrero de 2020. Disponible en: https://news.un.org/es/story/2020/02/1056902.

 

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