La última reunión de la Comisión para el Desarrollo Sostenible (CDS 15) examinó el cambio climático mundial junto con el desarrollo energético, industrial y del aire como un conjunto de problemas interrelacionados. El riesgo del cambio climático inspira la preocupación generalizada del Secretario General de las Naciones Unidas y de los gobiernos de todo el mundo.


Las Comisiones Regionales de las Naciones Unidas han desarrollado diversos enfoques en relación con las consecuencias económicas y sociales del cambio climático, con objeto de completar el análisis de los aspectos ambientales y sus efectos sobre el desarrollo desde una perspectiva regional.


Un mayor desarrollo del uso del terreno en el marco del mecanismo para un desarrollo limpio, la modificación en el uso del terreno y las actividades forestales, incluido el potencial de movilización de recursos para el fomento de las iniciativas encaminadas a evitar la deforestación y su sinergia potencial con la reducción de la pobreza, resultan de especial interés para los países de África y América Latina. En América Latina, las autoridades municipales (en Ciudad de México, por ejemplo) están estudiando el potencial de los proyectos integrales de ámbito urbano que se desarrollan en el marco del mecanismo para un desarrollo limpio, referidos al transporte urbano y las infraestructuras de gestión de la energía y los desechos. El potencial de captura y almacenamiento del carbono representa una oportunidad para el desarrollo tecnológico en los países productores de petróleo, destinado a una mejor recuperación de esta materia prima. Las economías asiáticas, que viven un fuerte crecimiento, se enfrentan al reto que supone lograr un "crecimiento verde" o la separación eficaz del crecimiento económico y el aumento de la intensidad en el uso de la energía, una contaminación excesiva, la generación de desechos y un elevado consumo de recursos, que supera la capacidad ecológica ya señalada de muchos de los países de la región. La opinión de la Comisión destaca la variedad de las oportunidades disponibles en las diferentes regiones.


Desde la perspectiva de la Comisión Económica para África (CEPA), algunos de los principales desafíos que plantea el cambio climático en este continente son el bajo nivel de acceso a la tecnología, la dependencia de la agricultura sujeta a la lluvia y el elevado nivel de pobreza de la región. Por consiguiente, África presenta un alto grado de vulnerabilidad y una escasa capacidad para atenuar los efectos del cambio climático y adaptarse a ellos. Los países africanos necesitan un mayor acceso a la financiación y a otros tipos de asistencia disponibles a través de los mecanismos previstos en el Protocolo de Kyoto y en los Acuerdos de Marrakech sobre la financiación, a fin de mejorar su capacidad técnica e institucional, así como de fomentar y acelerar la elaboración y aplicación de los Programas de Acción Nacionales de Adaptación. Asimismo, esta región debe seguir reforzando sus capacidades científicas humanas e institucionales y la cooperación internacional, con objeto de lograr su adaptación a escala local y nacional, donde las vulnerabilidades son más patentes. Es preciso igualmente promover el patrocinio de foros climáticos dirigidos a mejorar la cooperación regional y los sistemas de alerta temprana y de intercambio de información, a fin de reducir las vulnerabilidades de esta región en el ámbito agrícola y en otros.


África ha destacado la necesidad de que los países de todo el mundo actúen en consecuencia con los compromisos adquiridos en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kyoto. Esta región ha subrayado algunas prioridades como, por ejemplo, el fomento y la expansión de la investigación política sobre el clima y los problemas relacionados con él, con el fin de promover un trabajo efectivo en red basado en el conocimiento, así como el desarrollo de políticas informativas y programas orientados a dar respuesta a los desafíos que plantea el cambio climático identificados por la citada Convención Marco. Todo ello debería ir acompañado de una mayor coherencia normativa y la integración de las preocupaciones relacionadas con la atenuación de los efectos del cambio climático y la adaptación a este fenómeno en programas y políticas prioritarios en la esfera del desarrollo, incluidas las estrategias de reducción de la pobreza.


