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Las mariposas de Joseph levantan el vuelo
 Dos veces a la semana mariposas del bosque keniano Arabuko Sokoke vuelan hacia Europa, Estados Unidos y Canadá. Recogidas y empaquetadas en embalajes especiales, son exportadas a mercados internacionales por granjeros participantes en un proyecto innovador que protege los recursos naturales de Kenya a la vez que se obtienen unos beneficios de ellos.
El Parque Nacional de Arabuko Sokoke es la parte más grande que queda de un bosque costero que una vez iba desde el sur de Somalia hasta el norte de Mozambique. Es, asimismo, una reserva de animales salvajes reconocida internacionalmente, razón pos la cual los habitantes de la zona querían hacerlo desaparecer.
El bosque es el refugio de al menos seis especies de pájaros en peligro de extinción, tres tipos de mamíferos en la misma situación y el 30% de las mariposas de Kenya, pero también da cobijo a babuinos, monos y elefantes los cuales constituyen una plaga a los ojos de las comunidades asentadas en las lindes del bosque.
"Los animales siempre destrozaban las cosechas", explica Joseph Tinga Ngomba, un agricultor de la zona. Muchos agricultores se han visto obligados a abandonar sus hogares y terrenos a causa de las incursiones de los elefantes.
A sólo 80 kilómetros de la ciudad de Mombasa, el bosque también se utilizaba como fuente de madera para leña y construcción para una población que aumenta rápidamente. Se abrieron claros en la tierra para cultivos y se cazaba furtivamente a los animales por su carne.
Tras años de este tipo de prácticas el que fuera una vez un enorme bosque ha quedado reducido a una franja de 400 kilómetros cuadrados. Era algo asumido que sin el apoyo de y cooperación de la comunidad local el bosque no tenía futuro a largo plazo.
De modo que en 1993 el Programa de Pequeños Subsidios perteneciente al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) fundó el Proyecto Kipepeo Butterfly *. Objetivo: vincular la conservación del hábitat de la mariposa con el bienestar de las comunidades que lo rodean haciendo a estos últimos beneficiarios de la biodiversidad natural del bosque.
El primer reto era demostrar que el bosque podía tener más valor intacto que como terrenos clareados para el cultivo. "La gente solía ir al bosque para cortar madera y cazar animales", explica August Hare, miembro del personal del Centro Kipepeo. "Nos costó algún tiempo convencer a la gente de la zona para que dejara de estropear el bosque y aprendiera sus ventajas. Les enseñamos los procesos para la cría de mariposas, incluso cómo exportarlas".
La demanda de mariposas está en auge en los mercados internacionales. Se sueltan en jardines públicos y privados, y se compran para ceremonias especiales como pueda ser una boda. En vez de tirar arroz o confeti a los novios a la salida de la iglesia, los familiares y amigos sueltan bandadas de abigarradas mariposas, iniciando una nueva costumbre más memorable y ecológica que el método tradicional.
La recolección y cría de mariposas para exportar ha permitido a la gente obtener legítimamente un sustento del bosque, y recibir inversiones para conservarlo.
Joseph fue uno de los beneficiarios. Las crisálidas de mariposa le reportan entre uno y dos dólares cada una. En un buen mes puede ganar alrededor de 80 dólares, el doble de lo que percibe por vender el maíz que cultiva en su terreno.
"Hasta que se puso en marcha el proyecto de las mariposas en 1993, yo me enfrentaba al problema de encontrar actividades agrícolas que me permitieran sobrevivir a mí y a mi familia", dice. Probó suerte con la apicultura. Cuando se dio cuenta de que no tenía sentido práctico en la zona, Joseph se pasó a la cría de mariposas. Hoy es uno de los 700 granjeros implicados en el Proyecto Kipepeo, "mariposa" en swahili.
El proceso de recolección de las mariposas es controlado exhaustivamente para evitar la sobreexplotación. Tras recibir un curso de capacitación de Kipepeo, los granjeros se organizan en grupos de entre 10 y 12, y eligen a un solo representante que estará autorizado a penetrar en el bosque para cazar las mariposas. Joseph, representante de su grupo, explica el proceso:
"Voy al bosque y capturo mariposas hembras. Las meto en un cobertizo cerrado, y allí ponen huevos. Cuando eclosionan las larvas las reparto entre los miembros de mi grupo. Hasta que se convierten en crisálidas se alimentan de hojas especiales de plantas que cortamos en el bosque. Entonces se empaquetan y se envían por correo de mensajería.
El bosque de Arabuko es famoso en todo el mundo por sus 260 especies de mariposas. Algunas de ellas, como la Blanda Charaxes, son muy poco comunes y sólo se pueden encontrar en este bosque, o la Blackswordtail, que se siente tan atraída por el agua que tras una lluvia copiosa se pueden ver nubes enteras de ellas alrededor de charcos en el bosque.
En 1999 el bosque ganó 80.000 dólares en concepto de vena de mariposas. En comparación, el turismo produjo 3.000 dólares y los productos forestales, 9.000 dólares. El proyecto Kipepeo empezó con una subvención inicial de 50.000 dólares, y ahora es económicamente autosuficiente.
Se ha extendido la voz sobre el éxito del proyecto, lo que ha inducido a otros donantes a contribuir. La Comisión de los Países Bajos de la Unión para la Conservación Mundial (IUCN) ** y el gobierno japonés ayudaron a financiar un sistema de agua que beneficia a 20.000 personas. Al coordinador del proyecto Kipepeo ya le han ofrecido iniciar programas similares en las vecinas Uganda y Ghana.
La cría de mariposas no le reporta lo suficiente como para vivir de ello, pero es un buen complemento para sus otras actividades. "Con el dinero de la cría de mariposas compré dos redes de malla gruesa", dice Joseph. "Con esto, además de mis ingresos, puedo proporcionar alimento a mi mujer y cinco hijos".
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