
No sé cuántos años tengo", dice Abu Bakar Bangura, un niño menudo y serio de
Sierra Leona *,
un país de África occidental. "Era muy pequeño cuando me separaron de mi familia", explica. Abu, como le llama todo el mundo, es uno de los 10.000 niños que, durante los 10 años de guerra civil que desgarraron a su país, fueron raptados de sus hogares por las fuerzas leales al Gobierno o por los rebeldes y obligados a convertirse en soldados.
Se calcula que, en todo el mundo, 300.000 niños como Abu han sido secuestrados o reclutados para luchar en guerras. En cierto modo, esos niños tuvieron suerte porque sobrevivieron.
Después de ser secuestrado por los rebeldes, Abu fue drogado, golpeado y forzado a cometer atrocidades; en lugar de una infancia de inocencia y cariño, vivió una vida de violencia y miedo. Abu aprendió rápidamente y, obedeciendo las órdenes que se le daban, logró sobrevivir. "Durante la guerra, intentaba no hacer cosas malas, por eso Dios me salvó", dice.
Aunque en un acuerdo de paz auspiciado por las Naciones Unidas en 1999 se instaba al desarme y la puesta en libertad de todos los niños soldados, los combates en Sierra Leona continuaron hasta 2001. Hasta entonces esos niños no tuvieron la oportunidad de abandonar las armas y regresar a sus hogares y su infancia. Sin embargo, muchos habían olvidado cómo ser niños y vivir en familia. Lo único que recordaban era cómo combatir y arreglárselas por sí solos, y los que recordaban de dónde eran, temían regresar a sus hogares por miedo a que los rechazasen sus familias.
Las Naciones Unidas, UNICEF, y otros organismos asociados, como el
Comité Internacional de Rescate *,
han colaborado para reunir a los antiguos niños soldados con sus familias.
Actor Michael Douglas, El actor Michael Douglas, que es Mensajero de la Paz de las Naciones Unidas, conoció a Abu durante su visita al Centro de Atención y Protección Infantiles de Kono, en el distrito oriental de
Sierra Leona *.
El Centro había llegado a albergar, al máximo de su capacidad, hasta 166 antiguos niños soldados, pero cuando Michael conoció a Abu sólo quedaban unos pocos ocupantes. Desde el fin de la guerra, Abu había pasado por un campo de refugiados francófono, había vivido solo y, en ese momento, llevaba dos meses en el Centro. Sin embargo, se le estaba acabando el tiempo y, si no se encontraba pronto a su familia, sería colocado en una familia de acogida, posibilidad que no lo entusiasmaba.
"Abu ha sufrido muchas pérdidas; no sabe lo que significa que alguien cuide de él", explicó Samuel T. Kamanda, conocido como T-Boy, el director adjunto del programa del Comité Internacional de Rescate del Centro de Atención y Protección Infantiles.
Aunque T-Boy ya había visitado varias aldeas intentando encontrar a la familia de Abu y no había tenido éxito, decidió seguir una de las últimas pistas que le ofreció el niño: una aldea en otra región de Sierra Leona. Michael Douglas los acompañó en el viaje. Después de hacer parte del recorrido en un helicóptero de las Naciones Unidas, tuvieron que recorrer muchos kilómetros en una agotadora búsqueda de la aldea y la familia de Abu.
Finalmente, después de haber caminado bajo un sol abrasador, llegaron a una aldea y, de pronto, mientras esperaban al jefe local, Abu oyó un grito de sorpresa y alegría: era su madre. Abu la reconoció inmediatamente y corrió hacia ella llorando de alivio y emoción.
"Es increíble ver a Abu en brazos de su madre; estoy muy emocionado", dijo Douglas. "Nunca pensé que llegaría a verlo reunido con su familia".
En la actualidad, Abu vive con su familia pero tiene hondas cicatrices emocionales. Tendrá que pasar tiempo para que Abu se sienta a gusto y pueda asumir los recuerdos angustiosos de su pasado. El caso de Abu no es único; el Comité Internacional de Rescate *,
con la ayuda de las Naciones Unidas, ha logrado reunir a más de 1.000 niños y adolescentes con sus familias. Esperemos que, con el apoyo de sus familias, sus problemas resulten más llevaderos.