En opinión de la Comisión Económica para Europa (CEPE), muchos países planean tomar medidas importantes para controlar las emisiones de gases de efecto invernadero a fin de evitar el calentamiento del clima y el riesgo de que dicho fenómeno produzca una mayor incidencia de sucesos extremos. Sin embargo, la CEPE estima que es preciso invertir esfuerzos mucho mayores y que, a menudo, se sigue careciendo de planes detallados para la aplicación de las medidas correspondientes. Existe un enorme potencial de ahorro energético y para la mejora de la eficiencia energética en la región; se trata de un imperativo tanto desde el punto de vista económico como ambiental, que puede lograrse con los recursos y las tecnologías existentes, tal como se subrayó en el CDS 15. Se impone la necesidad de realizar importantes inversiones en el campo de la eficiencia energética. Resulta evidente que es preciso superar numerosos obstáculos para que las medidas encaminadas a lograr la eficiencia energética puedan desarrollar todo su potencial, principalmente en los países de Europa oriental, el Cáucaso y Asia central. Por este motivo la CEPE desarrolla una actividad muy importante en esta región, centrándose en el fomento de la educación, la sensibilización y la capacidad, la promoción del cambio de conducta, las reformas políticas y normativas, el intercambio de emisiones y el establecimiento de fondos de inversión o mecanismos de financiación tanto de carácter público como privado.


Los países de la CEPE están adquiriendo una conciencia creciente acerca de la necesidad de desarrollar estrategias integradas dirigidas a abordar los efectos de la contaminación del aire, el cambio climático y el consumo sostenible de energía. La contaminación del aire y las emisiones de gases de efecto invernadero proceden a menudo de las mismas fuentes, como la quema de combustibles fósiles, o ciertos agentes contaminantes que son gases de efecto invernadero en sí mismos. El trabajo realizado en el marco de la Convención de la CEPE sobre la contaminación atmosférica transfronteriza a larga distancia ha puesto de manifiesto que existe la posibilidad de lograr importantes ahorros si se integran estrategias de disminución. Se pueden invertir mayores esfuerzos para lograr reducir los gases de efecto invernadero y la contaminación del aire a un menor coste, a través de tecnologías aplicadas a los tubos de emisión así como de cambios estructurales. Sin embargo, los resultados también han demostrado que no todas las medidas consiguen reducir la contaminación del aire y los gases de efecto invernadero; la madera, por ejemplo, es una fuente de energía renovable, pero su quema provoca a menudo un aumento de la contaminación del aire. Es preciso dirigir mayores esfuerzos científicos y técnicos a esta esfera de trabajo; las políticas gubernamentales, por su parte, deben tener en cuenta las ventajas de la integración. Los países de la CEPE están empezando a adoptar un enfoque más global en relación con la contaminación del aire y el cambio climático. Existe un mayor reconocimiento del movimiento mundial de la contaminación del aire y la necesidad de mejorar la colaboración interregional. El intercambio de información y conocimientos será fundamental para el éxito futuro y puede constituir un factor crucial en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y de la contaminación del aire a escala mundial.


Para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), esta región sigue aportando una parte muy pequeña a la producción global de gases de efecto invernadero, aunque necesita mejorar su preparación para ser capaz de responder a sus potenciales efectos. El cambio climático es materia de preocupación en esta región debido a sus importantes consecuencias sobre la calidad de vida de las personas, como la mayor frecuencia de situaciones de clima extremo, las alteraciones en la productividad agrícola, el aumento del nivel de los mares o la escasez de agua en las zonas urbanas. En los últimos años, los gobiernos han aplicado numerosas medidas institucionales encaminadas a combatir el cambio climático, que incluyen la realización de inventarios nacionales, el establecimiento de autoridades nacionales responsables en esta materia, la diversificación y descentralización de actores a fin de involucrar a los gobiernos y a los grupos locales, así como la celebración de debates e intercambios de información. Ha existido asimismo una considerable interacción con el sector privado. Algunos países han preparado ya una serie de comunicaciones nacionales, en línea con lo establecido en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático; otros han introducido una obligación que establece que las industrias, cuando soliciten sus licencias ambientales de actividad, deben informar de sus emisiones de gases de efecto invernadero.


