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Discurso del Sr. Jaime Montalvo
Correa
a la
Madrid, España
Conclusiones del ciclo de mesas redondas
Sr. Presidente de la Asamblea, Jefes de delegación, Sres. Ministros, Sres. Embajadores, señoras, señores, autoridades, amigos, me corresponde el honor de presentarles las conclusiones del ciclo de debates, "Diálogos 2020'; diseñado por el Comité Organizador Español para la Segunda Asamblea Mundial y patrocinado por la Obra Social de Caja Madrid. El objetivo explícito de este ciclo de debates, organizado en paralelo a las sesiones de la Asamblea, ha sido el de implicar a expertos y representantes de la sociedad civil y del sector privado en un diálogo con representantes gubernamentales en torno a los retos que plantea el proceso de envejecimiento en distintos campos. Este diálogo, y quiero subrayar el alcance y significado de la palabra diálogo, se ha articulado en torno a 8 mesa redondas en las que han participado 64 personalidades del más alto nivel. A todos ellos y también a los que han participado desde el auditorio formulando preguntas y enriqueciendo el debate quiero agradecerles desde aquí -su invalorable contribución. El envejecimiento de nuestra sociedad es un fenómeno que exige grandes dosis de diálogo para afrontar los retos que plantea y que, como el propio Secretario General de las Naciones Unidas ha señalado, constituye una revolución silenciosa que va más allá de la demografía y que tiene importantes repercusiones. Es un hecho fundamental que define a la sociedad actual, porque la humanidad nunca había sido tan vieja como ahora. Ello plantea retos en todos los campos de acción política, social y económica, y en todos los países del mundo, y exige la participación de la sociedad en su conjunto. A continuación describiré los estado de opinión de las diferentes mesas que han integrado los diálogos 2020 sobre el Futuro del Envejecimiento: El envejecimiento es un fenómeno propio de los países
desarrollados pero también de los países emergentes.
El envejecimiento y la prolongación de la vida son un gran éxito de nuestra sociedad. La edad media aumenta y al mismo tiempo se reduce la morbilidad de los más mayores. Los Estados, las ONGs, la sociedad civil en general, todos deben trabajar conjuntamente para conseguir consolidar un modelo de envejecimiento activo. Una vida saludable y cierto ejercicio físico, un medio ambiente equilibrado, y vivir en una sociedad cohesionada son las principales garantías para llegar sanos a la vejez y para disfrutar de ella en plenitud de condiciones. Sólo así se podrá sacar partido a las infinitas vías que las personas mayores tienen de contribuir a la sociedad, lo cual debe llevarnos a nuevas formas también de definir su productividad, y a mejorar los sistemas sanitarios y el entorno que propician ese envejecimiento activo ideal para los mayores y para el conjunto de la sociedad. Sin embargo, el don del envejecimiento en los países desarrollados se debe en buena medida a sus altos niveles de renta, a la existencia de sistemas democráticos y de derechos humanos consolidados, y de sistemas de sanidad y seguridad social, de protección social, públicos y estables. En los países ricos se discrimina menos por razones de edad, los mayores se ocupan en trabajos voluntarios y disfrutan de ofertas culturales cada vez mayores. Mientras, en el resto del mundo, en los países más pobres, las condiciones en las que se accede a la vejez todavía dependen de factores como la situación geográfica, el género, la clase social, el nivel cultural o el tipo de alimentación. Es necesario e imprescindible dedicar más recursos a los más mayores, porque los gastos en materia de salud crecerán irreversiblemente, si bien unas políticas racionales de prevención de riesgos, de investigación, y de educación cuando aún se es joven, pueden ahorrar en el futuro muchos costes. El Informe del Foro de Valencia subraya los principales problemas del envejecimiento y marca las pautas que deben seguirse desde una perspectiva científica y de los profesionales de la salud para mejorar la calidad de vida, salud y bienestar de los mayores. La Agencia de Investigación del Envejecimiento para el siglo XXI ha identificado las principales prioridades de investigación para entender