La historia de Fatmata

En los últimos 11 años, Fatmata Kamara, una hermosa joven de 17 años, ha mostrado su radiante sonrisa en muy pocas ocasiones. Perdió tantas cosas durante los diez años de brutal guerra civil en Sierra Leona *, que no tiene muchos motivos para sonreír.

En la casa abandonada que comparte con otras niñas sin hogar en el distrito de Kono, Fatmata recuerda el terrible día en que los rebeldes irrumpieron en la aldea donde se encontraba con unos parientes, saqueando y asesinando a todo el mundo, incluidos su tía y su tío.

"Estaba escondida debajo de una cama con otros dos niños", recuerda. "El caos reinaba en todas partes. Uno de los rebeldes vino, me llevó y me escondió en la mezquita, donde reza el imán. Pensé que iba a morir. Nunca olvidaré ese día".

Fatmata, una de los dos únicos supervivientes de la aldea ese día fatídico, tenía apenas seis años. La llevaron a una de las plazas fuertes de los rebeldes y la obligaron a trabajar como sirvienta en condiciones muy duras. "Teníamos que trabajar todo el día e insultaban a mi madre y abusaban de mí", recuerda. Cuando se hizo mayor, Fatmata fue forzada a convertirse en la segunda esposa de uno de sus captores.

Cuando por fin se terminó la guerra civil en 2001, Fatmata se las arregló para llegar a Kono, que había quedado casi completamente destruida. Como ya era demasiado mayor para ser colocada en una familia de acogida, tuvo que defenderse por sí sola, al igual que otras niñas desplazadas o que habían sido puestas en libertad poco antes; algunas tenían hijos propios a quienes cuidar. Todas ellas perdieron diez años de educación formal, por lo que ahora hacen lo que pueden para sobrevivir, incluso dedicarse a la prostitución en algunos casos.

Fatmata se aferra a los recuerdos de su infancia perdida. "Recuerdo lo fácil que era todo cuando vivía con mi familia", dice suspirando. "Echo muchísimo de menos a mi familia, especialmente a mi madre y a mi tío".

En el acuerdo de paz auspiciado por las Naciones Unidas se instaba al desarme, la desmovilización y la reinserción de los niños que habían sido raptados por los rebeldes y forzados a luchar. Por ello, el Comité Internacional de Rescate *, organismo patrocinado por el UNICEF, puso en marcha un proyecto especial para encontrar y cuidar a las niñas que habían sido forzadas a hacer de esposas, esclavas sexuales, cocineras, trabajadoras o incluso soldados. El Comité las ayuda a localizar a sus familias y a reunirse con ellas y también facilita asistencia en el largo y difícil proceso de reinserción en la comunidad.

Ahora que Fatmata ya no vive con los rebeldes, su mayor deseo es volver a casa y reunirse con su familia, algo que no es sencillo, pues no está segura de la ubicación de su aldea e, incluso si la encontrara, no hay ninguna garantía de que sus familiares sigan allí o estén vivos, porque durante los diez años de conflicto dos tercios de los casi 5 millones de habitantes de Sierra Leona se convirtieron en desplazados internos.

Existe además el problema de la aceptación. Aunque Fatmata ha aprendido a sobrevivir sin su familia, no ha perdido la esperanza de que algún día los encontrará pero, al igual que pasa con muchas otras niñas, la aceptación en el seno de su familia después de estar tantos años alejada de ella es motivo de gran preocupación.

Fatmata da un gran paso adelante al contar su historia a Mariama, una asistenta social que trabaja para el Comité Internacional de Rescate *. Usando una técnica llamada "búsqueda por vídeo", Mariama graba una cinta de vídeo en la que Fatmata describe su pueblo y a su familia.

Más tarde T-Boy, director adjunto del programa del Comité Internacional de Rescate en Kono, enseña la grabación en la cámara portátil en la aldea donde Fatmata piensa que podría estar su casa, con la esperanza de que alguien la reconozca o sepa dónde encontrar a sus padres.

Varias semanas más tarde, T-Boy regresa y trae consigo un mensaje grabado en vídeo en la aldea. Cuando enseña la cinta de vídeo, todas las niñas que viven en la misma casa que Fatmata acuden a mirar. Fatmata se da cuenta inmediatamente de que han encontrado a su familia; entre las lágrimas, ve la cara de su madre por primera vez en 11 años y sus ojos brillan de felicidad. Todas las niñas la abrazan y empiezan a cantar canciones para expresar su gozo. T-Boy espera que el hecho de que Fatmata haya conseguido encontrar a su familia anime a otras niñas a contar también su historia.

Como a muchas niñas les preocupa si serán aceptadas por sus familias, este programa de mensajes por vídeo es una forma segura y fácil de informar a estas últimas de que las niñas están vivas y quieren volver a casa, y al mismo tiempo de saber si las familias están dispuestas a acogerlas.

En el caso de Fatmata, sus padres no pueden creer que esté viva. "Cuando la raptaron, lloré todo un año", dice su madre. "Solía soñar con Fatmata, pero ha pasado tanto tiempo que no tengo un solo recuerdo de cuando estábamos juntas".

Los deseos de Fatmata se han hecho realidad. Su madre quiere volver a ver a su hija, al igual que toda la familia y la comunidad. Todavía la quiere y desea que vuelva a casa. "Este es el mejor día para mí", dice Fatmata con una sonrisa luminosa.

Fatmata ya está de vuelta con su familia y está pensando en abrir su propio negocio. Como muchas otras niñas que han vuelto a su casa gracias al proyecto de "búsqueda por vídeo" del Comité Internacional de Rescate *, Fatmata tiene la esperanza de poder rehacer su vida.

Para más información sobre la labor que llevan a cabo las Naciones Unidas y sus asociados para desmovilizar a los niños soldados y reintegrarlos en sus familias y comunidades, pinche en los enlaces que hay junto a la foto de Fatmata.