Mafalda Duarte dirige los Fondos de Inversión en el Clima, que colaboran con bancos multilaterales de desarrollo, autoridades gubernamentales y comunidades de países en desarrollo para financiar soluciones climáticas. En una entrevista reciente, habló sobre cómo la financiación pública para el clima constituye un catalizador para el cambio y sobre por qué las acciones climáticas fructíferas dependen fundamentalmente de la inclusión social. Se ha editado la entrevista por motivos de extensión y claridad.

 

¿De qué manera supone la financiación pública para el clima un catalizador para el cambio?

Pensemos en cuando vamos a un supermercado en el que se puede escoger entre manzanas orgánicas y manzanas normales. Quizás seamos conscientes de que las manzanas orgánicas son mejores para la salud, pero son más caras y no podemos permitírnoslas. Si los recursos públicos entran en juego para influir en las decisiones de inversión que determinan el método de producción de las manzanas, puede producirse un giro en la economía hasta el punto en que la opción más saludable sea la más asequible. 

La financiación pública para el clima funciona de manera similar. El Gobierno, en lugar de optar por seguir invirtiendo en combustibles fósiles, invierte en energía renovable, hasta que la economía convierta esta última en la opción por defecto. A lo largo de la historia, el sector de los combustibles fósiles ha recibido una gran cantidad de subvenciones. Necesitamos hacer lo mismo con las opciones más limpias, en vista de los desafíos que tenemos por delante si no lo hacemos. 

Desde la creación de los FIC en 2008, el costo de la energía renovable se ha reducido de manera significativa, incluso por debajo de los costos de los combustibles fósiles. Sin embargo, esto no sucede en todos los países, y no se trata solo del costo de la tecnología. En estos mercados, existen riesgos que elevan considerablemente los costos de capital, lo que influye en la viabilidad de las inversiones. Una financiación pública con menor costo puede ayudar a superar este obstáculo. 

Otro aspecto importante es la información. En muchos lugares, no existe información suficiente para comprender en qué consiste el cambio climático, cómo repercute en nuestra vida y qué oportunidades tenemos de hacer las cosas de un modo distinto. Cuando trabajamos con bancos comerciales locales a fin de traducir la acción contra el cambio climático en líneas de crédito para sus clientes, también apoyamos las campañas de información, de modo que las comunidades y los empresarios entiendan sus opciones y los diferentes resultados que pueden conllevar. 

Ha comentado que el futuro de la acción climática se encuentra en los países en desarrollo. ¿Por qué?

A nivel mundial, las inversiones que se necesitan en infraestructura para 2030 ascienden a 90 billones de dólares aproximadamente. Dos tercios de esa cantidad está en los países de ingreso mediano y bajo, que presenten una población y unas tasas de crecimiento económico más elevadas. Con el crecimiento actual de la población que está teniendo lugar en África y Asia, en pocos decenios habrá otros 2500 millones de personas en las ciudades. 

Al tomar una decisión de inversión de capital, el capital queda bloqueado durante tres, cuatro, cinco o más decenios. Ahora debemos influir en las decisiones de inversión, dado que no queremos que favorezcan a las opciones con un alto nivel de carbono ni que presten una atención insuficiente al riesgo climático. 

Muchos países cuentan con sistemas relativamente bien desarrollados para responder a los desastres. No sucede lo mismo en el caso del cambio climático, donde incluso los planes de acción para poner en práctica el Acuerdo de París están resultando deficientes. ¿Qué se necesita para ofrecer argumentos más contundentes en favor de la acción climática? 

Resulta mucho más fácil entender los desastres cuando los sufres directamente. El cambio climático llega al punto en que adquiere un carácter irreversible, pero avanza con mayor lentitud. En general, no considero que los importantes datos científicos publicados en los medios de comunicación internacionales hayan conseguido necesariamente que el mensaje sobre la urgencia del cambio climático cale. 

Debemos entender en qué posición se encuentran las personas y adaptar la información a sus circunstancias particulares; porque las comunidades y todos los países están sufriendo el cambio climático, no solo están hablando de ese concepto. Debemos colaborar con las autoridades gubernamentales y las comunidades para relacionar o conectar los fenómenos climáticos globales con lo que están experimentando, y explicar las medidas disponibles en su nivel para contribuir al desarrollo socioeconómico y los desafíos climáticos en el plano mundial. 

