REPÚBLICA DOMINICANA
 

INTERVENCIÓN

DEL

SECRETARIO DE ESTADO DE RELACIONES
EXTERIORES DE LA REPÚBLICA DOMINICANA

EXCELENTÍSIMO SEÑOR
HUGO TOLENTINO DIPP
 

ANTE EL
QUINCUAGÉSIMO SEXTO PERÍODO DE SESIONES
DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS
 

New York,NY
13 de Noviembre de 2001


Señor Presidente
Señores Jefes de Estado y de Gobierno
Señoras y Señores Ministros de Relaciones Exteriores Señoras y Señores Delegados
Señoras y Señores

Nos dirigimos a esta Asamblea General sobrecogidos de dolor por la muerte de doscientas sesenta personas en el trágico accidente de aviación del día de ayer en esta ciudad de New York. Como quien les habla, la mayoría de esas personas eran de nacionalidad dominicana.

Vaya nuestro profundo agradecimiento a los Jefes de Estado y de Gobierno, a los Ministros y a los Delegados que han expresado de viva voz sus condolencias al pueblo y al Gobierno dominicanos por esta tragedia.

Quisiéramos pedirle, Señor Presidente, a sabiendas de que encontraremos eco favorable en su sensibilidad humana, que solicite a esta Asamblea General un minuto de silencio en memoria de todas las víctimas de tan luctuoso acontecimiento.

Señor Presidente:

En nombre del Gobierno Dominicano reciba nuestras felicitaciones por haber sido elegido para dirigir este período de sesiones de la Asamblea General, convencidos como estamos de que Usted sabrá conducir estas plenarias de la forma más fructífera para bien de la comunidad internacional.

Deseamos, de igual modo, exteriorizar nuestras más calurosas felicitaciones al Secretario General, Señor Koffi Annan, por haber sido galardonado con el Premio Nobel por la Paz. Ese honor, unido al que igualmente recibieran las Naciones Unidas, es prueba que viene ratificar la confianza y el reconocimiento que se tiene a la labor que en beneficio de la humanidad realiza la comunidad internacional representada en esta Organización.

Muy a pesar de que en el mes de septiembre de este año, a consecuencia de los acontecimientos del 11 de este mismo mes en New York y en Washington, las Naciones Unidas dedicaron varias sesiones plenarias al tema del terrorismo, nos resulta todavía hoy imposible desligarlo de los otros temas que corresponden a la agenda de estas sesiones. La significación de esos dramáticos hechos alcanza tal magnitud, que se nos impone como un deber de conciencia la necesidad de reflexionar con mayor detenimiento en torno a su complejidad, su repercusión en la historia que nos ha tocado vivir y las medidas más pertinentes para prevenirlo y combatirlo.

Y esto así, porque es evidente que el tiempo transcurrido entre el mes de septiembre y estos días de noviembre nos ha servido para ir más lejos y más profundamente en el conocimiento del fenómeno terrorista. Coincidimos de manera absoluta con los expositores que nos han precedido, cuando subrayan de manera rotunda que el terrorismo no se justifica de manera alguna, que son inaceptables las excusas que pretenden validar sus hechos a partir de la existencia de determinadas situaciones económicas, sociales, culturales o políticas. Sin embargo, y por paradójico que pudiera parecerle a algunos, también se ha enfatizado en la convicción de que siendo injustificable e inexcusable, es en esas situaciones donde el terrorismo encuentra sus caldos de cultivo, donde las frustraciones y la falta de perspectivas pueden alentar el odio y la irracionalidad, donde la exclusión, la desesperanza, la marginalidad y la pobreza pueden incubar y prohijar bastardos sentimientos de indiscriminada e irracional venganza.

Ante la triste realidad de los acontecimientos del 11 de septiembre pasado estamos absolutamente convencidos de que en la orientación que nos señalara la Cumbre del Milenio se encuentra el buen camino de la paz y de la convivencia entre los hombres. En ese histórico encuentro se analizaron las razones y se trazaron las pautas para una acción de la comunidad internacional dirigida a promover los derechos humanos, la seguridad, el desarme, el desarrollo económico, la igualdad de las naciones y la lucha contra el hambre, la pobreza, la enfermedad; la exclusión, los prejuicios sociales, raciales y de género, y el abandono de la niñez, de los minusválidos y de los envejecientes.

