COSTA RICA

Intervención de
S. E. Sr. Roberto Tovar Faja
Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de Costa Rica
Quincuagésimo Séptima Asamblea General de las Naciones Unidas
Nueva York, 18 de septiembre de 2002

Señor Presidente,

Permítame felicitarlo a Usted y, por su medio, a la República Checa, por su merecida elección para presidir los trabajos de esta Asamblea General. Permítame igualmente felicitar a Suiza por su reciente admisión, y a la República de Timor Oriental por su inminente admisión, a las Naciones Unidas.

Señor Presidente,

Hace 58 años, los fundadores de esta Organización se comprometieron a "promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad." Indudablemente, el objetivo fundamental de las Naciones Unidas es la promoción de la justicia y el bienestar para todos. Hoy, una vez más, debemos reafirmar ese compromiso. Debemos consagrarnos a crear una sociedad más justa, más libre, más armoniosa y más feliz.

Ciertamente, es necesario explotar al máximo los beneficios de la cooperación y la acción conjunta a fin de construir un mundo de ventajas recíprocas. Como bien lo indicara la Declaración del Milenio, tenemos "la responsabilidad colectiva de respetar y defender los principios de la dignidad humana, la igualdad y la equidad en el plano mundial. "

Sin embargo, aún estamos muy lejos de alcanzar ese objetivo. En los últimos 10 años, más de 3 millones y medio de personas murieron en guerras civiles. 1380 millones de personas viven en la pobreza extrema y 854 millones no saben leer ni escribir. La democracia, la justicia y el disfrute de los Derechos Civiles y Políticos están lejos de ser universales.

Señor Presidente,

Nos hemos quedado a la mitad del camino en nuestra lucha por un mundo mejor. Hay tantos ejemplos que demuestran esta amarga realidad.

Es válido que nos gocemos por la celebración de las primeras elecciones al término de un conflicto armado o de una dictadura, pero ello es apenas un primer paso en el camino de una vida democrática. Si las Naciones Unidas no se comprometen a garantizar la sostenibilidad de la democracia, unas elecciones, por mucho que signifiquen por si solas, no es necesariamente un triunfo en la consecución de los Derechos Humanos. La democracia debe ser un medio para alcanzar un desarrollo justo y crear condiciones favorables para los pueblos que ponen en ellos sus esperanzas.

Se garantiza la sostenibilidad de la democracia fomentando los valores sociales fundamentales del diálogo, armonía y reconciliación. Se garantiza la sostenibilidad de la democracia, luchando contra la pobreza extrema y la creciente brecha económica entre los diversos grupos sociales que debilitan la trama social y erosionan la confianza en las instituciones políticas.

Las crisis financieras crean condiciones favorables para la existencia de grupos extremistas y oportunistas que procuran derrocar a los regímenes democráticos. Para consolidar las democracias se requiere de la mayor cooperación internacional para el desarrollo. Por ello, urgimos a los países desarrollados a que cumplan con el Consenso de Monterrey y, en particular, con su compromiso de incrementar la asistencia oficial para el desarrollo.

Costa Rica respalda plenamente los esfuerzos de las Naciones Unidas para promover y fortalecer la democracia, pero es enfática en señalar que de la misma manera las Naciones Unidas no pueden dejar en segunda prioridad la creación de condiciones económicas y sociales que ayuden a la consolidación y preservación de las instituciones democráticas de todo el mundo.

También sostenemos, señor Presidente, que la globalización, con el rápido desarrollo de la tecnología de la información y las comunicaciones y la creciente interdependencia económica y comercial, nos ofrece enormes oportunidades para el crecimiento económico y social. Ciertamente debemos aprovechar esas oportunidades a fin de crear un mundo mejor para todos. Sin embargo, la globalización también tiene graves peligros. Los obstáculos estructurales, los desequilibrios financieros y la falta de capital para la inversión productiva y social pueden causar el colapso económico de regiones enteras. Los subsidios, las restricciones al acceso a los mercados internacionales y la fuga de capitales desvirtúan la libre competencia. La globalización puede incrementar la brecha entre los sectores más ricos y los grupos más pobres. La brecha digital puede excluir a los grupos más vulnerables de los beneficios de la economía moderna y oscurecer el futuro de quienes queden rezagados. Es imprescindible hacer mayores esfuerzos para proteger a los grupos y naciones más vulnerables.

Las Naciones Unidas tienen la obligación de solicitar a las naciones desarrolladas a abrir sus mercados y eliminar los subsidios permitiendo así que las naciones en desarrollo podamos acceder a los beneficios de la globalización. Así, sí estaríamos construyendo sociedades mas justas y equitativas luchando contra la desigualdad y la pobreza extrema.

Señor Presidente,

Se ha sostenido en Naciones Unidas, desde su fundación, la defensa por la dignidad humana. La corrupción gubernamental, en todas sus formas y a todo nivel, constituye una verdadera afrenta a los Derechos Humanos.

Es indignante que gobernantes injustos se enriquezcan por medios corruptos y empobrezcan así a sus pueblos. Es escandaloso ver cómo ciertos gobernantes desvían fondos públicos a cuentas privadas al tiempo que reducen a sus pueblos a la pobreza más lamentable. Y mientras tanto, algunos gobiernos de países miembros de las Naciones Unidas alimentan la corrupción al permitir en sus sistemas tributarios la deducción de los sobornos ofrecidos en el extranjero; y aún más existen países miembros de las Naciones Unidas que protejan a los corruptos bajo el secreto bancario. Esto debe de prohibirlo las Naciones Unidas, como también debe de impedir la amnistía o asilo o las visas que se escapan de la mano de la justicia.