Hemos descubierto que, si las personas entienden cómo hacer algo diferente que sea mejor para su comunidad, para su familia o para el bien común mundial, lo harán. En Ghana, por ejemplo, trabajamos con los productores de cacao. Siempre habían dado por sentado que los árboles del cacao tenían que estar totalmente expuestos al sol, lo que causaba deforestación. El motivo de ello no era que las personas no entendiesen el valor de los árboles, que sí lo entendían, sino que pensaban que al despejar los bosques obtendrían unas cosechas y una calidad mejores. Fuimos capaces de explicarles y demostrarles que, en realidad, podrían obtener un cacao de mayor calidad y mejores ingresos al conservar los árboles de sombra. Además, esto reduciría la deforestación y la contribución a un problema mundial denominado cambio climático. 

A la hora de lograr los objetivos climáticos, ¿por qué es tan importante una transición justa? 

Estamos hablando de cambios muy significativos porque, hoy en día, las economías y las sociedades dependen de la explotación de los recursos naturales. No se trata de cambios únicamente en términos de inversiones, sino a todos los niveles, incluidos los comportamientos, que son difíciles de cambiar. 

Un aspecto del que no cabe duda es que, si no llevamos a cabo los cambios de un modo inclusivo, no vamos a obtener buenos resultados, dado que las personas no apoyarán la transición si las dejamos atrás. En los FIC, nos hemos centrado en dos principios fundamentales. Uno es la inclusión social. ¿A quiénes debemos reconocer que no hayamos tenido en cuenta en el pasado? ¿Los estamos empoderando? ¿Participan en las decisiones? El segundo principio en el que nos centramos son los efectos distributivos. Al pensar en impulsar la energía renovable o la eficiencia energética, ¿qué vías abordarán también las desigualdades sociales? ¿Cuáles agravarán la situación de determinados grupos sociales? ¿De qué forma podemos invertir para evitar que eso suceda? 

En Sudáfrica, las áreas en las que se pueden construir plantas de energía renovable no coinciden con las que albergan plantas eléctricas de carbón. Algunas regiones están cosechando los frutos de las inversiones en energías renovables, y otras no. Las comunidades que dependen de las plantas eléctricas de carbón entienden la necesidad de pasar a una energía limpia, así como los efectos para el medio ambiente y la salud de sus comunidades. Sin embargo, si carecen de oportunidades para adoptar otros medios de vida o fuentes de ingresos, se opondrán a los objetivos climáticos. En la India, la transición del carbón es bastante compleja, ya que afecta al sector energético y también a otros sectores. Los ferrocarriles, por ejemplo, obtienen cuantiosos ingresos del transporte de carbón y subvencionan el transporte público a la población pobre. 

Una transición justa debe trascender a todos los sectores e implica que debemos analizar los efectos para la economía y la sociedad de una forma muy holística. Tenemos que abordar cambios en las políticas y reglamentaciones y las capacidades institucionales para llevar a cabo reformas. Debemos pensar en la infraestructura, por ejemplo, en cómo podemos reconvertir las plantas eléctricas de carbón. El tercer pilar consiste en que las personas y comunidades dispongan de oportunidades económicas y medios de vida alternativos, y del puente de apoyo de la protección social. 

¿A qué ritmo se están sumando las empresas a la acción climática? 

Estamos siendo testigos de un cambio. La gran pregunta es: ¿se producirá a la velocidad y la escala necesarias? Según nuestra experiencia, si introducimos capital con unos tipos inferiores a los del mercado y asumimos ciertos riesgos que el sector privado no puede correr, entonces las empresas aprovecharán las oportunidades. Si ofrecemos financiación para las primeras etapas del desarrollo de la energía geotérmica porque resulta extremadamente arriesgado, entonces el sector privado podrá participar. Combinar pequeñas inversiones y ofrecer garantías puede dar lugar a la emisión de bonos en el mercado local y a la recaudación de capital. El cumplimiento de los objetivos climáticos depende de este tipo de iniciativas nacionales y locales, no solo de las de las grandes multinacionales. 

No obstante, otra de las esferas se corresponde con los fondos soberanos de inversión y de pensiones y otros tipos de capital institucional con recursos muy significativos. Aunque dos tercios de las inversiones en infraestructura tendrán lugar en países de ingreso mediano y bajo, esos mercados no se han visto favorecidos por el capital institucional, ya que existen otras opciones de inversión menos arriesgadas. Deben ocurrir muchas cosas a diferentes niveles para que los inversores se adentren en esos mercados, por ejemplo, aspectos relacionados con la reglamentación, pero confío en que entenderán que las oportunidades económicas del futuro dependen de la coherencia con los objetivos climáticos. Tarde o temprano, las empresas que se muevan en otra dirección cerrarán.

Muchos de los planes de recuperación ligados a la enfermedad por coronavirus (COVID-19) no han hecho hincapié en la acción climática. ¿Le sorprende? 