A no dudar, son esos los objetivos primarios y prioritarios para la prevención de la violencia y el crimen, es decir, contra las guerras, contra el genocidio, contra el terrorismo.

La gravedad, lo doloroso, la inhumanidad de las provocaciones del 11 de septiembre no deben desviarnos de los propósitos que nos hicimos en la Declaración de la Cumbre del Milenio y arrastrarnos hacia una violencia desmedida. Cuando en el mes de septiembre pasado nos dirigimos a esta honorable Asamblea expresamos que la más señalada virtud de la esencia democrática de esta Organización de las Naciones Unidas son la vocación y la voluntad por el respeto a los derechos del hombre. De allí que aún a sabiendas de que el terrorismo es la antítesis de esa virtud, no por eso debemos enfrentarlo haciendo abandono del cumplimiento de esos derechos y llevando a cabo una reacción de legítima defensa azuzada por un espíritu de retaliación, sino con la aplicación de la ley y la justicia internacionales.

Es por esa razón que la República Dominicana no quiere descuidar las medidas políticas que de seguro contribuirán también a prevenir y combatir el terrorismo. De allí que apoye con toda decisión la Resolución 1373 del 28 de septiembre dada por el Consejo de Seguridad y se sienta compromisaria también de las resoluciones y convenios que las Naciones Unidas han venido elaborando en su lucha contra el terrorismo.

Señor Presidente:

En el año 1945 la Carta de las Naciones Unidas resaltaba como su preocupación principal la necesidad de preservar la paz. Y era por demás lógico que así fuera tras una guerra que había dado muerte a millones de seres humanos y desorganizado la vida de muchas naciones. El transcurrir del tiempo nos ha llevado a la convicción de que no hay mejor forma de preservar la paz que haciendo todo lo posible para prevenir la guerra.

Las Naciones Unidas son cada vez más necesarias para alcanzar esos fines, pues en ellas encontramos los fundamentos capaces de promover una sana y creadora comprensión entre las naciones.

Ahora bien, la fidelidad que debemos profesar a los fundamentos de esta Organización debe ser respaldada por una voluntad politica común que ofrezca testimonios inconfundibles de que creemos y cumplimos con lo que decimos y prometemos.

La aprobación a unanimidad de la Declaración del Milenio fue, por lo que significó como compromiso de la gran mayoría de los líderes mundiales y por lo profundo de sus planteamientos, como una suerte de refundación, de renovación, de las Naciones Unidas frente a los problemas y los retos que plantea el siglo XXI.

En esa Declaración se decidió disponer de todas las medidas a nuestro alcance para establecer una paz justa y duradera de conformidad con los propósitos y los principios de la Carta de las Naciones Unidas y se reafirmó la determinación de apoyar todos los esfuerzos dirigidos a hacer respetar la igualdad soberana de los Estados, el respeto de su integridad territorial e independencia política y el derecho de libre determinación de los pueblos que siguen sometidos a la dominación colonial y a la ocupación extranjera.

Esa palabra empeñada nos obliga a ejercer toda nuestra fuerza moral y las posibilidades que ofrecen los mecanismos de esta Organización para solucionar conflictos que mantienen en pie de guerra a varios Estados de la tierra. No nos cabe duda que el conflicto entre Israel y el Estado Palestino debe llegar a su término mediante el cumplimiento de las múltiples resoluciones que a ese propósito han emanado de esta Asamblea General y haciendo honor a lo acordado en esa Declaración del Milenio.

Por otra parte, nos impusimos el propósito de impulsar la reforma de la Carta de las Naciones Unidas. El respeto de la igualdad de los derechos de las naciones, ratificado en la Declaración del Milenio hace implazable la conversión del Consejo de Seguridad en un organismo que responda a la realidad histórica del mundo de hoy y a la necesidad de establecer lógicos equilibrios democráticos en razón de esa realidad. Nos parece un acto de justicia que los Estados que no sean Miembros Permanentes tengan participación en el Consejo de Seguridad mediante un sistema rotatorio que brinde a todos la misma oportunidad.

De la misma manera, la República Dominicana cree que es también un problema de equidad y de realismo histórico aceptar que la República de China sea incorporada a las Naciones Unidas. Razones de geopolítica no pueden avasallar situaciones de hecho que han sido reconocidas para la inclusión de otros Estados en el seno de las Naciones Unidas.

En la Declaración del Milenio se trató el problema de la globalización con palabra como éstas: Reconocemos que los países en desarrollo y los países con economías en transición tienen dificultades especiales para hacer frente a este problema fundamental. Por eso, consideramos que sólo desplegando esfuerzos amplios y sostenidos para crear un esfuerzo común, basado en nuestra común humanidad en toda su diversidad, se podrá lograr que la mundialización sea plenamente incluyente y equitativa".

En estos momentos, en Doha, Qatar, se celebra una Reunión Ministerial de los países que conforman la Organización Mundial de Comercio. Esperamos que los países de pequeñas economías, que en su mayoría reclaman con justicia el cumplimiento de todos los acuerdos de la Ronda de Uruguay antes de que se proceda a imponerles nuevas cargas cuyas economías no podrán soportar, sean escuchados en sus reclamos y que la solidaridad y la cooperación se manifieste de manera generosa para comprender los desequilibrios, las diferencias, las asimetrías, en _el ritmo de desarrollo entre los países ricos y los de economías pequeñas y pobres.

La Organización Mundial de Comercio tiene también entre sus objetivos el respeto a los derechos humanos, el fortalecimiento de la democracia, la preservación del medio ambiente. Todo eso no será posible si el proceso de globalización no se expresa con una sincera y decidida voluntad de comprensión, cooperación y asistencia técnica para el desarrollo de la mayoría de las naciones de nuestro planeta.

¿Cómo comprender que los plazos impuestos por la Organización Mundial de Comercio para el logro de determinados objetivos económicos sólo alcancen en unos casos hasta el año 2003 y en otros hasta el año 2005, mientras la Declaración del Milenio, consciente de las desigualdades y de las dificultades que afrontan la mayoría de las naciones, sólo pretende resolver en el año 2015 y apenas en una cierta proporción, la situación de pobreza de millones y millones de seres humanos cuyo ingreso es menor de un dólar por día.

Tenemos la esperanza de que en las conferencias que tiene programada las Naciones Unidas tales como la del Financiamiento al Desarrollo y la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, se puedan esclarecer estos problemas de manera eficaz con medidas equitativas tendientes a disminuir las desigualdades que separan a los pueblos.

Señor Presidente:

Permítanos por último referirnos a un aspecto vinculado de manera vertebral con el respeto y el reconocimiento de los derechos humanos y coincidente también con la Declaración del Milenio por cuanto se refiere a la reivindicación de la mujer y a la igualdad de los géneros. En efecto, el Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación para la Promoción de la Mujer (INSTRAW), con sede en la República Dominicana, es una de las pocas instituciones de las Naciones Unidas localizadas en un país en desarrollo y el único instituto internacional dedicado a la investigación y la capacitación para la promoción de la mujer.

El Secretario General de esta Organización, en su informe presentado a esta Asamblea, conocido en la Tercera Comisión el día 17 de octubre de este año, refiriéndose a ese Instituto expresó lo siguiente: "No obstante las dificultades e incertidumbres a que se ha enfrentado el INSTRAW en los últimos dos años, ha logrado obtener los recursos mínimos para responder a los mandatos que le asignaron la Asamblea y el Consejo Económico y Social." Y agregó: "Puesto que el Instituto ha empezado a lograr resultados tangibles mediante el sistema de información y redes de contacto para crear conciencia sobre cuestiones de género (GAINS), tal vez la Asamblea desea adoptar una decisión respecto del ámbito en el que el Instituto podría funcionar más allá del 2001 en forma productiva y eficaz en función de los costos."

Señores Delegados, no permitamos que el INSTRAW, esa noble institución, pionera en la promoción de la mujer, sobre todo de la mujer en los países en desarrollo, pueda perecer por falta de recursos. Debemos hacer un gesto consistente, generoso y solidario a fin de que la Asamblea General asegure la permanencia de esta institución más allá de este año 2001, contemplando en el presupuesto de Naciones Unidas los fondos necesarios para que continúe cumpliendo con sus fructíferos y humanitarios propósitos.

Muchas gracias.