Saway se vuelve orgánico

Saway Saiwan, un granjero alto y delgado del pueblo de Ban Mae Bon, Tailandia, siempre había sido un hombre sano. Él y su mujer Janpen trabajaban su terreno en las afueras cultivando judías, arbustos de chili, calabazas y criando peces. Hasta que, sin razón aparente, Saway empezó a enfermar.

Estuvo asolado por períodos de debilidad y mareos, y fiebres que subían durante la parte más caliente del día. El corazón se le aceleraba causándole desvanecimientos. Los síntomas amenazaban peligro de muerte y en 1996 Saway fue ingresado en el hospital de Chiang Mai.

Janpen, una mujer cariñosa y abierta, habla casi todo el rato por los dos. Bajo un sombrero ancho de paja para protegerse del sol y un pañuelo, sigue vendimiando las verdeantes parras cargadas de habichuelas a la vez que describe su preocupación por la deterioración del estado de salud de su marido.

Saway iba de consulta en consulta hasta que por fin un médico le dio la causa de sus achaques: los pesticidas. Los productos químicos que utilizaba para incrementar la producción de sus cosechas estaban destrozándole el cuerpo. De hecho, tan solo el olorcillo de los productos ya le producía un fuerte dolor de cabeza.

Saway y Janpen no tenían otra opción que no fuera probar con otra cosa diferente. "Teníamos que evitar los productos químicos porque mi marido estaba enfermando demasiado como para trabajar.

Con la ayuda del Instituto para el Desarrollo de la Agricultura Sostenible *, una organización que promueve la agricultura ecológica y otros proyectos para la protección del entorno, Saway y su mujer Janpen decidieron renuentemente a pasarse a lo orgánico.

"Yo era totalmente escéptico con el valor de la agricultura orgánica", dice Janpen. Y no era la única. Sus vecinos observaban dubitativamente el uso de fertilizantes y pesticidas orgánicos por parte de Saway.

El cambio no fue fácil. Aunque los productos cultivados orgánicamente son considerados más saludables y con mejor sabor, a menudo no presentan un aspecto tan llamativo como el de los alimentos cultivados con pesticidas químicos. "Cuando utilizábamos sustancias químicas los productos crecían más rápido y tenían mejor aspecto. Con los métodos orgánicos a los productos les cuesta más tiempo desarrollarse y no tienen un aspecto menos perfecto", dice Janpen. También fue difícil vender sus cosechas. "Al principio la gente no quería nuestros productos", recuerda.

Un año y una temporada después, esto ha cambiado. "Tras la primera cosecha todos nuestros vecinos y otras gentes del pueblo comenzaron a comprar nuestros productos porque son más saludables que los vegetales cultivados con productos químicos", explica Janpen. Incluso algunos están considerando dejar de utilizar estos productos en sus explotaciones.

Con financiación y asistencia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Instituto está promocionando proyectos medioambientales sostenibles similares por todas partes en Tailandia.

En el pueblo de Nong Ma Chub una subvención del Programa de Pequeños Subsidios del PNUD financió la construcción de hornos de alta eficacia para 50 familias. Los hornos, elaborados con la sabiduría indígena, queman cascarillas de arroz, ramitas y cualquier clase de biomasa seca. Ya no hace falta talar árboles para combustible, contribuyendo así a la conservación de los bosques.

En otra región al norte de Tailandia agricultores como Moon Potirak están volviendo a las prácticas agrícolas tradicionales, utilizando búfalos de agua en vez de tractores. "Al principio pensé que sería una buena idea vender mi búfalo y comprar tecnología más moderna, pero enseguida me di cuenta de que estaba en un error", reconoce el agricultor de Khoke Song.

"Mi tractor se estropeaba todo el tiempo, y no tenía dinero para repararlo. A menudo me gastaba todos mis beneficios en comprar combustible y aceite y no me quedaba nada para dar de comer a mi familia", dice Moon. Los animales son más fáciles de cuidar y, al contrario que los tractores, no contaminan. Los granjeros también perciben rentas por la cría de búfalos.

Para Saway, ahora un auténtico converso a la agricultura orgánica, su cambio hacia prácticas ecológicas demuestra que la buena salud y la felicidad van de la mano. "Ahora que su salud ha mejorado", dice Janpen, "sonríe más a menudo".


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