También surgen oportunidades para la cooperación regional en relación al cambio climático; por ejemplo, un registro nacional de las iniciativas que se estén desarrollando actualmente constituiría un valioso instrumento para orientar la cooperación. Ésta debería incluir la prevención de desastres naturales, la capacidad de respuesta y documentación de apoyo para los debates actuales relativos al desarrollo y al funcionamiento del régimen climático. En opinión de esta región, es muy importante debatir acerca de los tipos de proyectos que deberían recibir los fondos del mecanismo para un desarrollo limpio y difundir información actualizada a este respecto. Los países del Caribe, que son potencialmente los más frágiles, han expresado su preocupación en relación a la asistencia tras los desastres, incluida la eficacia de los seguros. Los países andinos, por su parte, se muestran interesados en desarrollar una estrategia ambiental de nivel inferior al regional, cuyos principios incluirían el establecimiento de vínculos entre los escenarios climáticos y los sociales, así como la evaluación económica ex ante tanto de la vulnerabilidad como de la prevención (es decir, la adaptación).


Otros países han señalado las ventajas de desarrollar programas para facilitar las sinergias entre la eficiencia energética, la producción limpia y el programa de trabajo del cambio climático, así como entre este último elemento y los acuerdos internacionales. Existe un cierto grado de consenso en relación a la utilidad de dotarse de una organización regional de acreditación con un mejor conocimiento de la región, lo que permitiría certificar los proyectos del mecanismo para un desarrollo limpio a un coste inferior. Asimismo, podría resultar beneficioso buscar posturas coordinadas en relación a la financiación, dado el probable incremento de la demanda de fondos internacionales para el fomento de la capacidad de respuesta a los efectos adversos del cambio climático, el aumento de la transferencia de tecnología y las cuestiones de elegibilidad frente a los programas destinados a contrarrestar las emisiones de carbono.


Para la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico (CESPAP), la acción climática en un contexto de crecimiento del precio del petróleo es cada vez más compatible con los objetivos de la región en materia de desarrollo económico, relacionados con la seguridad de la energía y la competitividad industrial. La respuesta al desafío del cambio climático requiere una gran variedad de medidas encaminadas tanto a atenuar los efectos de este fenómeno como a conseguir la adaptación a sus efectos adversos. Tales medidas incluyen mejoras en el ámbito de la eficiencia energética, el desarrollo de energías alternativas, tecnologías de captura y almacenamiento de carbono o cambios en las pautas de consumo y producción insostenibles, así como prácticas agrícolas y de gestión de zonas costeras. La integración de las políticas orientadas a luchar contra el cambio climático en los planes nacionales de desarrollo se ha convertido en una necesidad inmediata para mitigar los efectos nocivos del aumento de las temperaturas. Es preciso, además, fortalecer las medidas de adaptación de la agricultura, la energía, los bosques, los asentamientos humanos, la industria y los ecosistemas marinos con el fin de atenuar las consecuencias adversas sobre los recursos hídricos y las zonas costeras.


La experiencia obtenida en la región muestra que las tecnologías de eficiencia energética ofrecen oportunidades para que todas las partes salgan ganando, al tiempo que reducen los costes de producción, mejoran la seguridad energética y disminuyen la contaminación del aire y las emisiones de gases de efecto invernadero. Se ha demostrado la eficacia de una amplia variedad de medidas políticas de bajo costo en la mejora de la eficiencia energética. Dichas medidas incluyen la eliminación de las subvenciones para la electricidad y la introducción de recargos en horas punta de consumo, además de normativas que regulan la eficiencia energética de los procesos industriales y las actividades urbanas. La región está participando activamente en actividades promovidas por el mecanismo para un desarrollo limpio. En diciembre de 2006, había llevado a cabo un total de 218 proyectos de este mecanismo, que representaban el 71% de los proyectos de reducción de emisiones de todo el mundo registrados bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Recientemente se puso en marcha una iniciativa proactiva que incluye un mecanismo unilateral para un desarrollo limpio que proporciona a los países en desarrollo la flexibilidad necesaria para iniciar proyectos y asumir los riesgos asociados a dichos proyectos.


