Durante los diez años de guerra civil que devastaron
Sierra Leona *,
Samuel T. Kamanda vivió en su distrito natal de Kono, arriesgando su vida para ayudar a los niños. En la actualidad, Kamanda, a quien se le conoce como T-Boy, trabaja para el Comité Internacional de Rescate *, un organismo asociado del UNICEF. Trabaja muy de cerca con antiguos niños soldados y cuida de ellos mientras se trata de localizar a sus familias.
Como director adjunto del programa del Comité Internacional de Rescate en Kono, T-Boy, de 38 años, tiene la difícil misión de ayudar a estos niños a reunirse con sus seres queridos y al mismo tiempo de enseñarles destrezas básicas que les permitan reintegrarse en sus comunidades.
"La mayoría de estos niños cometieron muchas atrocidades", explica T-Boy. "Después de comportarse como adultos, les resulta muy difícil volver a su infancia".
El Centro de Atención y Protección Infantiles ofrece capacitación y servicios básicos de salud y educación a los antiguos niños soldados. Sin embargo, el primer objetivo del Centro es romper con el pasado militar de esos niños. Además de materias escolares y religión, los niños aprenden cosas que muchos han olvidado o que no habían aprendido nunca: las actividades normales de la vida civil.
El asesoramiento es especialmente importante para integrar a estos niños de nuevo en la sociedad. "Solíamos verlos por ahí sentados solos, dándole vueltas a la cabeza", comenta T-Boy. "Nos decían que no tenían futuro".
Como en el caso de Abu Bakar Bangura, durante el conflicto, las vidas de la mayoría de estos niños estaban llenas de peligro y brutalidad, y ahora muchos tienen dificultades para adaptarse a la vida rutinaria del Centro. Abu se escapó varias veces, porque no se sentía en casa, pero siempre regresaba a los pocos días. T-Boy y los demás cuidadores le explicaban con paciencia que el Centro estaba allí para ayudarlo. Llevó algún tiempo, pero finalmente Abu comprendió que, si quería quedarse y contar con su ayuda, tenía que respetar las reglas del Centro.
"Es todo un reto tratar con estos niños", explica T-Boy. "Quieren ejercer el control. Les cuesta comprender lo que significa el respetar. En el Centro procuramos enseñarles; intentamos transformarlos para que puedan reintegrarse en la sociedad".
Mediante un innovador proceso llamado "búsqueda por vídeo", los niños pueden grabar un mensaje para sus familias, que posteriormente se enseña en el lugar donde los niños piensan que puede estar su casa. T-Boy sabe que encontrar a las familias puede ser un proceso largo y difícil. A veces ha tenido que caminar muchos kilómetros, para enseñar las cintas de vídeo e intentar encontrar al menos alguna pista que pueda ayudar a estos niños, pero muchas de sus visitas son infructuosas.
"Nos preguntan si vamos a encontrar a sus familias", dice T-Boy, "y yo les respondo que sí, que estamos haciendo todo lo posible por localizarlas".
El duro trabajo de T-Boy ha dado frutos: cientos de niños que han pasado por el Centro se han reunido con sus familias o han sido colocados en familias de acogida.
La mayoría, como Abu, han podido regresar a su casa. Sin embargo, el futuro de estos niños es todavía incierto; sólo el tiempo dirá hasta qué punto han podido reintegrarse en sus comunidades y aldeas. Entretanto, T-Boy continúa trabajando con antiguos niños soldados, ayudándolos a volver a ser niños y ofreciéndoles, en la medida de sus posibilidades, una oportunidad para que tengan éxito en el futuro.