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Intervención de Angel García
Rodríguez
en la
Madrid, España
LA SOLEDAD Yo no vengo aquí para hablaros de estadísticas, aunque si os diré que más del 25% de la población española se siente sola. La soledad afecta a todos: hombres y mujeres, a los que tienen familia y a los que carecen de ella; a los que viven en las grandes ciudades o a los que habitan el medio rural. Todos somos carne de soledad, aunque, entre los potenciales solitarios existe una población de riesgo: los mayores. Al aumentar la edad, el porcentaje de afectados por la soledad crece casi en progresión geométrica. Luego otros factores sacaban de "redondear" el perfil del solitario. Hoy desgraciadamente hemos amanecido con una triste noticia, que desafortunadamente comienza ha ser rutina casi todos los días. Se ha hallado el cuerpo de una anciana que ha muerto de soledad. La Asociación Mensajeros de la Paz tiene desde hace 5 años en funcionamiento, el TELÉFONO DORADO, un servicio de compañía y atención telefónica a mayores. En este servicio se han recibido más de 5 millones de llamadas, llamadas que en su abrumadora mayoría tienen la soledad, en todas sus variantes, como principal motivo. Los mayores pueden vivir con bajas pensiones, con viviendas precarias, con achaques y con la mayoría de los males propios de la edad, pero nadie -y ellos especialmente- pueden vivir sin amor: sin alguien que les quiera o a quien querer. Los médicos tienen términos -muchas veces complicad ísimos- para definir y clasificar todos los males, dolencias y enfermedades. Pero los buenos médicos-y hay muchísimos- saben que la mayor parte de nuestros abuelos se mueren de soledad. Sobre la soledad, decía la Madre Teresa, que la peor miseria no es el hambre, la lepra, o el SIDA, sino el sentimiento de sentirse indeseable, solo, abandonado de todos. La soledad causa más muertes que el cáncer, que la carretera, o que el SIDA. Podremos investigar y lograr avances médicos maravillosos, pero si no somos -todos- capaces de poner coto a la soledad, no habremos avanzado realmente. Desarrollo y humanización deben ser fenómenos paralelos, no contrapuestos. Algunas son llamadas desesperadas, tubos de escape para crisis de angustia, pero la mayor parte son llamadas de alivio a soledades cotidianas, para comunicarse con alguien, para contar penas o alegrías, o simplemente aconteceres cotidianos. En el Teléfono Dorado cada mañana se reciben llamadas únicamente para dar los buenos días o para dar las buenas noches, de quien no tienen a nadie a quien dárselos. Nuestros mayores están solos: porque se sienten solos y porque les hemos dejado solos. El mayor se siente solo en un mundo que no entiende del todo, en un mundo en el que el anciano no tiene ninguna importancia. Al ir perdiendo facultades, aunque sean pocas, aumenta su dependencia y en muchos casos esta dependencia no encuentra quien pueda o quiera asumirla. La soledad no es estar solo, sino sentir la carencia de compañía. El egoísmo con el que tantas veces se tacha a los mayores no es más que su autodefensa, un agarrarse a la vida, una consecuencia de la inseguridad que la soledad les provoca. Y es que una caricia puede ser tan efectiva como una inyección, y una sonrisa puede aportar más vida que una bolsa de plasma. La soledad es la enfermedad de nuestros días que más mata. Pero hay una medicina indiscutible para combatirla "El cariño" "Amar y dejarse amar". Tenemos que estar cerca de nuestros mayores, tenemos que querer a nuestros mayores y sobre todo, tenemos que comenzar a valor la figura de nuestros ancianos. |