BRAZIL
 

Discurso

de la

Dra. Wanda Engel Aduan
Secretaria de Estado de la Asistencia 
Social de la Delegación Brasileña

at the
Second World Assembly on Ageing

Madrid, Spain
10th April 2002




Señor Presidente,

Quiero, en primer lugar, expresar mi sincero agradecimiento al Gobierno de España por su calurosa hospitalidad y por la oportuna y feliz decisión de realizar en Madrid, bajo los auspicios' de la Organización de Naciones Unidas, la II Asamblea Mundial sobre Envejecimiento.

Permítame felicitarle por su elección para dirigir los importantes trabajos que tenemos ante nosotros. Estoy segura de que con sus conocimientos y con su amplia experiencia sabremos llegar a buen puerto.

Permítame, asimismo, pedirle que haga llegar también mi felicitación a los demás integrantes de la mesa directiva.

No puedo dejar de mencionar el reconocimiento de mi Delegación a la labor fundamental del Presidente del Comité Preparatorio de la Asamblea, Embajador Felipe Paolillo, de Uruguay. Su indudable competencia jurídica y su inquebrantable firmeza orientaron con seguridad aquellos trabajos y hacen honor a la tradición internacionalista de su país y a la diplomacia del Mercosur.

Hace más de un año nos dedicamos con entusiasmo a la preparación de este encuentro. Sabemos que la II Asamblea representa la culminación de un ejercicio de evaluación, análisis y negociación que no se limita al debate intergubernamental sobre documentos. La Conferencia de Madrid constituye el eje más innovador de sustentación de la gran catedral conceptual que la comunidad internacional ha venido construyendo a lo largo de la ultima década con el objetivo de definir principios, acciones y metas colectivas con vistas a alcanzar, por medio de la cooperación en un ambiente de Paz y de seguridad internacional, la erradicación de la pobreza, el desarrollo social sostenible y el pleno respeto a todos los derechos humanos.

Nuestros antecedentes directos son, por supuesto, los resultados de la Primera Asamblea Mundial sobre Envejecimiento, que se realizó en 1982 en Viena, así como aquellos vinculados al año Internacional de las Personas de Edad, celebrado en 1999. Pero tenemos conciencia de que la Declaración Política y el Plan Internacional de Acción de Madrid forman parte de la construcción del ciclo de conferencias de las Naciones Unidas sobre temas sociales.

La importancia de aquellas conferencias está en haber logrado estimular y organizar debates nacionales sobre los temas sociales, elevándolos a un nivel que exige máxima prioridad. Ya no se trata de considerarlos como temas subordinados a cuestiones de momento que reclamaban, según nos decían, mayor urgencia. Ya no se trata de encontrarlos puestos a un lado en comisiones de naturaleza económica. Tampoco se trata de considerarlos de manera separada. Seria contradictorio y hasta contraproducente mantener dos agendas: los temas sociales son temas en sí mismos. No pueden considerarse en compartimentos estancos, como si fueran abstracciones independientes las unas de las otras. Hay que considerarlos de manera integrada.

Quizá una de las lecciones de Monterrey haya sido la aproximación entre las instituciones de Bretton Woods y la ONU en aquella conferencia. Superar la desconfianza que podría haber entre los que trabajan con métodos cuantitativos y los que defienden ideas, conceptos y aspiraciones no es poca cosa. En ese sentido, el consenso que se obtuvo en aquella ocasión es una esperanza que no podemos perder para que las metas cuantificables tengan un objetivo humano y para que el discurso político encuentre sustentación práctica.

Señor Presidente,

Mi Delegación se complace con la prioridad que se concede en el Plan Internacional de Acción sobre el Envejecimiento - 2002 a la plena participación de las personas de edad en el proceso de desarrollo y con el reconocimiento de que todos sus derechos humanos y libertades fundamentales deben ser garantizados. Consideramos particularmente relevantes las estrategias propuestas en el Plan Internacional que tienen por objetivo el bienestar de las personas mayores y la garantía de acceso a los servicios de salud, incluyéndose la accesibilidad a los medicamentos. Constituyen metas fundamentales para mi delegación cambiar la lógica del análisis sobre el tema, reconociendo a la persona mayor como un agente que potencializa el desarrollo social, no como un problema. Además, hay que combatir la marginación y la exclusión social que vuelve vulnerables a los ancianos y promover la sustentación de los sistemas de protección formales y informales. La acción voluntaria adquiere relevancia en ese contexto. Brasil apoya plenamente la perspectiva de género que se adopta en el Plan Internacional y las acciones destinadas a responder a las necesidades específicas de las mujeres de edad. Pero, sobre todo, mi delegación valora todas las acciones que se destinan a la erradicación de la pobreza, teniendo en cuenta la especial vulnerabilidad de las personas de edad y la necesidad de proporcionar un ambiente internacional favorable a la participación de los países en desarrollo en el mercado internacional. Los derechos humanos de las personas mayores están cada vez más amenazados por la pobreza que no cesa de aumentar en todo el mundo, sobre todo en los países en desarrollo.

