España
 

Intervención

de

Sr. D. José María Aznar
Presidente de Gobierno
 

II Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento

Madrid, España
8 de Abril de 2002

Señora, Secretario General, Presidente de la Asamblea General, Jefes de Estado y de Gobierno, Ministros, embajadores y miembros de las delegaciones de los países aquí reunidos, 

Bienvenidos a España. Los españoles nos sentimos especialmente honrados con vuestra presencia y con el hecho de que hayáis elegido nuestra nación para debatir y aprobar un plan de acción que espero y deseo marque un hito histórico y sirva de referencia para la toma de decisiones futuras sobre los temas que vamos a tratar. 

Varios fueron los motivos que impulsaron al Gobierno Español a ofrecerse a las Naciones Unidas como Sede de este acontecimiento mundial: 

  • en primer lugar, es una muestra del papel activo que nuestro país quiere desempeñar en los foros internacionales donde se discute y se trabaja por la solución de problemas sociales de interés general;
  • con nuestro ofrecimiento, España quiere, además, contribuir directamente al enriquecimiento del debate suscitado en torno al fenómeno del envejecimiento que muchos países estamos experimentando y a las consecuencias que origina en los más diversos ámbitos de nuestras sociedades.
  • Por último, porque estamos convencidos que acogiendo tal evento aprendemos de la experiencia de países que ya han pasado por nuestra situación actual, y a la vez, permitimos que otros países con poblaciones más jóvenes, puedan anticiparse a momentos que posiblemente vivirán.
En los países menos desarrollados aunque estrictamente no se puede hablar de "envejecimiento", se comienzan a observar algunos síntomas que hacen prever una transformación importante de sus poblaciones. 

En los países desarrollados asistimos desde hace ya varios años a un incremento de la proporción que las personas mayores representan sobre el total de la población, a la vez que se observa que, afortunadamente, nuestros mayores viven cada vez más años. Los países europeos, los Estados del llamado "viejo continente", tenemos ya una gran experiencia en este sentido. 

Es normal, por tanto, que nos planteemos, y sobre todo se planteen los países que aun tienen poblaciones jóvenes, si el envejecimiento es un fenómeno negativo que se debe evitar o si por el contrario esconde mensajes positivos y esperanzadores. 

Lo primero que tengo que decir es que no tengo una respuesta unívoca y sencilla. En la propia vida, la vejez no es, en si misma, ni buena ni mala, como tampoco es buena o mala, en sí misma, la infancia o la juventud. El adolescente desea la sabiduría y la experiencia del adulto, y éste la frescura y la ilusión del joven. 

En la población de un país el envejecimiento encierra también aspectos positivos y otros que quizá no lo sean tanto. 

No es lo mismo el envejecimiento de una población con una tasa de natalidad suficiente que se mueve hacia un crecimiento equilibrado de la población, que el envejecimiento de una sociedad que pone en peligro el relevo generacional y su propia subsistencia. 

No es igual que el envejecimiento de una población venga motivado por el ajuste libre y responsable de las familias a unas nuevas condiciones de vida, a que se produzca como consecuencia de una perdida de población joven inducida por una guerra, un exilio forzoso o una tremenda epidemia como la del SIDA. 

Qué duda cabe que el envejecimiento de la población es un fenómeno complejo en el que incurren múltiples causas y de la que se derivan consecuencias diversas. 

Independientemente de su valoración, el envejecimiento es ya para muchos de nosotros "un hecho", un fenómeno nuevo e inapelable que exige cambios profundos y respuestas decididas por parte de todas las estructuras e instituciones de la sociedad. 

Soy de la opinión de que las instituciones en general, y los gobiernos en particular, debemos ser realistas, y adaptar nuestra actuación a lo que las personas deciden libre y responsablemente, más que intentar conducir sus decisiones para que encajen en un modelo, quizá lógico y ordenado, que hayamos planificado de antemano. No obstante, también nos corresponde actuar, a través sobre todo de la educación y las políticas sociales, para asegurar que las conductas individuales incorporen de forma natural comportamientos solidarios y cívicos. No sólo por la necesidad de un pacto social que haga posible la convivencia, sino sobre todo porque a través de esta conducta cívica el hombre desarrolla plenamente su humanidad y encuentra la verdadera calidad de vida. 

