Cuando el mundo alcanza el punto medio entre la aprobación de los objetivos de desarrollo del Milenio (ODM) en el año 2000 y la fecha objetivo para su logro en el 2015, es oportuno y esencial evaluar los progresos de la región árabe a ese respecto. En conjunto, la región ha logrado considerables avances en algunas esferas, con inclusión de la educación y la lucha contra la enfermedad, pese a lo cual varios factores han restringido el logro de los ODM.
El relativamente escaso rendimiento económico en los años 1990 y comienzos de los 2000, la financiación insuficiente de las políticas sociales y el aumento de las tensiones y los conflictos políticos han obstaculizado los progresos. El logro de los ODM en el mundo árabe, en los planos regional, subregional y nacional, requiere que se realicen esfuerzos concertados y el pleno compromiso de los gobiernos y de las organizaciones de la sociedad civil. Se requieren esfuerzos para crear instituciones transparentes y que funcionen de manera adecuada y para establecer marcos de política que favorezcan a los jóvenes y a las mujeres, y que garanticen que los jóvenes y las mujeres no son sólo los beneficiarios sino también los agentes activos del desarrollo.
La región árabe se ha caracterizado por fuertes disparidades entre las diferentes subregiones*, particularmente entre los Estados de altos ingresos del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y los países árabes menos desarrollados. Estas disparidades no son considerables en términos del nivel de desarrollo, sino también en términos de los progresos realizados para alcanzar el objetivo de los ODM. En realidad, mientras que los países del CCG, al igual que varios Estados de las subregiones del Maghreb y del Mashreq, están en línea para alcanzar la mayor parte de los ODM, los países árabes menos adelantados y el Iraq y Palestina acosados por conflictos se enfrentan a muchas dificultades críticas. Para que estos países alcancen las metas de los ODM en el año 2015, será preciso intensificar los esfuerzos nacionales e internacionales de desarrollo.
Sobre la base de los datos correspondientes a 12 países árabes, que representan el 74 por ciento de la población total de la región, la proporción de la población que vive por debajo de la línea nacional de la pobreza no se ha modificado en aproximadamente el 23 por ciento, entre los períodos 1995-1999 y 2000-2005. Los índices de la pobreza disminuyeron del 11 al 9 por ciento en el Maghreb y del 46 al 45 por ciento en los países árabes menos adelantados, pero aumentaron del 18 al 19 por ciento en el Mashreq, con exclusión del Iraq, país en el que el conflicto ha motivado que aproximadamente un tercio de la población viva en la pobreza. Análogamente, debido al conflicto en curso en Palestina, los índices de la pobreza se han elevado al 50 por ciento. Los datos de los países individuales indican amplias disparidades en la proporción de los niños menores de 5 años con un peso insuficiente. Se calcula que el 46 por ciento de los niños menores de cinco años en el Yemen en 2003 tenían un peso insuficiente, mientras que en el Líbano ese porcentaje era sólo del 3,3 por ciento. Además, el trabajo es la principal forma, y en muchos casos, la única forma de obtener ingresos para los pobres. En consecuencia, los índices sumamente elevados de desempleo, un amplio subempleo y un escaso empleo en proporción con la población, siguen caracterizando a los mercados de trabajo de la mayoría de los países árabes, y resultan particularmente problemáticos.
En la esfera de la educación, todas las subregiones árabes han alcanzado progresos sustanciales desde 1990, pero los países árabes insuficientemente desarrollados siguen estando lejos de alcanzar una enseñanza primaria universal. En 2005 uno de cada dos niños no estaban matriculados en la enseñanza primaria. De hecho, los dos tercios de los 7,5 millones estimados de niños no escolarizados en la región viven en los seis países árabes menos adelantados. Además, incluso si, por término medio, los jóvenes han alcanzado un nivel relativamente elevado de enseñanza, ello no ha producido un mejoramiento de las posibilidades de empleo. Siguen persistiendo unas tasas muy elevadas de desempleo juvenil, lo que ha provocado un gravo problema de “éxodo de cerebros” para varios mercados de trabajo árabes, debido a que los jóvenes altamente instruidos recurren a la migración.
Los recientes esfuerzos de los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales y las instituciones de la sociedad civil para abordar todas las formas de discriminación contra las mujeres e invertir en cuestiones relacionadas con las mujeres han dado por resultado notables mejoras en los resultados educativos de las mujeres y los índices de alfabetización. La región árabe en conjunto ha estado cerca de conseguir la paridad entre géneros en la enseñanza primaria y secundaria, y ha alcanzado la paridad en la enseñanza terciaria. El índice de alfabetización de las mujeres con respecto a los hombres ha pasado del 0,71 por ciento en 1990 al 0,87 por ciento en 2006. Estos progresos han sido, no obstante, heterogéneos y los mayores progresos se han registrado en la subregión del Consejo de Cooperación del Golfo. En cambio, en los países menos adelantados árabes, el 73 por ciento de los niños no escolarizados son muchachas. Lamentablemente, los logros en la enseñanza de las muchachas no han conseguido progresos importantes en la participación política y económica de esas mujeres. Su participación en el empleo asalariado en el sector no agrícola ha seguido estacionado en el 18 por ciento entre 1990 y 2004, cifra sustancialmente inferior a la media del 31 por ciento de los países en desarrollo. Además, la participación de las mujeres en los parlamentos a nivel de la región se mantiene en el 8,7 por ciento en 2007, porcentaje que es uno de los más bajos en el mundo.