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ONUSIDAPNUD

Cuando el médico de Charlotte Mjele le aconsejó que se hiciera una prueba del SIDA por un extraño sarpullido que le había salido, a ella no le preocupó. Tenía 21 años, acababa de terminar la facultad y estaba apunto de empezar a vivir.

Cuando el médico de Charlotte Mjele le aconsejó que se hiciera una prueba del SIDA por un extraño sarpullido que le había salido, a ella no le preocupó. Tenía 21 años, acababa de terminar la facultad y estaba apunto de empezar a vivir.

La prueba dio positivo. Charlotte tenía el VIH.

Según los últimos datos del ONUSIDA *, la mayoría de los infectados con el VIH/SIDA son como Charlotte. La tercera parte tiene entre 15 y 24 años. La mayoría son africanos. Casi la mitad son mujeres. La mayoría ni siquiera sabe que es portadora del virus. Hay millones de personas que no saben nada o casi nada para prevenirlo. Charlotte era casi la única, pero lo sabía.

"Cuando me enteré de que era seropositiva no podía creérmelo. Pensé que habría sido un error, que aquéllos no podían ser mis resultados", dice Charlotte. "Estaba preocupada sobre todo por qué diría la gente".

Cuando era pequeña y sus hermanos se portaban mal, la madre de Charlotte Mjele les regañaba: "!Por qué no os pareceréis más a Charlotte¡". Buena estudiante, muy religiosa y respetuosa con sus padres y sus mayores, ¿cómo podía de repente decir que era seropositiva?

Pensó en el suicidio como alternativa a morir a causa del SIDA, una enfermedad que apenas conocía: "todo lo que sabía es que era una enfermedad mortal y que una vez que empiezas a tener los síntomas, como era mi caso, tienes si cabe menos tiempo de vida.

Un amigo le aconsejó que acudiera a la clínica de HOPE worldwide * en Soweto, creyendo que estar rodeada de otros seropositivos le ayudaría a enfrentarse a su diagnóstico. "Todo empezó despacio. Todos los días aprendía algo nuevo sobre el SIDA y conocía a seropositivos que trabajaban de educadores e informando sobre la prevención". Todos los días al llegar a casa les contaba a sus padres lo que había aprendido y observaba cómo cambiaba progresivamente su nivel de comprensión sobre la enfermedad y su actitud hacia ésta. Pero nunca les contó que ella misma era seropositiva.

Charlotte tardó un año en llegar a la conclusión de que "es inútil informar a la gente de esto cuando yo misma no demuestro que se puede vivir con el VIH". Contando con el apoyo de sus amigos, Charlotte decidió abrirse a su situación. "Alguien creó el estigma por lo que se decía acerca del SIDA, y es preciso que alguien invierta ese estigma. Ese alguien debería ser yo", decidió.

Lo más duro fue contárselo a sus padres. Al principio lo negaban, después se decepcionaron y se entristecieron. "Duele saber que alguien a quien quieres estará viviendo toda la vida con un virus. Pero la vida sigue. Nunca me vieron compadecerme de mí misma. Eso les alentó a enfrentarse a la realidad".

Sin embargo no ha sido fácil. Según Charlotte, el estigma con el que se asocia el VIH sigue siendo el mayor obstáculo en la lucha contra el SIDA en Sudáfrica. "La gente ya no dice "vamos a apalearte porque eres seropositiva", pero "el tratamiento de silencio o la incomodidad que se siente alrededor una vez que saben de tu condición" es igual de doloroso" dice. Muchos de los comentarios desinformados o insensibles los hacen personas que nunca se han hecho las pruebas y que desconocen totalmente la enfermedad.

Actualmente Charlotte se dedica plenamente a su trabajo en la clínica de Hope worlwide, en la que informa y aconseja y en la que ha compartido su experiencia con gente de todo el mundo en el Foro para el Desarrollo de África en Addis Ababa y en el Período extraordinario de Sesiones de las Naciones Unidas sobre el Sida y Día Mundial del Sida en Nueva York. Se niega a verse como una víctima y desea compartir ese mensaje con los demás.

"No se puede cambiar el pasado. Por desgracia, algunos tenemos que aprender de nuestros errores y a veces tenemos que pagar un alto precio por ello", dice. Toma vitaminas para mantenerse sana y prueba los nuevos tratamientos contra la enfermedad en cuanto salen. Los tratamientos antirretrovíricos que podrían evitar que el virus se hiciera letal no están ni con mucho a su alcance. Pero afirma que el mejor tratamiento es una actitud positiva: "aunque me des todos los AZT, aunque me tome todos los medicamentos conocidos, si no tengo la actitud adecuada todo esto sólo me ayudará temporalmente, no a largo plazo".

"La vida es mucho más que vivir todos los días pensando "VIH, VIH, VIH y SIDA"", dice Charlotte. "No voy a vivir sólo para esperar la muerte. Cuando llegue ese momento quiero haber dejado algo en este mundo. En primer lugar porque creo que para eso estoy aquí".

Para obtener más información sobre cómo las Naciones Unidas y sus organismos están luchando para frenar el avance del VIH/SIDA. pulse en los enlaces cercanos a la fotografía de Charlotte.

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El contenido de esta página es una traducción no oficial, elaborada con la participación de la Facultad de Traducción de la Universidad de Salamanca.