Esto responde a nuestra condición humana. Ante las adversidades, somos más propensos a continuar con lo conocido que a pensar en formas disruptivas de avanzar. Al analizar los paquetes de recuperación, siempre encontramos grandes inversiones en industrias que no son las industrias del futuro, lo que constituye un motivo de preocupación. 

En cierta medida, creo que no hemos entendido por completo las enseñanzas que se derivan de la COVID-19. Los especialistas llevaban tiempo alertando de que esto sucedería en algún momento y de que los sistemas sanitarios no estarían preparados para ello. Aun así, los Gobiernos no hicieron lo que se les aconsejó. La diferencia entre la COVID-19 y el clima es que, si bien la COVID-19 conlleva unas repercusiones extremadamente graves, podemos recuperarnos. Sin embargo, el cambio climático es acumulativo, de modo que puede llegar un momento en el que los efectos sean de tal envergadura que no sea posible encontrar el modo de atajarlos. 

No es sencillo, pero realmente necesitamos dirigentes que tengan fe en un futuro y un tipo de inversión diferentes. Necesitamos dirigentes que no contemplen rescates financieros para industrias o modelos de negocio que sean inviables en la clase de mundo que sabemos que debemos crear, bajo en carbono y con unas emisiones netas de valor cero para mediados de siglo. Existen alternativas de inversión que pueden facilitar la recuperación y, al mismo tiempo, generar empleos. Existen diversas inversiones que deberían constituir una proporción considerablemente mayor de los paquetes de estímulo, por ejemplo, las redes eléctricas inteligentes, el transporte bajo en carbono, la eficiencia energética, el hidrógeno como combustible y las soluciones basadas en la naturaleza, como la restauración de cuencas hidrográficas, que suelen ser muy eficaces a la hora de generar empleos. 

¿Por qué es fundamental la igualdad de género para la acción climática? 

Necesitamos que tanto las mujeres como los hombres encaren este desafío. Sin igualdad de género, perdemos la diversidad y las diferentes perspectivas. Las mujeres toman decisiones de un modo distinto. Gestionamos de otra forma. Podemos aportar una poderosa contribución como agentes de cambio. 

El logro de la igualdad de género aumenta las posibilidades de alcanzar los objetivos climáticos. La acción climática también puede promover la igualdad de género. Hemos trabajado con instituciones financieras locales de Tayikistán, por ejemplo, para estructurar las líneas de crédito de modo que las mujeres puedan acceder a financiación para inversiones relacionadas con el clima. Por lo general, las pequeñas empresarias no cuentan con la información ni las garantías necesarias para obtener crédito. Por consiguiente, se crearon servicios de asistencia para mujeres en los bancos comerciales locales a fin de prestar asesoramiento, y se pusieron en vigor algunos requisitos poco convencionales en materia de garantías, como la admisión de joyas para avalar préstamos. Asimismo, los bancos se comprometieron a contar con mujeres entre su personal para trabajar con las empresarias. 

Este proyecto se podría haber llevado a cabo de manera estándar y habría mejorado la financiación con fines climáticos. Sin embargo, fue más allá de ese objetivo y está impulsando un cambio en las normas de género. Las mujeres han pasado a formar parte de las decisiones ligadas a la compra de equipos, en las que, hasta ahora, nunca habían participado. 

¿Por qué está comprometida con la acción climática?

Siempre me he centrado en poner fin a la pobreza y velar por que las personas tengan oportunidades para lograr las vidas a las que aspiran. Viví durante algunos años en África Subsahariana y presencié de primera mano los efectos del cambio climático en las personas y el medio ambiente. Después, me trasladé a Asia y vi una situación idéntica. Resultaba evidente que, si no hacemos frente al cambio climático, nada más es posible. 

Si queremos progresar, debemos estar decididos a hacer algo al respecto. No va a pasar nada simplemente por hablar de ello. Hablar es un primer paso importante, pero si estamos convencidos de que necesitamos un determinado resultado, entonces debemos actuar en consonancia. 

Las personas deberían darse cuenta de que tienen un poder mayor de lo que creen. Somos consumidores que tomamos decisiones sobre lo que compramos y lo que no, y eso, sin duda, repercute en las empresas. Algunos de nosotros somos inversores, de modo que tomamos decisiones de inversión. Somos votantes con la facultad de decidir a quiénes elegimos y si abogan por los aspectos esenciales para nosotros. Nunca debemos pensar que las autoridades gubernamentales y las instituciones del sector privado son quienes toman todas las decisiones. Todos nosotros, en nuestro día a día, podemos elegir las opciones adecuadas. 



 

Entrevista disponible en inglés: