Niñas chadianas desplazadas internas recogen leña en la aldea de Habile, después de haber sido atacada e incendiada por los milicianos. Recoger leña puede ser una tarea peligrosa para los desplazados, especialmente las mujeres, que a menudo son v
Quienes estamos preocupados por la violencia contra las mujeres y las niñas refugiadas estaremos de acuerdo en dos cosas: la primera es que se trata de un problema grave por su magnitud y la segunda es que aunque ha habido muchos intentos por abordar el problema durante las últimas tres décadas, queda por evaluar la efectividad de los resultados.
Las mujeres y las niñas refugiadas están expuestas a múltiples formas de violencia. El desplazamiento que trae consigo vivir en lugares en los que se producen conflictos armados convierte a las mujeres y niñas en víctimas de asesinatos, violaciones, esclavitud sexual, prostitución forzada, trata de personas y pobreza extrema y las expone a un mayor riesgo de violencia infligida por sus parejas, familiares o los miembros de su comunidad. Un informe reciente del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer, según el cual medio millón de mujeres fueron violadas en Rwanda durante el genocidio de 1994, pone de manifiesto la gravedad del problema . Además, el informe indica que se denunciaron 60.000 casos de violaciones de mujeres en Croacia y Bosnia y Herzegovina durante el conflicto en la ex Yugoslavia. Otra publicación reciente, basada en un estudio del año 2000, contiene cifras alarmantes similares : entre 50.000 y 64.000 desplazadas internas fueron sometidas a abusos sexuales durante el conflicto armado de Sierra Leona. Esta misma fuente señala además que tan solo entre octubre de 2004 y febrero de 2005, Médicos Sin Fronteras dispensó tratamiento a 500 mujeres que habían sido violadas en Darfur.