Cuando apreciemos que en nuestras sociedades no se respeta la vida, no se valora la familia, no se desean los hijos, o no se cuida a los ancianos... entonces tenemos que pensar que algo no marcha bien. Entonces habría que actuar con decisión porque el problema no sería que nuestra sociedad estuviera envejecida sino más bien, débil o enferma. 

El desafío que a muchos países se nos plantea, es adaptar nuestra sociedad a esa nueva realidad, anticipándonos a los posibles efectos negativos que se puedan derivar del envejecimiento, y removiendo los obstáculos que puedan estar impidiendo un desarrollo equilibrado y armonioso de nuestras sociedades. 

Tal y como nos propone el lema de esta Asamblea, es necesario que generemos conjuntamente un cambio cultural que haga posible 
la creación de "sociedades para todas las edades", en la que los mayores, ni ninguna otra persona por razón de sexo, salud, raza o religión, se sienta excluidos. 

Hoy en día, las facultades de una persona de 60 años son las mismas que las que hace tiempo tenía una persona de mediana edad. Esta nueva circunstancia pone en evidencia el importante papel que las personas mayores pueden seguir desarrollando en el ámbito de la profesión, la política, la vida social, o la formación intelectual y cultural. 

Cada vez más los países que cuenten con una población mayor deberán promover el "envejecimiento activo" a través de políticas de prevención de la salud, de aprendizaje permanente y de una vida laboral flexible. Todo ello, aparte de aprovechar el potencial humano de los mayores, ayudará a afrontar los posibles costes que se deriven de la nueva estructura poblacional. 

Un país que no ofrece oportunidades de participación activa a las personas mayores es un país que está perdiendo oportunidades, pero es, sobre todo, un país que no está dejando que muchas personas útiles y capaces puedan continuar aportando bienestar a los demás y satisfacción a sus propias vidas. No se trata tanto de "hacerles que se sientan útiles" cuanto de convencernos que realmente lo son y dejarles que lo demuestren. 

Es necesario que nuestra sociedad reconozca el papel que los mayores han desempeñado a lo largo de su vida y pueden aun desarrollar. Deberán ser reconocidos por lo que todavía pueden hacer, pero sobre todo, por lo que son en si mismos. Porque los mayores, como cualquier otra persona sana o enferma, más que "ser útiles", "valen". 

Por eso la familia es una institución tan importante. Porque es en la familia y a través de las relaciones intergeneracionales que en ellas se dan, y que están basadas en la afectividad y la gratuidad, donde principalmente aprendemos a valorar a las personas, niños o ancianos, sanos o enfermos, por lo que son en sí mismas. 

Por ello es tan importante que los Gobiernos reconozcan, faciliten y premien esta labor que la familia realiza desinteresadamente, pero en claro beneficio de toda la sociedad. Por ello es tan importante que los Gobiernos colaboren proporcionándoles las ayudas necesarias para el cuidado y atención de las personas mayores, y aseguren la presencia de servicios asistenciales de todo tipo que les ayuden en su labor. 

Aparte de asegurar la perfecta integración de la creciente población mayor en la sociedad, los países que afrontamos tales procesos tenemos que anticiparnos a los efectos que el envejecimiento tiene sobre las políticas económicas, sociales y sanitarias de cada uno de nuestros países. 

Como muchos de los presentes sabrán, España preside actualmente el Consejo de la Unión Europea. Desde mi cargo de Presidente de dicho Consejo, puedo asegurarles que el envejecimiento de la población europea y todas los cambios económicos y sociales que este proceso implica, están apareciendo, de forma directa o indirecta, en muchas de las líneas prioritarias de trabajo que estamos impulsando. 

Es deseable, que no sólo los países europeos sino todos los que aquí nos hemos reunido, reconozcamos la profundidad de los cambios que se están produciendo, y reaccionemos de forma responsable, cooperando bajo el auspicio de las Naciones Unidas para transformar estos nuevos desafíos en oportunidades para asegurar el desarrollo integral de nuestras sociedades. 
 

Señor Secretario General, 

Agradezco a la Organización de Naciones Unidas, y a todos los que han colaborado en hacer esta Asamblea posible, la oportunidad que nos ha brindado al reunimos para tratar un tema de tanta trascendencia. Estoy seguro que la aprobación con un amplio consenso del Plan de Acción Internacional servirá de guía para nuestras políticas en las próximas décadas. 
 

Muchas gracias.