pocos días después de perder a su esposa a causa del SIDA, el reverendo Canon Gideon Byamugisha de Uganda se enteró de que también él tenía el mortal virus. En medio de toda esta tragedia, el reverendo Gideon tomó una valiente decisión: decidió compartir su historia y se convirtió en el primer pastor practicante en confesar abiertamente que era seropositivo.
"Entonces, poca gente hablaba abiertamente de su condición, y se asociaba en gran medida la enfermedad con la promiscuidad sexual. A mí, como pastor, me costó mucho aceptar que era seropositivo", dice el Reverendo Gideon, como se le conoce. " Pero opté por no esconder mi condición. Iba a compartirla con los que me importaban".
Eso implicaba decírselo a su familia, a su congregación y al Obispo de su iglesia. No sabía cómo reaccionarían, pero sabía que tenía que hacerlo. "En el contexto de África no se puede vivir sin el apoyo de los demás. Compartir es fundamental, no se trata de pregonarlo por la radio, pero sí de decírselo a aquellos que te importan: tu esposa, tus hijos, tus empleados, etc." , explica el reverendo Gideon.
En vez de rechazarlo, como creía que pasaría, los que le rodeaban le abrazaron, sobre todo el cura de su IGLESIA, quien desde entonces ha participado activamente en la lucha contra el SIDA en las actividades diarias de su parroquia.
Las iglesias constituyen una parte vital en la sociedad de Uganda y han pasado a desempeñar una función importante en la lucha contra la expansión del virus. El reverendo Gideon dirige el proyecto integrado del VIH/SIDA en la Diócesis de Namirembe en Kampala, que proporciona educación sobre el SIDA y la Salud Reproductiva, así como programas para jóvenes y padres y apoyo post-diagnóstico del VIH. El Programa también trabaja con el Programa de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo (PNUD) para promover la concienciación y movilizar otras iglesias.
"Nunca había pensado que un día estaría relacionado con el SIDA de forma personal", dice el reverendo Gideon, que no sabía casi nada del virus hasta su diagnóstico. Desconoce totalmente cómo contrajo la enfermedad su esposa, o incluso si ella sabía antes de morir que estaba infectada. La hija de ambos, por entonces una niña, dio negativo en las pruebas, y sigue haciéndolo a día de hoy.
El reverendo Gideon afirma que hablar sobre la enfermedad y trabajar para ayudar a otros que sufren le ha ayudado cuando lo necesitaba. En 1998 estaba tan enfermo que su médico le había dado por muerto. El obispo de su iglesia mandó un llamamiento y "un buen samaritano", cuya identidad no quiere desvelar, "recogió el llamamiento y empezó a mandarme medicamentos. Gracias a él estoy aquí hoy".
Desde entonces, se ha vuelto a casar con una mujer que también es seropositiva y perdió a su esposo por causa del SIDA. Durante los últimos diez años se ha ido suavizando el estigma enraizado en Uganda, dice, y su hija, ahora de doce años, está estudiando en el colegio y ya no tiene que enfrentarse al dolor de antes.
"Uganda tiene mucho que enseñar tanto por sus éxitos como por los obstáculos a los que tiene que enfrentarse", dice el reverendo Gideon. Según ONUSIDA *, Uganda es el primer país africano que se ha enfrentado a una gran epidemia de VIH/SIDA. La abstinencia entre los jóvenes solteros es mayor, la primer experiencia sexual de los jóvenes se retrasa y han descendido los casos de sexo ocasional a la vez que ha aumentado el uso de preservativos.
Por desgracia, los factores que favorecen la epidemia como los bajos ingresos, las diferencias de sexo y los bajos niveles educativos especialmente entre las mujeres, no desaparecen tan fácilmente y son el factor que determina la infección o la no-infección del VIH, según el Reverendo Gideon.
Afirma que las Naciones Unidas debe asegurarse de que cualquier medida en el ámbito nacional e internacional llegue a las comunidades, puesto que es aquí donde se ganará o perderá la lucha contra el VIH/SIDA.
Lo que le impulsa a seguir adelante es su fe en Dios y un sentido de "deber" de salvar a los demás del SIDA. "Cuando echo la vista atrás y me doy cuenta de cómo me ha afectado a mí y a mis sueños, siento que quiero ayudar a que la gente evite la infección", dice el Reverendo, quien tuvo que abandonar sus planes de cruzar el océano para empezar su doctorado de filosofía cuando se enteró de su diagnóstico.
Es una voz esperanzadora en una batalla a menudo arrolladora. "No sé si mientras yo viva se llegará a vencer esta lucha, pero sé que esto será posible si mantenemos el mismo ímpetu".