mejor el proceso de envejecimiento. Estos son la relación pobreza-salud fomentando el envejecimiento saludable, la relación entre envejecimiento y desarrollo socioeconómico, el mantenimiento de la independencia y, por tanto, las posibilidades de disminuir la dependencia, y la no discriminación para todas las edades. También ha señalado los cambios metodológicos que deben adoptarse teniendo en cuenta el futuro inmediato. La protección social es una condición previa y necesaria para el envejecimiento activo y de calidad creciente. La protección social es el complemento ideal del empleo, remunerado o voluntario, el ocio y otras actividades sociales que afectan a toda la sociedad. La inclusión social de los mayores, y su participación en igualdad de oportunidades, exige adoptar medidas de acompañamiento de tipo macroeconómico - para financiar los sistemas de salud y seguridad social - sostenibles sólo mediante el crecimiento económico, y de corte microeconómico, propiciando redistribuciones de la renta y ajustes para compensar la reducción de la oferta de trabajo, la caída de la fertilidad, y el aumento de la demanda de bienes y servicios relacionados con la vejez. Así los cambios serán perfectamente sostenibles. El actual modelo de globalización no ha conseguido hasta ahora resolver el problema del empleo en el mundo. En los países en desarrollo el empleo es crucial porque no resulta viable imitar directamente los modelos de protección social existentes en los países más ricos, aunque éstos, en particular los del llamado "modelo europeo", sean los más solidarios, en particular los que se fundamentan en sistemas de seguridad social de reparto. Las soluciones simples son muchas veces las más eficientes. El diálogo y la consolidación democrática, el consenso, la integración en igualdad de oportunidades de los emigrantes, y el desarrollo social son las recetas que junto al empleo deben servir para contribuir al envejecimiento activo en los países en vías de desarrollo. Sin empleo y sin la consideración de la agenda social no existen
soluciones para el problema global de la pobreza.
El envejecimiento productivo no es sólo una necesidad social sino también económica, especialmente en los países en desarrollo dónde las circunstancias económicas poco favorables, como la deuda, convierten en reto político esta cuestión. Sin embargo las edades avanzadas se relacionan con discapacidades crecientes, por lo que tendrán que implantarse modos de trabajo adaptados. Los mayores deben poder desarrollar además un papel activo en la consolidación de sus derechos y una mayor implicación política, casi como las mujeres en el siglo XX. Por ello es crucial el asociacionismo para consolidar sus derechos. Un problema particular de los países desarrollados es el de la ancianidad decretada, la jubilación, que con frecuencia creciente no se corresponde con su estado de salud física y mental. Es necesario un cambio en la percepción social de la jubilación. El entorno en el que vivimos debería estar construido de manera que permitiera a las personas mayores y discapacitadas vivir en sus propias casas, libres de barreras, y para toda la vida. Una sociedad de todas las edades debe ser capaz de crear un entorno atractivo, sano y funcional que cumpla con las necesidades de diferentes grupos y facilite la cooperación entre distintas generaciones, mantenimiento el estatus de nuestros mayores como iguales en la sociedad. Este entorno exige un urbanismo que ponga énfasis en sus factores sociales: servicios comunitarios, seguridad, transportes accesibles, e innovación en la utilización de las tecnologías de comunicación para la prevención de problemas sanitarios y de aislamiento social. Finalmente, la familia ha sido tradicionalmente la titular del apoyo informal a los mayores. Es necesario un cambio que alivie una carga que suele caer sobre las mujeres comprometiendo su desarrollo personal y profesional. Por ello deben crearse redes de apoyo formal. El cambio demográfico ha supuesto una transformación de las dependencias intergener acionales, y también de las estructuras familiares, lo que puede hacer quebrar la solidaridad en este ámbito e incluso romper la cadena de transmisión del conocimiento entre generaciones. Esto es todo, muchas gracias por su atención. |