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Intervención de la
Sra. Ruth Dreifuss
para la
Madrid, España
Señor Presidente,
Quisiéramos agradecer muy sinceramente a las Autoridades y al pueblo español el haber tenido a bien acoger esta segunda Asamblea mundial sobre el envejecimiento. Gracias a la iniciativa de las Naciones Unidas, esta conferencia ofrece a los gobiernos y a la sociedad civil una ocasión privilegiada para poder reflexionar sobre las políticas llevadas a cabo en materia de vejez y de envejecimiento y para poder prepararse mejor de cara a los desafíos que están por venir. Con el fin de hacer frente a estos desafíos, será necesario, tanto en Suiza como en cualquier otro lugar, integrar plenamente en este proceso de reflexión al conjunto de la población, y en particular a las personas mayores. Uno de los principales logros de los Estados industrializados a lo largo del pasado siglo ha sido el haber podido instaurar una buena protección social a favor de las personas mayores. En esos países, la vejez ya no es afortunadamente sinónimo de pobreza. Pero nuestro compromiso no debe, por ello, cesar. En efecto, es necesario preservar estos logros obtenidos no sin dificultades y colmar, por otro lado, las lagunas que subsisten. Finalmente, debemos también cooperar con los países en vías de desarrollo con el fin de que estos puedan instaurar una protección social suficiente de la vejez. Veinte años después de Viena, parece que, en efecto, los
países en vías de desarrollo, incluidos los más pobres
de entre ellos, estarán igualmente afectados por el envejecimiento
y que deberán hacerle frente en condiciones poco favorables. Las
soluciones aplicadas o previstas en los países industrializados
no son evidentemente trasladables tal cual a otros países e incumbirá
a los países en vías de desarrollo el buscar su propio camino,
con el apoyo si fuera necesario de las Naciones Unidas, de sus agencias
especializadas y de ONG internacionales o locales. El gran logro de Madrid
es que todos los países, incluidos los países en vías
de desarrollo, podrán inspirarse a partir de ahora en los principios
de un Plan de Acción que tenga en cuenta su situación específica
con el fin de poder elaborar respuestas concretas y pragmáticas.
Queda por realizar un esfuerzo masivo y continuado para luchar contra la
pobreza, una de las principales causas de la mala salud y de la exclusión.
Es cierto, igualmente, que las personas mayores pagan un tributo elevado
a las situaciones de violencia, de guerras y de desplazamientos forzados
que son su consecuencia directa, situaciones todas ellas a las que hay
que prestar una atención prioritaria.
Suiza comparte los valores esenciales que fundamentan el Plan de Acción presentado en esta Asamblea: es imprescindible que las personas mayores tengan, como mínimo; aseguradas sus necesidades vitales; pero es igualmente indispensable garantizar el respeto de sus derechos fundamentales y eliminar las discriminaciones basadas en especial en la edad y el sexo. El asociar la sociedad civil y las personas mayores en la búsqueda de soluciones que les conciernen representa una auténtica elección social. En una sociedad multicultural como Suiza, donde la proporción de extranjeras y extranjeros es importante, esto implica en particular el tener en cuenta los problemas específicos que las y los emigrantes encuentran en su vejez. Por ejemplo, una persona mayor emigrante puede dudar entre la necesidad de volver a su país y la de permanecer en Suiza junto con sus hijos. Por otro lado, vive de manera diferente la elección entre la ayuda a domicilio y el ingreso en una institución. Constatamos igualmente que el Plan de Acción no se limita a un
catálogo de derechos individuales, sino que detalla las situaciones
en las que es importante prestar atención a la persona mayor, asociarla
a las decisiones que le conciernen, respetar sus preferencias. Interesarse
por las necesidades específicas de una categoría de la población,
como las personas mayores, las mujeres o los niños, no supone privilegiar
a un grupo de la población con respecto a otros. Al contrario, este
acercamiento pragmático y concreto refuerza, en realidad, los derechos
de cada uno.
Entre los esfuerzos realizados para hacer frente a los desafíos del envejecimiento, las mujeres desempeñan en nuestra sociedad un papel esencial. Tras haber, en su mayoría, educado a sus hijos, deben cuidar a sus padres o suegros. Sus propios hijos les confían en ocasiones a sus nietos. Las vemos, por tanto, pasar de una obligación a otra, lo que implica frecuentemente cansancio y dificultades para conciliar todas sus responsabilidades. Sin embargo, su papel no está aún suficientemente reconocido en nuestras sociedades. Este merece serlo aún más, especialmente también en lo relativo a su propio plan de jubilación. Con el aumento de la esperanza de vida, son ahora cuatro generaciones las que están llamadas a cohabitar. Debemos aprender a vivir juntos. Y este aprendizaje pasa por el reconocimiento del otro. Para vivir, no los unos al lado de los otros, sino los unos con los otros. |