Para la Comisión Económica y Social para Asia Occidental (CESPAO), a pesar de que no se ha examinado con suficiente detalle el impacto del cambio climático sobre el mundo árabe, es probable que sus efectos sean importantes. Los países árabes deben aplicar medidas de adaptación destinadas a minimizar los efectos del cambio climático en los sectores socioeconómicos más vulnerables. Una de las limitaciones más graves del proceso de evaluación ha sido la falta de capacidad para analizar la vulnerabilidad y la adaptación, y generar resultados fiables que puedan incorporarse a los procesos de planificación nacional del desarrollo. Esta limitación se debe principalmente a una inadecuada recogida y supervisión de los datos, el acceso limitado a las bases de datos existentes y a la falta de capacidad para analizar, ajustar y mejorar la calidad de determinadas series de datos.


La región árabe está compuesta por las regiones que no forman parte del Anexo I, por lo que puede recibir los fondos del mecanismo para un desarrollo limpio. Muchas de las actividades de este mecanismo, referidas a la eficiencia energética y a las energías renovables, se están aplicando a nivel nacional. La región tiene un enorme potencial para desarrollar proyectos de captura y almacenamiento de carbono gracias a una mejor tecnología de recuperación del petróleo. Una vez que esta tecnología, capaz de lograr la mayor reducción posible de emisiones, sea adoptada como metodología aprobada por el mecanismo para un desarrollo limpio, algunos países árabes se convertirán en un atractivo mercado para el intercambio de emisiones.


La CESPAO ha identificado algunas políticas y estrategias regionales que pueden ayudar a los países árabes a llevar a cabo evaluaciones del impacto económico y ambiental del cambio climático, así como a aplicar las medidas de adaptación necesarias, que incluyen el establecimiento de capacidades institucionales en este campo. También es importante promover la cooperación regional en materia de control del cambio climático y el diseño de estrategias de mitigación, alentando al establecimiento de vínculos con los esfuerzos internacionales que se realizan en esta área. La mitigación de los efectos de las políticas y medidas adoptadas por los países industrializados para cumplir con la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kyoto, y la compensación a los países árabes por las pérdidas sufridas como consecuencia de dichas medidas se convierten en cuestiones fundamentales para esta región, que siguen siendo objeto de fuertes controversias en los debates multilaterales.


La mayoría de las Comisiones Regionales coinciden en la necesidad de facilitar un mayor diálogo a escala regional, a fin de promover un grado más elevado de conciencia y desarrollo de políticas para responder al desafío del cambio climático, en línea con las prioridades de desarrollo; dichas prioridades incluyen la garantía de disponer de fuentes de financiación adecuadas para satisfacer las necesidades en materia de inversión en infraestructuras de un modo coherente con un futuro que sea eficiente desde el punto de vista energético y con escasa presencia del carbono. Otras áreas de oportunidades en las que las actividades de las Comisiones Regionales pueden seguir realizando importantes contribuciones a los países miembros en un futuro próximo incluyen el fortalecimiento de las plataformas regionales destinadas a la promoción de opciones innovadoras en materia de adaptación al cambio climático, la reducción del riesgo de desastres producidos por situaciones de clima extremo, la preparación para hacer frente a las sequías, una mejor gestión de la tierra buscando la sostenibilidad, la preparación de comunicaciones nacionales y de estrategias nacionales de adaptación y mitigación o el refuerzo del fomento de la capacidad para facilitar el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y los proyectos del mecanismo para un desarrollo limpio. En todas estas esferas de trabajo, las Comisiones pueden generar importantes sinergias con otros foros multilaterales y regionales, incluida la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y sus organismos técnicos.


Los Secretarios Ejecutivos de las Comisiones Regionales de las Naciones Unidas son: Abdoulie Janneh, de Gambia, para la CEPA; Marek Belka, de Polonia, para la CEPE; José Luis Machinea, de Argentina, para la CEPAL; Kim Hak-Su, de la República de Corea, para la CESPAP y Mervat M. Tallawy, de Egipto, para la CESPAO.