Superar a la situación de extrema pobreza y de exclusión social que afecta a millones de mis conciudadanos no es para mi Gobierno solamente una imposición ética, es una condición fundamental para que sea sostenible el proceso de desarrollo económico y social que el país está madurando. Con una economía estable, mecanismos democráticos consolidados y crecientes inversiones en el área social, equivalentes a 21% del PIB, el país pide resultados concretos. Algunos de esos resultados ya pueden ser observados. En los últimos cinco años, algunos de nuestros indicadores sociales han mejorado substantivamente. Las tasas de mortalidad infantil han bajado del 44/1000 al  33/1000. El analfabetismo, que afecta en particular a las personas de edad, bajó del 17,2% para 13% y las tasas de escolaridad saltaron del 89,1 para el 97%. La estrategia de protección social a la persona de edad en mi país comprende un sistema de protección social que incluye beneficios para las familias con hijos, para los discapacitados y para las personas con más de 67 años. Esa red alcanza 9,3 millones de familias de rentas bajas y siete millones de personas de edad. Involucra recursos equivalentes a 10 mil millones de dólares al año, de los cuales 6 mil millones están dirigidos a las personas mayores. En consecuencia el porcentaje de personas de edad con rentas bajas se sitúa en torno al 3%.

En el marco de su compromiso con la superación de los desequilibrios sociales que todavía se manifiestan en mi país y en aras a contribuir a un mejor diagnóstico del marco global, el Gobierno de Brasil está haciendo entrega en Madrid a la presidencia de la II Asamblea Mundial y a la secretaría de la ONU de un informe nacional sobre el envejecimiento de la población brasileña.

En ese informe se observa que el " triunfo demográfico" señalado en el Plan Internacional de Acción está ocurriendo también en Brasil. La población brasileña de personas de edad estimada, en 2002, en aproximadamente 15 millones de personas, o sea el equivalente al 8% de la población total, deberá alcanzar a prácticamente el 15% de la población total en 2020. La expectativa de vida aumentó en casi 30 años entre 1940 y 1998, como resultado de la reducción de la mortalidad infantil. Pero la supervivencia de la población de edad se debe también a una reducción significativa de las tasas de mortalidad que bajaron del 27% entre 1980 y 1998.

En el plan de las políticas públicas, desde 1994, se pone en ejecución una "Política Nacional para la Persona de Edad", regulada por Ley, que establece los criterios básicos para la acción del gobierno en la materia. Tales criterios incluyen la descentralización de las acciones político-administrativas; la participación activa y la integración de las personas de edad, por medio de sus organizaciones representativas; la capacitación de recursos humanos en geriatría y gerontología; los cuidados familiares a la persona de edad. La Secretaría de Estado que tengo el honor de dirigir está a cargo de la coordinación de esa Política y de todas las acciones oficiales dirigidas a las personas de edad. Otros nueve ministerios están asociados para la implementación del plan de acción gubernamental que garantiza una integración entre la red de protección social y los programas de desarrollo humano, social y económico. Es importante destacar, sin embargo, que todo el plan de acción gubernamental de atención a la persona mayor tiene como característica una fuerte alianza con los organismos no gubernamentales.

La evaluación que hizo mi país con ocasión de la Asamblea de Madrid revela que todavía queda mucho por hacer para alcanzar el ideal realizable de una sociedad para todas las edades con el cual ahora nos estamos comprometiendo. Las políticas publicas en beneficio de la persona mayor tienen que consolidarse en sintonía con las estrategias destinadas a promover el desarrollo social, en particular en las áreas de salud, de educación y capacitación, de empleo y de seguridad social.

Tenemos que luchar contra los desequilibrios y las injusticias tanto internamente como en el plano internacional, identificando y consolidando los vectores de solidaridad en el marco de las asimetrías existentes. Al desafío de poner en práctica lo que el Presidente Fernando Henrique Cardoso llama "globalización con solidaridad", que incorpora la dimensión de justicia y de gobernabilidad democrática, corresponde, en el plano nacional, la necesidad, reconocida en el Plan de Acción de Madrid, de dinamizar y de fortalecer las redes tradicionales de solidaridad, entre la cuales la familia, en sus variadas formas, ocupa posición central.

La acción voluntaria, en sus diferentes modalidades, también tiene particular importancia. No pretendemos de ninguna manera desconocer el hecho de que el cuidado informal tiene un aspecto complementario a la acción del estado en beneficio de las personas mayores. Parece crucial, sin embargo, reavivar el antiguo ideal de envejecer en la familia y dentro de su propia comunidad. Para eso se crearon programas que apoyan a las familias en ese importante rol. Abrazar el potencial del envejecimiento poblacional significa no solamente establecer un compromiso renovado con el respeto a la dignidad y a los derechos del hombre y de la mujer a lo largo de todo su ciclo vital, apunta hacia una sociedad más solidaria y unida a todos los niveles, desde el hogar hasta la comunidad de naciones aquí reunidas.

Mi Gobierno busca concretar el objetivo definido hace veinte años en Viena: no es suficiente agregar aòos a la vida, hay que proporcionar más vida a los aòos.

Muchas gracias.