Paisaje costero ártico. Paisaje costero ártico.

Desastres, resiliencia y gestión de tierras

Una premisa principal del Acuerdo de París es el consenso respecto a la necesidad de fortalecer la resiliencia frente a los impactos climáticos, con un foco de atención sobre las personas más pobres y vulnerables.

Una premisa principal del Acuerdo de París es el consenso respecto a la necesidad de fortalecer la resiliencia frente a los impactos climáticos, con un foco de atención sobre las personas más pobres y vulnerables. Las comunidades más pobres, especialmente las áreas rurales en países en vías de desarrollo, cuentan con menos recursos para hacer frente al aumento de los desastres naturales.

Los recursos para la subsistencia se pierden en economías ya de por sí muy frágiles, lo que obliga a muchas personas a dejar sus hogares y, en ocasiones, genera conflictos relacionados con las fuentes de alimentos y tierras. La ONU está contribuyendo a mejorar la resistencia climática en comunidades vulnerables mediante la introducción de mejoras en las técnicas agrarias, los proyectos de desarrollo y la gestión de las tierras, todo ello con un énfasis en mejorar las capacidades de adaptación y resiliencia.

Somalia, donde el 70 % de la población depende de la agricultura y la ganadería (actividades muy vulnerables ante el cambio climático) para obtener recursos para su sustento, es uno de los países en los que la ONU y sus socios están implementando programas para hacer frente al aumento de la desertificación que está haciendo estragos a nivel nacional. Para Somalia, un país propenso a los conflictos, la escasez de recursos naturales (especialmente, el agua) presenta enormes retos, lo que hace que sea aún más vulnerable al cambio climático. Las iniciativas de innovación, como la formación en agricultura integradora y la construcción de embalses y cisternas denominadas «berkeds» han contribuido a preservar los recursos para la subsistencia. El aprovechamiento de la energía solar ha proporcionado una opción válida y asequible para el suministro de electricidad en escuelas y hospitales de la comunidad, y ha mejorado la capacidad de estar preparados ante emergencias futuras.

Una de las iniciativas contra la sequía más completas, descrita en el Marco Estratégico 2018-2030 de la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD), establece un vínculo entre el desarrollo y el medio ambiente y una gestión de la tierra sostenible. Se compromete a recuperar las tierras afectadas por la sequía y a mejorar los recursos para la subsistencia de 1,3 millones de personas. La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación colabora con socios globales para respaldar proyectos expansivos como la Gran Muralla Verde, que restablecerá las tierras de la región del Sahel africano y servirá para mitigar amenazas como el cambio climático, la sequía, el hambre, los conflictos y la migración, además de para incrementar la seguridad alimentaria y los puestos de trabajo. Una vez completada, se espera que la Gran Muralla Verde sea la mayor estructura viva del planeta, con un tamaño tres veces superior al de la Gran Barrera de Coral.

Otras iniciativas más pequeñas adoptadas en países en los que las inundaciones están en aumento como consecuencia del cambio climático son igual de eficaces y contribuyen de igual forma al mantenimiento de la vida en las comunidades en las que se están implementando. En Bangladés, un país especialmente vulnerable al cambio climático, el desprendimiento de tierras resulta devastador para las vidas y los recursos de muchas personas. ONU-Mujeres ayudó a residentes locales mediante el apoyo de un programa que proporcionaba asistencia financiera a las mujeres, así como formación relacionada con la gestión de la agricultura y el ganado. De igual manera, en Vietnam, un país propenso a las catástrofes en el que los datos indican que anualmente 400 vidas se pierden debido a los desastres naturales, un programa está contribuyendo a reducir las muertes enseñando a los residentes los preparativos y la planificación a largo plazo necesarios para hacer frente a las malas cosechas. Aunque dichos programas tienen como objetivo generar resiliencia frente a catástrofes relacionadas con el cambio climático, su impacto es mucho mayor; entre otras cosas, contribuyen a mantener la estabilidad en áreas en las que la falta de recursos naturales y sus consecuentes desplazamientos pueden generar mayor inestabilidad y conflictos. 

Tras décadas de pobreza y subdesarrollo, ambos países están ascendiendo poco a poco en la escalera socioeconómica, por lo que resulta fundamental garantizar que las consideraciones relativas al cambio climático se introduzcan en las medidas de desarrollo para evitar que estos avances económicos retrocedan. La ONU está contribuyendo a respaldar este objetivo tanto en Bangladés como en Vietnam trabajando con sus gobiernos a nivel nacional y local. 

La frecuencia y magnitud de los incendios forestales, algo que en su momento se trataba de un hecho que se producía de forma estacional, están aumentando debido al cambio climático con efectos devastadores que tienen como consecuencia la pérdida de vidas, propiedades, recursos para la subsistencia y biodiversidad. Empeora la situación el hecho de que los incendios forestales aportan gases de efecto invernadero al medio ambiente que destruyen árboles y absorben dióxido de carbono. La gestión de los incendios forestales es ahora, más que nunca, una herramienta fundamental para reducir la muerte y destrucción de los recursos valiosos. A pesar de que abarque una pequeña cantidad de territorio, el bioma fynbos sudafricano contiene casi un quinto de todas las plantas con flores conocidas de África, y se conoce como una zona de alta biodiversidad global. El proyecto contra incendios del fynbos («Fynbos Fire Project») , respaldado por el PNUD y financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial , está trabajando para cambiar la forma de gestionar los incendios forestales e implementar estrategias con el fin de enfrentarse a los riesgos y daños del aumento de los incendios debido al cambio climático. 

El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (IFAD) promueve la mejora de la gestión de las tierras y las prácticas agrarias para contribuir a reducir la degradación ambiental y disminuir las emisiones de efecto invernadero. Unos métodos agrarios adecuados pueden contribuir a incrementar la resistencia de los cultivos y reducir la destrucción medio ambiental.

El IFAD considera que los pequeños agricultores cumplen un papel importante en la lucha contra el cambio climático mediante la transformación agrícola. Algunas iniciativas, como la reducción de la deforestación (que a menudo se lleva a cabo para abrir camino a la agricultura comercial) y de las pérdidas posteriores a la cosecha, son ejemplos de las medidas que el IFAD ha ayudado a implementar a los pequeños agricultores . Como institución financiera internacional, el IFAD ayuda a movilizar la financiación de innovadores proyectos que los gobiernos no están dispuestos o no pueden asumir por sí solos, así como a proporcionar acceso a conocimientos y nuevos métodos para una mejor utilización de la tierra y otros recursos naturales. En alianza con el Fondo para el Medio Ambiente Mundial , el IFAD ha contribuido a movilizar la financiación de proyectos que se centran en el cambio climático.