Efectos futuros del cambio climático
en las diversas regiones del mundo
África

  • Se prevé que en 2020, entre 75 y 250 millones de personas sufrirán una mayor escasez de agua como consecuencia del cambio climático.
  • Se prevé que la producción agrícola, incluido el acceso a los alimentos, se vea gravemente comprometida por la variabilidad y los cambios del clima. Esto repercutirá negativamente en la seguridad alimentaria y exacerbará la malnutrición en todo el continente.
  • En algunos países africanos, el rendimiento de los cultivos dependientes de la lluvia puede verse reducido hasta en un 50% en 2020.
  • Hacia finales del siglo XXI, el aumento previsto del nivel de los mares afectará a las zonas costeras bajas con grandes poblaciones.


Asia

  • Se prevé una disminución de la disponibilidad de agua dulce en Asia central, meridional, Occidental y sudoriental como consecuencia del cambio climático, sobre todo en las cuencas de los grandes ríos. Esta carestía podría afectar a más de 1.000 millones de personas en la década de 2050.
  • Las zonas costeras, especialmente las regiones de gran densidad de población de los grandes deltas del Asia meridional, Oriental y sudoriental, se enfrentarán a los mayores riesgos debido al aumento de las inundaciones provocadas por el mar y los ríos.
  • Se prevé que el cambio climático afectará al desarrollo sostenible de la mayoría de países en desarrollo de Asia, con la rápida urbanización de la región y su desarrollo económico e industrial.

Australia y Nueva Zelanda

  • Se prevé una importante pérdida de biodiversidad para el año 2020 en determinados enclaves que actualmente son muy ricos desde el punto de vista ecológico, como la Gran Barrera de Coral o los Trópicos Húmedos de Queensland.
  • Se estima que la producción agrícola y forestal disminuirá para el año 2030 en buena parte del Sur y el Este de Australia, así como en determinadas zonas del Este de Nueva Zelanda, debido al aumento de la incidencia de sequías e incendios.

Europa

  • En la Europa meridional, se prevé que el cambio climático provocará un empeoramiento de las condiciones generales como consecuencia de una reducción de la disponibilidad de agua, la potencia hidroeléctrica, el turismo estival y la productividad de los cultivos agrícolas.
  • Las zonas de montaña experimentarán la retirada de los glaciares, una disminución de la nieve y del turismo de invierno, así como la desaparición de numerosas especies.
  • En Europa central y Oriental disminuirán las precipitaciones en verano, causando un agravamiento de la escasez de agua.

América Latina

  • En muchas zonas tropicales de América Latina existe el riesgo de sufrir una importante pérdida de biodiversidad.
  • En las zonas más secas, se espera que el cambio climático provoque la salinización y desertización de los terrenos agrícolas.
  • Se prevé que el aumento del nivel de los mares se traducirá en un mayor riesgo de inundación de las zonas bajas.

América del Norte

  • Se prevé que el calentamiento de las zonas de montaña occidentales producirá una disminución de la capa de nieve, una mayor incidencia de las inundaciones en invierno y una reducción de los flujos estivales.
  • Las ciudades que actualmente sufren olas de calor se verán afectadas por un mayor número, intensidad y duración de dichos fenómenos.
  • Las comunidades y hábitats costeros sufrirán cada vez más los efectos de la interacción del cambio climático con el desarrollo y la contaminación.

Regiones polares

  • En el Ártico, se observan efectos adicionales, como la reducción del volumen de hielo marino y del casco polar, el aumento de la erosión costera o un deshielo estacional del casco polar más acentuado.
  • En ambas regiones polares, se prevé que los ecosistemas y hábitats específicos se vayan volviendo vulnerables a medida que se debiliten las barreras climáticas a la invasión de especies procedentes de otros lugares.

Islas de pequeño tamaño

  • Las islas de pequeño tamaño, ya estén situadas en los trópicos o en latitudes más altas, presentan características que las convierten en especialmente vulnerables a los efectos del cambio climático, el aumento del nivel del mar y los acontecimientos extremos.
  • Se prevé que el cambio climático provocará para mediados de siglo una disminución de los recursos hídricos de muchas islas de pequeño tamaño, como las del Caribe y el Pacífico.
  • El deterioro de las condiciones de las costas por efecto de la erosión de las playas y el blanqueamiento de los corales afectará a los recursos locales.