Señor Presidente,

La protección de los Derechos Humanos, de hecho puede debilitarse sin los mecanismos multilaterales de protección, verificación y sanción. Costa Rica aboga por la creación de una nueva generación de mecanismos de Derechos Humanos que provea mayor protección a todas las personas. Este esfuerzo ya ha dado un primer fruto en la forma del proyecto de Protocolo Opcional a la Convención contra la Tortura y otros Tratos Crueles o Degradantes. Ese instrumento jurídico, que fue recientemente adoptado por el ECOSOC, será sometido a consideración de esta Asamblea General en los próximos días. Insto a todos los Estados a que apoyen activamente este proyecto como una muestra de su compromiso inequívoco con los Derechos Humanos y con la primacía de la dignidad e integridad de todas las personas.

Nos complace la reciente entrada en vigor del Estatuto de Roma, que establece la Corte Penal Internacional. La humanidad cuenta, finalmente, con una instancia judicial efectiva, independiente e imparcial con competencia para juzgar los crímenes más graves que atentan contra la dignidad del ser humano. No la debilitemos.

Señor Presidente,

Mientras que las Naciones Unidas sostiene el principio de la solución pacífica de los conflictos, lo que conlleva la existencia de métodos e instancias justas para resolver los diferendos, resulta que el principal órgano judicial de las Naciones Unidas y garante del Derecho Internacional, que debe asegurar el imperio de la ley en las relaciones Internacionales y evitar la interpretación casuística o arbitraria de las normas jurídicas, se ha convertido en una simple realidad retórica. Son muy pocos los Estados miembros de las Naciones Unidas que han aceptado sin reservas su jurisdicción obligatoria y hay otros Estados que agudizan la situación por el injustificado retiro o modificación de la aceptación de su jurisdicción. Sólo 12 países han aceptado, sin reservas o condiciones, la jurisdicción obligatoria de la Corte Internacional de Justicia. Desconocer la autoridad de la máxima instancia judicial de la sociedad de naciones, es lo mismo que cerrar la puerta a la justicia y poner en peligro la integridad del orden jurídico internacional.

¿Qué alternativa tienen las naciones que no cuentan con instancias judiciales para resolver pacíficamente sus diferencias? Sólo la fuerza. Es indispensable que todos los miembros de las Naciones Unidas acepten, sin condiciones, la jurisdicción obligatoria de la Corte Internacional de Justicia. Sólo así crearemos un mundo más justo, pacífico y seguro.

Un mundo más justo será necesariamente más pacífico. La justicia demanda el respeto a lo ajeno y a la libertad de los otros: en una palabra a la tolerancia.

Por razones de intolerancia, la paz se encuentra seriamente amenazada en muchas regiones de nuestro mundo.
En el Medio Oriente se infringen los derechos de los pueblos de Israel y Palestina.

La intolerancia de un gobernante nos presenta hoy a un país como Irak ante el posible escenario de una guerra siempre cruel. Cuán diferente sería la realidad con un gobierno justo y respetuoso de los derechos humanos.

El mundo también ha vivido con preocupación la creciente confrontación entre India y Pakistán y la amenaza de una guerra nuclear en esa región.

Vemos con igual preocupación la tensión militar en el estrecho de Taiwán. Anhelamos un arreglo justo que se satisfaga los deseos del pueblo chino. Y si han habido acuerdos creativos que se han adoptado en el seno de diversas organizaciones internacionales para permitir la participación de la Republica de China, cuánto más pacífico sería el mundo si también se encontraran acuerdos novedosos para que este país y su pueblo estén dignamente representados en ésta y otras organizaciones internacionales.

Señor Presidente,

Es principio de las Naciones Unidas prevenir la violencia y alcanzar una paz duradera y estable, no obstante hay gobiernos que transfieren armas a grupos rebeldes y terroristas, y hay gobiernos de Naciones Unidas que miran con desdén los esfuerzos por el desarme y la reducción de los gastos militares. Urgimos la adopción de una Convención Marco, jurídicamente vinculante, que regule el comercio en armamentos. Nuestra experiencia, como país desarmado, nos ha enseñado que no gastar en armas es la mejor decisión para aquellos países verdaderamente comprometidos con el bienestar de sus pueblos.

Urgimos a los Estados nucleares a comprometerse verdaderamente con las negociaciones de desarme. Consideramos necesario adoptar una convención comprensiva que prohíba el uso de armas nucleares. Mientras tanto, todos los Estados deben renunciar al desarrollo de nuevas armas nucleares y ratificar los tratados de No Proliferación de Armas Nucleares y de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares.

Señor Presidente,

Nuestro compromiso con la dignidad humana, la igualdad y la equidad no pueden quedar a medio camino. Debemos evitar que nuestros hijos, las generaciones futuras, puedan llegar a juzgarnos por una doble discurso. En el tanto lo logremos, en ese tanto estaremos realmente contribuyendo para entregarles un mundo mejor.

Gracias.