Papua Nueva Guinea está a punto de unirse al grupo de países que empiezan a adoptar un enfoque diferente a la hora de analizar la naturaleza y de cuantificar y valorar sus economías.

Por primera vez, se realizará una evaluación nacional de los servicios proporcionados por los ecosistemas y la diversidad biológica generados por el medio natural, y se definirán los vínculos existentes con las actividades y los valores económicos.

Los resultados determinarán las decisiones importantes en materia de inversión y otras decisiones relacionadas con la economía y el medio ambiente de un país en el que las personas dependen en gran medida de los puestos de trabajo que están condicionados por la naturaleza (como la silvicultura, la agricultura, el turismo y la pesca).

En los últimos años, los cambios insostenibles en el uso de la tierra y la degradación forestal han hecho que disminuya la calidad y la fertilidad de los suelos, lo que ha supuesto una reducción de los rendimientos agrícolas y una importante contribución para las emisiones de gases de efecto invernadero de Papua Nueva Guinea.

Los activos naturales y la diversidad biológica del país son únicos en la región del Pacífico; este país alberga el 18 % de la población de atún de todo el mundo. Sin embargo, el sector del atún de Papua Nueva Guinea se encuentra en peligro como consecuencia de la sobreexplotación del rabil y el patudo.

Las medidas adoptadas para determinar el valor de los servicios proporcionados por los ecosistemas son urgentes, ya que el hecho de no contabilizar sus pérdidas hace que sea más probable que estas sigan aumentando hasta alcanzar un punto de no retorno. La evaluación cuenta con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en colaboración con la Universidad James Cook, en Australia.

Durante la presentación de la iniciativa, el Representante Residente del PNUD en Papua Nueva Guinea, Dirk Wagener, señaló que la diversidad biológica es la base que proporciona los servicios que necesitamos para sobrevivir, como el agua potable, el aire respirable, el suelo fértil y la abundancia de mares para obtener alimentos. Si la diversidad biológica y los servicios que proporciona no se protegen, la economía del país y los medios de subsistencia de las personas que viven en él se verán gravemente afectados.

En 2019, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) calculó que el valor de los servicios procedentes de los ecosistemas, como la depuración del agua y la absorción de carbono, ascendía a 140 billones de dólares al año, lo que supone 1,5 veces el volumen del producto interno bruto (PIB) mundial. No obstante, entre 1997 y 2011, el mundo perdió hasta 20 billones de dólares al año solo como consecuencia de los cambios en la cubierta terrestre, como, por ejemplo, la tala de árboles.

Estas prácticas contribuyen en gran medida al cambio climático y debilitan el progreso con respecto a todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Los ODS solo se pueden alcanzar a nivel mundial si los ecosistemas y los servicios proporcionados por estos se protegen y se emplean de manera sostenible.

En 2021, la Comisión de Estadística de las Naciones Unidas aprobó el Sistema de Contabilidad Ambiental y Económica, lo que supone un gran avance hacia el reconocimiento mundial del valor del capital natural en la presentación de informes económicos. El cambio reconoció la necesidad de analizar más allá de las medidas exclusivamente monetarias convencionales, como el PIB, e incluir los servicios procedentes de los ecosistemas que normalmente no se contabilizan.